• Alejandro Deustua

El Conflicto de Corea del Norte, la Importancia del Noreste Asiático y Requerimientos Suramericanos

El noreste asiático, hábitat del totalitario, agresivo e inviable Estado norcoreano, es la más importante subregión asiática de la cuenca del Pacífico. En ella cohabitan con vocación de estabilidad y realidades de fricción, buena parte de la República Popular China, Japón, la República de Corea (Corea del Sur), la República Popular Democrática de Corea (Corea del norte), Mongolia y el extremo oriental de Rusia.


La importancia de esta subregión es evidente por la dimensión geopolítica de casi todos sus miembros (especialmente China, Japón y Corea del Sur) y porque así lo determina el tamaño del conjunto de su economía: la subregión tiene un PBI agregado de alrededor de US$ 15.3 trillones (equivalente al norteamericano) sin contar la totalidad del PBI ruso (si éste se sumara, el total sería de entre US$ 17 y US$ 18 trillones).


Es decir, el noreste asiático más que duplica el PBI del Sur de Asia (y lo triplica en términos PPP) mientras que quintuplica el del sureste asiático tan conocido por su rápido progreso y su proyección eventual como modelo económico.


Por lo demás, allí se encuentran los principales exportadores asiáticos. Debido al inmenso valor de sus ventas extrarregionales, la incidencia de sus exportaciones intrarregionales se sitúan por debajo del 40% atribuido al conjunto asiático. Aún así, la participación de Japón en el comercio intrarregional del noreste asiático se ha incrementado de 10.9% n 1992 a 28.7% en 2011 , la de Corea del Sur de 23.5% a 32.2% en ese mismo período mientras que la participación de China ha descendido de 22.2% a 18.6% en el marco del notable incremento de sus exportaciones globales (1).


Estos tres países, que congregan el 91.7% de las exportaciones intrarregionales, conforman el núcleo duro de la economía norasiática. En consecuencia, las exportaciones de Corea del Norte al área son mucho menores en términos de valor y volumen. Si éstas aparecen como proporcionalmente mayores (pasando de 54.1% a 75.4% en el período) se debe a sus inexistentes colocaciones fuera de la región y a su total dependencia de China como mercado importador.


Por lo demás, en esa región se encuentran los únicos países asiáticos que son miembros de la OECD (Japón y Corea del Sur) aunque Rusia es candidato a esa entidad y China mantiene un interés expectante. Ello resalta las grandes asimetrías del área que acoge a dos grandes potencias emergentes (China y Rusia) y el mayor mercado entre los BRICS.


A la luz de estas referencias cuantitativas que, salvo por India e Indonesia, enmarcan a los estados más importantes del Asia, se entiende por qué Estados Unidos (si se pudieran marginar otras consideraciones históricas y geopolíticas) ha hecho de Japón su principal aliado en el área y a China su principal desafío de vocación cooperativa en el marco de mayores diferencias estratégicas sustantivas.


Y se entiende también, por qué el Perú, que concentra la inmensa mayoría de sus exportaciones asiáticas (30% del total del total de las ventas), en China, Corea del Sur y Japón y ha negociado con ellos los principales acuerdos de libre comercio en esa región.


Estas referencias económicas ayudan a la hora de evaluar del impacto que tendría en el mundo una desestabilización mayor del noreste asiático por Corea del Norte. Un mayor escalamiento del conflicto generado por ese Estado es una amenaza considerable que obliga al conjuntos de los potenciales afectados (y no sólo al grupo de las “Seis Partes”) a buscar una solución coercitiva o de otra naturaleza al problema que plantea el tenebroso gobierno de Kim Il Un. Parte de ese proceso de solución se encuentra la inmediata expresión de solidaridad con los estados directamente amenazados (Corea del Sur y Estados Unidos).


Buena parte de esas soluciones pasan por China por dos razones principales. La primera obedece a la evidencia de que esta potencia es el único aliado norcoreano que mantiene sobre Corea del Norte un vínculo ligado a su condición de titular de una zona de influencia política, económica y estratégica. Y la segunda deriva del hecho de que un débil esfuerzo chino en esta materia sería responsable de la multiplicación de los riesgos convencionales y globales de un conflicto nuclear desatado por Corea del Norte. Ello tendría efectos negativos en el status de China como potencia regional y global, en la naturaleza de su credibilidad internacional y en la definición cooperativa de su política exterior.


