• Alejandro Deustua

Cumbres Excluyentes y Autárquicas

Mientras la etapa prepánico de la crisis financiera global empezaba su acometida, el mayor esfuerzo peruano de aproximación al Brasil partía a Sao Paulo. Como promotor principal de Expoperú, el Presidente García incentivaba a su colega brasileño a ampliar el acuerdo de complementación económica con Brasil sin demasiado tiempo para una discusión estratégica como corresponde a socios estratégicos.


Compensando esa limitación con gran despliegue público-privado, una nueva etapa de la relación con Brasil debía emerger incrementando comercio, inversiones y relaciones de seguridad bilaterales. Pero, más allá de las múltiples interrogantes que ya han se han planteado a la iniciativa brasileña de seguridad regional, la potenciación de la denominada asociación estratégica con el Brasil no parece haber dado aún el salto cualitativo que debiera.


Lo que sí ha evolucionado ha sido la especialísima relación que Brasil está desarrollando con Venezuela, Bolivia y Ecuador mostrando su peculiar aproximación a la subregión andina.


En efecto, luego de una cumbre en Riberalta (Bolivia) con los estadistas más radicales del área, el Presidente Luis Inacio da Silva fue invitado, en oportunidad onomástica, a una cumbre con sus colegas peruano y colombiano en Leticia. Pero esa reunión, que algunos interpretamos como patrocinadora de un nuevo equilibrio con los países moderados del área, ha sido seguida por una reiterada cumbre con los Estados andinos más radicales, esta vez en Manaos.


Ella destacó por una agenda específica -y nada circunstancial- en la que destaca el tratamiento de una variante del proyecto de interconexión bioceánica Paita-Belem do Para (uno de los principales del IIRSA) y la promoción del Banco del Sur. Esta agenda rompe el balance que el presidente brasileño pareció querer generar con los Estados andinos más moderados del área por lo menos por dos razones.


La primera deriva de la evidencia de que el trato sobre interconexión bioceánica por el Amazonas en la principal ciudad fluvial de esa cuenca sin la participación del Estado que alberga el origen de ese río, al centro urbano más influyente después de Manaos (Iquitos) y que es titular del mayor territorio amazónico luego del que caracteriza al Brasil, puede ser es una imprudencia. Especialmente si el interés peruano no ha sido considerado en Manaos.


El segundo elemento desequilibrante de lo tratado allí tratado radica en el patrocinio entre nous de un organismo financiero de origen e inspiración chavista. Si el Banco del Sur desea convertirse tanto en fondo para el desarrollo de la infraestructura regional bolivariana como en instrumento antisistémico en medio de una crisis financiera inédita sin tomar en cuenta a la más sensata banca de desarrollo de la región (como la CAF y el BID), entonces hay algo que los participantes en la cumbre de Manaos deben explicar.


Felizmente, el proyecto del Arco del Pacífico que congrega a los países latinoamericanos de economía abierta ribereños de ese mar continuó desarrollándose, esta vez, en Chile. Sin embargo, el obstáculo a la participación norteamericana en ese proceso fue un error que sólo favorece la autarquía regional que los Estados reunidos en Manaos han deseado reforzar.


Si Brasil debe manejar mejor su dimensión continental, Chile debe hacerlo con su dimensión marítima.



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