• Alejandro Deustua

El Fiasco de una Operación que Debió Ser Humanitaria

El trato con cualquier interlocutor hostil es normalmente prudente, eventualmente reservado y de ninguna manera festivo. Ninguna de estas formas de aproximación fue respetada en el trato con las FARC para rescatar, en iniciativa que se planteó como humanitaria, a un grupo de rehenes de los centenares despiadadamente retenidos por esa agrupación.


Por lo demás, los protagonistas liderados por Hugo Chávez no tuvieron en cuenta ni la calidad del interlocutor (que de guerrillero ha devenido en narcoterrorista) ni su comportamiento en anteriores y fracasadas negociaciones de paz (el trato dispensado al ex -Presidente Pastrana por Marulanda que lo dejó plantado frente a las cámaras de televisión).


Peor aún, en lugar de seriedad, prudencia y previsión frente a un cambio de escenario, el señor Chávez montó un plan calculado, según él hasta el mínimo detalle, para lograr un rescate que lo colocaría como un héroe piadoso en el escenario global y como indisputado líder regional de causas justas.


En búsqueda de ese parnaso el señor Chávez prestó oídos a la exigencia de las FARC de "desagraviarlo" luego de que el gobierno colombiano le retirara el rol de facilitador cuando pasó por alto al Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de ese país -el Presidente Uribe- para tratar directamente con sus generales. En esa oportunidad la vanidad chavista no sólo recurrió al agravio desbordado tan recurrente en su comportamiento internacional sino que creyó a pies juntillas en las FARC esta vez percibidas como socio.


En consecuencia llamó al ex -Presidente Kirchner, al asesor principal de relaciones internacionales del Presidente Lula, a altas autoridades bolivianas, cubanas y francesas para acudir en comisión exuberante a la selva colombiana. Al rescate llegaría este regio comité en aviones y helicópteros venezolanos que, menos mal, que, felizmente, admitieron que la Cruz Roja les prestara el emblema. El triunfo sería inmenso.


Mientras tanto, las familias de los rehenes concurrieron a Caracas, se alinearon con el señor Chávez y las autoridades francesas, que habían reclamado públicamente por la señora Betancourt, le otorgaron todo el beneficio de la duda. La opinión pública -incluyendo los que, como nosotros, recordamos el comportamiento de Marulanda- esperaba con certeza plena y con voracidad de primicia (el despliegue de CNN constituye un hito al respecto).


Y el resultado fue nada. El uso que hizo las FARC de los secuestrados se incrementó como moneda de cambio, la comitiva de recepción cambió la calidad de garante por la del ridículo y el señor Chávez comprobó que no disponía de la influencia que creía en el grupo narcoterrorista. Frente a ello el Presidente Uribe bajó el telón con una denuncia cuasi telenovelesca, en apariencia, real sobre el niño Emanuel.


Para atenuar tamaña burla las FARC dejaron saber que las condiciones de seguridad para la entrega no eran las mejores. Entonces el señor Chávez recurrió nuevamente al agravio contra el presidente colombiano culpándolo del fracaso.

Mientras tanto los rehenes siguen encerrados en la selva colombiana, sus familiares cada vez más desesperados y las FARC contabilizando la renta de un poder delincuencial incrementado. Las lecciones están a la vista. El rescate de rehenes es asunto muy serio para tratarlo con espectacularidad y afanes políticos excéntricos. Esta operación debe reintentarse con la mayor discreción y a través de conductos que eviten referir a Marulanda como un dadivoso señor y que renuncien a interlocutores de ambición mesiánica. El rescate de los rehenes es una labor de inteligencia a la que todos los que tengan capacidades suficientes deben concurrir coordinados sólo por el gobierno colombiano con la reserva del caso.


Luego de ello es necesario mostrar a las FARC que habiendo perdido aún más credibilidad, sus posibilidades de negociación se han reducido aunque su poder criminal haya crecido. Bajo ese marco circunstancial es necesario buscar, en el mediano plazo, una salida definitiva al conflicto colombiano. Las consecuentes necesidades de concurso colectivo (incluyendo medios coercitivos) reclaman el apoyo a Colombia y la reducción del contacto con las FARC a los requerimientos operativos de esa salida que, teniendo un evidente componente militar, no debe reducirse sólo a él.



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