• Alejandro Deustua

Economía: Se Requiere un Mejor Diagnóstico de Situación y Medidas Acordes con el Nuevo Escenario

Como si no se supiera, el Ministro de Economía nos anuncia (quizás por dificultades de comunicación mediática) que padecemos un shock de oferta permanente y el FMI adelanta que deberemos mantener políticas macroeconómicos creíbles, tener cuidado con los riesgos financieros y proceder con reformas estructurales (1).


En pleno cambio sistémico (en el que, en un contexto de bajo crecimiento, las economías grandes vuelven a liderar la perfomance global y las emergentes retornan una posición de bajo desempeño) las autoridades multilaterales y locales parecen haberse quedado sin ideas (como las economías menores sin vapor) luego de haber brillado por su falta de previsión en relación a la crisis del 2008-2009.


A estas alturas de las consecuencias de esa crisis y cuando el FMI sigue corrigiendo hacia abajo la proyección de crecimiento de América Latina (0.9% este año vs. el estimado previo de 1% es proceso aún inacabado) y previendo una perfomance peor que la del año pasado (1.3%) ni siquiera podemos emplear bien el lenguaje.


Es verdad, la caída de los precios internacionales de los commodities (que no ha cesado) y el más espectacular derrumbe de los precios del petróleo constituyen para los exportadores de estos productos un shock externo para productores y exportadores. Y también es cierto y que éste es permanente (es decir, de largo plazo) porque altera fundamentalmente los términos de la inserción externa y los parámetros de los fundamentos internos. Esto lo sabemos desde hace un par de años (2012-2013) cuando los organismos multilaterales (que tampoco previeron el colapso de los commodities), anunciaron que había concluido el largo ciclo de altos precios.


Por ello resulta disonante que las autoridades locales hayan actuado sólo en base a restringidas políticas de estímulo fiscal (el Ministerio de Economía) y una más laxa política monetaria (el Banco Central) como si estuviéramos sólo frente una anomalía del comportamiento del mercado antes que frente a un cambio estructural.


Bajo estas condiciones la inversión no depende sólo de la recuperación de la confianza sino de un buen diagnóstico de situación y de una correcta identificación de las oportunidades y conveniencias de diversificación (aunque teniendo en cuenta que las oportunidades en el sector primario siguen siendo atractivas siempre que se ataje la conflictividad social en los proyectos más rentables). Lamentablemente, el diagnóstico y la orientación al respecto (el código de señales) ha estado del lado de más de lo mismo y la inversión pública, por incapacidades de gestión, no parece haber estado a la altura.


De esta crítica no escapa el Banco Mundial que planteó públicamente (y bastante tarde) que sería acertado pensar en saltarse un caro proceso de industrialización para fomentar el sector servicios si íbamos a seguir intentando cerrar la brecha de desarrollo. Como es evidente esto es más fácil de decir que de articular y ejecutar (sobre la materia, no ha habido demasiado debate ilustrativo ni operativo).


Por lo demás, las prioridades recomendadas (invertir en infraestructura para salir del pozo contractivo) es algo que se conoce desde las políticas del New Deal mientras que mantener el orden macroeconómico y realizar reformas estructurales forma parte del lugar común de la modernidad. Lo demás (atender la educación y realizar reformas estructurales) está en el diagnóstico de cualquier partido liberal.


De otro lado, estaríamos más tranquilos si las autoridades locales emplearan la sofisticada terminología económica con mayor sentido común de manera que el diagnóstico coincida con la realidad: si claramente afrontamos un shock permanente, éste no es de oferta sino de demanda externa (tanto así que, a pesar de la ostensible caída de precios que muestra la drástica reducción de las compras, los productores mineros en el Perú se esmeran por incrementar el volumen –es decir, la oferta- para compensa en algo el valor perdido). No sería mucho pedir que las políticas locales que se adopten sean funcionales con la definición adecuada de la problemática.


Por lo demás, las posibilidades de replantear el diseño de economías de escala regionales para compensar en la región las pérdidas extrarregionales mediante la profundización de la integración están hartamente disminuidas por razones políticas y económicas.


Las primeras son conocidas por todos: la fractura regional que han producido los países del ALBA y parte de los del MERCOSUR en la región desvanecen esas posibilidades en tanto sus visiones del mercado (comercio justo y un proteccionismo arbitrario) colisionan frontalmente con la de los países de la Alianza del Pacífico (mercados abiertos). Hoy día hasta las zonas de libre comercio de la región regidas por tratados internacionales están afectadas por distorsiones y proteccionismo que imponen los primeros (los casos de Ecuador, Venezuela, Argentina y Brasil son clamorosos).


Además, las razones económicas que bloquean la integración regional y hemisférica son también funcionales a las heterogeneidades que generan las economías más vinculadas a los centros de poder. Así, aquellas que dependen más de la recuperación económica norteamericana que facilita los flujos comerciales y de capital (México y Centroamérica) en relación con Estados Unidos crecerán en promedio cuatro veces más este año que los suramericanos.


A ello debe agregarse los desequilibrios de fundamentos y de perfomance de los suramericanos: según el FMI, Brasil, Colombia y Bolivia se desacelerarán fuertemente (Venezuela es un caso aparte marcado por el colapso), mientras que Perú, Chile y México repuntarán importantemente (el informe correspondiente debe estar listo a fines de mes).


Ello indica que las mejores oportunidades inmediatas de integración para los suramericanos siguen estando en la Alianza del Pacífico. Sumadas las ventajas estratégicas de la misma, parece evidente que en ella debemos poner buena parte de nuestros esfuerzos (que podrían incluir cierta convergencia de políticas económicas).


Esperamos que el próximo informe del FMI aclare sus proyecciones, que la CEPAL defina mejor la situación regional y que las autoridades locales comuniquen mejor su diagnóstico y sus medidas.



IMF: Alexander Werner, Northern Spring, Southern Chills: Outlook for Latin America and the Caribbean, April 17 2015.


Diario Gestión


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