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  • Alejandro Deustua

El Anuncio Venezolano de Desafiliación de la CAN

21 de abril de 2006



Mientras promovía la interconexión energética con países del Cono Sur y las autoridades de la CAN, en Bruselas, despejaban el camino para un acuerdo de asociación y de libre comercio con la Unión Europea, Hugo Chávez anunciaba el retiro de su país de la Comunidad Andina. Este golpe escénico no fue más que la culminación desleal de una fragmentación preexistente en la subregión. En efecto, Venezuela ya incumplía con principios fundamentales del grupo andino (la cláusula democrática, los requerimientos de libre mercado, la seguridad mutua), promovía filiaciones inconducentes para la agrupación (el vínculo con Cuba que quiere arrastrar a Bolivia), bloqueaba la proyección extraregional del mismo (oponiéndose a legítimas negociaciones económicas con Estados Unidos y la Unión Europea), debilitaba la escasa cohesión de sus miembros (mediante la injerencia sistemática en los procesos electorales de sus socios) y ridiculizaba a la CAN mientras atribuía virtudes bolivarianas al Mercosur.


No hay sorpresa, en consecuencia, en el anuncio chavista de desafiliarse de una agrupación por él tan despreciada. Lo sorprendente sería más bien que los andinos, además de permanecer impasibles frente al constante desafío venezolano, acudieran ahora a solicitarle una reincorporación a propósito de una separación que aún no se ha producido y que, de formalizarse, genera obligaciones para Venezuela: su mercado debe permanecer abierto por cinco años. Especialmente cuando para gobierno venezolano el vínculo andino es, además, marginal (salvo en el caso colombiano, país con el que concentra 30% de las exportaciones intrasubregionales), inadecuado como plataforma que potencie su cuestionable prestigio (para lo que el Mercosur es, en su perspectiva, funcional) e inconducente para sus extraordinarias ambiciones antioccidentales (razón por la cual, socios que contraten con Estados Unidos y la Unión Europea son obstáculos intolerables).


En relación a este último caso es probable que el señor Chávez se lleve una sorpresa cuando el Mercosur reanude negociaciones con la UE, algunos de sus miembros (como Uruguay) muestren mayor interés por el trato con Estado Unidos y cuando Brasil, luego de avanzar en el proyecto suramericano, reactive su antigua vocación panamericana. Por lo demás, el desplante venezolano se produce frente a socios curtidos en la experiencia de sobrevivir a crisis terminales. En efecto las capacidades diplomáticas de la CAN han logrado confrontar con éxito burocrático las crisis de los 70 (el retiro de Chile), de los 80 (la “década perdida” cuando la integración perdió también el rumbo) y la de los 90 (el retiro temporal del Perú y el embate de la reforma neoliberal). En todos estos casos los países miembros aprobaron sucesivas estrategias de relanzamiento que han mostrado que la fortaleza normativa de la agrupación contrasta con el valor de su imperfecto mercado (que, sin embargo, sigue siendo importante para la producción de valor agregado).


Cuando este acto de salvataje se reitere, que sea bajo las condiciones andinas (no la venezolanas), al amparo del principio de regionalismo abierto (que la Decisión 598 traduce en la autorización a los miembros a negociar extraregionalmente bajo los términos de la nación más favorecida) y en términos de un espacio suramericano que haga sitio al hemisférico.

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