• Alejandro Deustua

El Dragón Desestabilizador

La era del post-boom de precios de las materias primas está resultando más explosiva que la del momento expansivo. Esta era puede ser aún más ruidosa si las anomalías del mercado chino son consecuencia de un cambio de un modelo de crecimiento (que enfatiza hoy la importancia del mercado interno) y éstas son mal gestionadas.


En efecto, si tales anomalías son de carácter estructural, el efecto externo de su gestión puede extenderse también en el largo plazo. Ese riesgo persistirá hasta que el cambio de modelo no se haya concretado. La desaceleración de la demanda de esa potencia será su medida y el riesgo administrativo provendrá del Partido Comunista a cargo.


Muestra de ello es la pésima la gestión de ese tránsito por las autoridades chinas cuyos resultados se expresan en dos colapsos bursátiles y tres devaluaciones sucesivas del yuan.


En el primer caso, las inversiones en bolsa de individuos sin experiencia en un marco de fuerte especulación en el sector inmobiliario, fueron toleradas por las autoridades chinas en niveles abrumadores sólo para terminar con el colapso de un tercio de su valor.


En el segundo, la sucesión de episodios devaluatorios muestra que las autoridades a cargo quizás no tenían claro qué meta cuantitativa perseguían. Durante los tres días que duró ese espectáculo cambiario y a pesar de estar al tanto de los efectos internacionales de su acción (caída de las bolsas en todo el mundo de las que sólo parte se han recuperado y devaluaciones en socios fuertemente vinculados a ese mercado), las autoridades chinas persistieron en su modus operandi.


Si a diferencia del colapso bursátil que, de alguna manera fue previsto por la insostenibilidad de ese mercado, las devaluaciones chinas no fueron adecuadamente señalizadas como corresponde a toda economía mayor.


En efecto, si el FED va incrementar las tasas de interés, sus mecanismos de señales son suficientemente claros como para que terceros adopten medidas preventivas. Pero en el caso chino sus autoridades abusaron del factor sorpresa en cada devaluación con el efecto multiplicador que ahora vemos.


Si bien el Banco Mundial advirtió, en apariencia, de los riesgos para de la burbuja bursátil en China y el FMI, se sostiene, avaló la devaluación, no creemos que hayan prestado su respaldo a la forma cómo se han llevado a cabo estas correcciones.


En lo que nos toca, el efecto de estas medidas y de su causa es aún más potente. Y lo es porque la advertencia de que las importaciones chinas de productos básicos suramericanos estaban generando una peligrosa dependencia de un nuevo centro económico no fueron escuchadas a tiempo en la región que más se ha preocupado por ese fenómeno estructural.


Hoy constatamos que la diversificación nominal de mercados no es una garantía de estabilidad para una economía primario exportadora si ésta no se diversifica internamente de manera sustantiva en épocas de afluencia. Hacerlo en épocas de debilidad y obligados por las circunstancias sigue siendo necesario. Pero el esfuerzo será mucho más costoso y el contexto más inestable.


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