• Alejandro Deustua

El Contexto Económico y Armamentista de la Sentencia

El contexto internacional relevante en que se ambientará la sentencia con la que la Corte Internacional de Justicia resolverá la controversia marítima entre Perú y Chile es económicamente optimista y geopolíticamente inestable.


De lo primero da cuenta la última evaluación del FMI (1) con perspectivas ligeramente mejores para el 2015 (un crecimiento global de 3.9% que incrementa el de este año en 0.1% hasta 3.7% en relación al pronóstico de octubre pasado). Esta expectativa se sustenta, sin embargo, en la mejor perfomance de los países desarrollados (hecho que mejorará el sector externo de los países en desarrollo al generar un incremento de la demanda externa de estos últimos).


Si para estos países no hay variación (un crecimiento de 5.1% en el 2014 y de 5.4% en el 2015), las perspectiva para ellos son razonablemente buenas. Pero “países en desarrollo” es una categoría muy amplia para evaluar beneficios heterogéneos.


En efecto, en relación a los países latinoamericanos el FMI no es tan optimista: éstos no solamente pierden sitio como locomotoras del crecimiento sino que su perfomance es corregida a la baja en -0.1% y -0.2% para el 2014 y 2015. Con esa correcciones los latinoamericanos crecerán en esos años apenas 3% y 3.3%, respectivamente, bien por debajo de su potencial.


A ese mediocre promedio (castigado por el escaso dinamismo de Brasil y Argentina antes que el de México) escaparán las bien fundamentadas economías de Perú y Chile (según la CEPAL Perú crecerá este año 5.5% y Chile 4.2%, respectivamente) (2) con perspectivas al alza en el 2015.


Para ambos países, el FMI (3) considera riesgos generales (en el sentido que afectan al conjunto) como una contracción china (hard landing en estos años) y un brusco retiro del estímulo monetario por el FED (escenario que parece aliviado en tanto los Estados Unidos no logran aún un mínimo de 6.5% de desempleo).


Al respecto, sin embargo, debe considerase las devaluaciones monetarias que retroalimentan las malas políticas en ciertos países (Venezuela y Argentina, por ejemplo) o que crean el ambiente propicio para que ocurran (Turquía, Suráfrica según Thorne).


En el caso peruano, la última revisión del FMI (3) considera riesgos internos específicos vinculados a las demoras en el desarrollo de proyectos de mineros y de infraestructura, la incapacidad para gestionar un mayor volumen de proyectos de inversión y de comprometer reformas estructurales.


En el caso chileno los riesgos considerados en junio pasado (4) implicaban una mayor vulnerabilidad del precio del cobre (el Perú tiene una oferta de minerales más diversificada) y, quizás para sorpresa colectiva, una reducción importante de los flujos de capital. A lo primero puede concurrir la intranquilidad en el sector minero que hoy ya registra huelgas, pero el riesgo de sobrecalentamiento ha desaparecido en tanto la perfomance chilena ha disminuido.


En un contexto mayor (que empieza con la vigencia del acuerdo de libre comercio peruano-chileno en el 2006) la interdependencia entre ambos países se ha incrementado notablemente.


Para empezar, el comercio bilateral ha crecido nueve veces desde ese instante según el Director del Departamento de Económico de la Embajada de Chile en el Perú (5) (Humberto Campodónico registra exportaciones peruanas a Chile por US$ 2029 millones e importaciones por US$ 1244 millones en el 2012 aunque con un sesgo de mayor valor agregado para las colocaciones chilenas).


Mientras tanto la inversión chilena en el Perú acumuló en el 2013 un stock de US$ 13610 millones según la Embajada chileno. La radicación de esta última actividad es multisectorial pero liderada por el sector servicios.


De otro lado, el Capítulo Peruano del Consejo Empresarial Peruano-Chileno sostiene que las inversiones peruanas en Chile suman alrededor de US$ 7 mil millones. Pero el desagregado de ese monto no es conocido (Campodónico sostiene que, según la autoridad chilena, las inversiones peruanas en Chile son menores a US$ 1 mil millones).


El punto a señalar acá es que la relación económica peruano-chilena se ha incrementado notablemente a pesar de la crisis financiera global y del proceso que las partes han conducido ante la Corte Internacional de Justicia.


De otro lado, el contexto internacional en el que se dictará la sentencia es geopolíticamente inestable porque, de manera coincidente con la pérdida de capacidad ordenadora norteamericana, y la emergencia de nuevas potencias, la realidad de conflictos regionales políticos, prebélicos y bélicos es visible en el Asia y el Medio Oriente sin que la contraparte occidental, la Unión Europea, esté en capacidad de atenuar la anarquía.


En este momento no nos concentraremos en el análisis de esos conflictos ni en su impacto en la región sino en su reflejo armamentista medible (6). Según el SIPRI el comercio mundial de armamentos ha crecido 17% entre los períodos 2003-207 y 2008-2012.


Si bien es cierto que los países latinoamericanos no figuran como principales vendedores o compradores, Chile sí se ubica en el onceavo lugar entre los compradores en el período 2008-2012 con 2% del total y en el vigésimoctavo puesto entre los proveedores (Perú aparece en el puesto 58).


Esta estadística confirma la conocida asimetría de capacidades de defensa a favor de Chile. Pero ello ocurre en un escenario regional de menor beligerancia relativa. En efecto, según la fuente citada, América Latina representa apenas 4% del gasto militar total en claro contraste con Estados Unidos (40%), la Unión Europea (24%), Asia (22%) y el Medio Oriente (7%).


De esta lista el gasto militar de Asia y el Medio Oriente es el relevante para la región. El primero, porque es una escenario principal de inserción dentro de la cuenca del Pacífico. Y el segundo porque muestra que, a pesar de la lamentable situación de economías quebradas y Estados fallidos en el Norte de África, la beligerancia que producen los Estados que se destruyen, la de los que quedan y la de las relaciones tribales que sobreviven en esa zona muestra un escenario en el que la región no puede depositar demasiadas esperanzas y cuyo contacto sigue siendo capaz de trasmitir violencia extrema.


En ese contexto, más allá de la sangrienta conflictividad colombiana (en vías de pacificación) y de la peruana (en vías de control), la disposición al conflicto interestatal en la región es comparativamente mucho menor. Pero su contexto debe ser tenido en cuenta en tanto la disuasión sigue siendo parte de la doctrina militar y de la realidad de la defensa.


De allí la necesidad de que mecanismos de generación de confianza entre las partes (el 2+2 por ejemplo) sean reactivados a la brevedad y Perú y Chile se dispongan a coordinar la ejecución de la sentencia donde y cuando sea pertinente (p.e. en la elaboración de la cartografía y hasta en la entrega conjunta de la documentación relevante a la ONU).



  1. IMF: World Economic Outlook Update - January 21, 2014

  2. CEPAL: Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe, 2013

  3. IMF: Article IV Consultation 2013, Peru

  4. IMF: Article IV Consultation 2013, Chile

  5. El Comercio, 24 de enero de 2014

  6. SIPRI: Chapter International Arms Transfers 2013


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