Por lo demás, debe recordarse que China es parte principal de los dos conflictos convencionales del área vinculados a reclamos de soberanía marítima. Por tanto, está en capacidad de replantear su posición en ellos a propósito de un conflicto desatado por Corea del Norte. De gestionar mal ese reposicionamiento, China que incrementaría el nivel de confrontación con Japón, Corea del Sur y Estados Unidos.


Veamos. En la controversia por la soberanía de las islas Senkaku/Diaoyu, China confronta a Japón y Taiwán en un escenario que, a partir de agosto pasado, ha incrementado su dinámica conflictiva. En ese mes nacionales chinos y japoneses han realizado actos de presencia en las islas, el Estado japonés ha “comprado” algunas de ellas, se ha escalado la predisposición militar para disuadir al contrario y se ha incrementado el “nacionalismo ad hoc” de las respectivas ciudadanías.


El conflicto se ha escalado también a través de la activación del rol de las alianzas. Así, aunque Estados Unidos no ha tomado posición sobre la situación de las islas, sí ha reiterado su compromiso de asumir las responsabilidades propias de su alianza con Japón. Es decir, si Japón es agredido por China, Estados Unidos deberá contribuir a la defesa japonesa (2).


En ese marco una eventual inclinación china a manipular la crisis coreana para alejar la presencia norteamericana cerca de sus costas tendría el efecto contrario. Ello no es más que un escenario (aunque un escenario al fin) porque la amenaza coreana tiene, en apariencia, un grado de autonomía a cargo de Corea del Norte. Pero si el conflicto se sale de control por mala gestión china (o por otras razones) las consecuencias serían devastadoras para el conjunto del noreste asiático (incluyendo China).


El segundo conflicto convencional en el área involucra los reclamos contenciosos de Japón y Corea del Sur sobre las islas Takeshima/Dokdo. Este conflicto se ha venido escalando también desde agosto pasado cuando autoridades coreanas visitaron las islas fomentando la reacción japonesa. En este caso China tiene un incentivo para debilitar la posición japonesa esperando en él un reflejo de la posición de esa potencia en el conflicto Senkaku/Diaoyu y su variable norcoreana.


Ambos casos muestran, además, un serio deterioro de la cohesión el noreste asiático como dice el East Asia Forum, que coadyuva a la desestabilización del área en el que el principal agente disfuncional es Corea del Norte. Ello compromete negativamente, además, la nueva política norteamericana de aproximación al Asia. De otro lado, la correa de trasmisión de los nacionalismos militarizados que estos conflictos generan puede alcanzar al sudeste asiático donde otras controversias sobre islas pueden transformarse también en conflictos armados siguiendo la huella del norte. Ello comprometería otro escenario estratégico importante para la estabilidad económica y de seguridad global. Finalmente debe decirse que las hipótesis de conflicto en el noreste asiático alcanzan un grado adicional de verosimilitud si se tiene en cuenta la intensidad de las compras de armamentos en el Asia. En esa región tiene relevancia especial las compras chinas y de Corea del Sur entre el 2008 y 2012, cuyos titulares alcanzaron el dudoso mérito de encontrarse entre los primeros cinco importadores de armamento del mundo.


Dar cuenta de estos escenarios es necesario para aplacarlos y sentar posición sobre la materia. Si bien existen mecanismos intrarregionales de autocontrol en esa parte del mundo, ninguno es sólido, en el caso del noreste asiático ninguno es institucional (a diferencia del ASEAN) y el balance de poder puede ser ineficiente si no se ejerce con la suficiente energía. Por lo demás, tampoco la propuesta de acuerdo de libre comercio que hoy negocian Japón y Corea del Sur, que se encuentra en su parte inicial y que carece del marco institucional del ASEAN, podría atajar un conflicto mayor en marcha.


En este marco, el Perú no puede limitarse a alentar a las partes que dialoguen. Su interés nacional está suficientemente comprometido como para contribuir a soluciones empezando con el respaldo explícito a los amenazados (Corea del Sur y Estados Unidos), el rechazo de la posición de Corea del Norte y la comunicación a las partes de su intención de contribuir activamente a la solución mediante la influencia conjunta de estados afines en el Pacífico sur suramericano.



(1) Asian Development Bank Financing Development and Cooperation in Northeast Asia Masahiro Kawai February, 2013

(2) East Asia Forum Stability in North East Asia: bolstering defence diplomacy November 13, 2012


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