• Alejandro Deustua

Coordinación de Política Para Consolidar la Recuperación Económica

La recuperación de la economía mundial está a la vista pero será lenta y débil. Esta proyección convergente para el 2010 es anunciada por la OCDE y el Banco Mundial con importante diferencia de matices.


En efecto, mientras el primero enfatiza con cierto optimismo el tránsito de la contracción de este año al crecimiento el próximo, el Banco Mundial subraya los efectos de largo plazo de la crisis financiera en la perfomance global (que debe pasar de -2.9% este año a 2% el próximo).


Así, mientras la OCDE recuerda que su estimación de crecimiento es la primera revisión positiva de sus proyecciones en tres trimestres basada en señales positivas de ciertos países desarrollados (Estados Unidos, Japón) y de economías emergentes (China) y en un mejor distribución de riesgos, el Banco Mundial destaca el impacto de largo plazo de la crisis financiera en la tendencia de recuperación.


A pesar de esa diferencia de énfasis, las proyecciones de ambas instituciones son convergentes. Es más, ambas refieren que la nueva y precaria vitalidad económica es resultado de las políticas de estímulo monetario y fiscal.


Al respecto debe recordarse que éstas fueron internacionalmente coordinadas. Sin embargo, esa convergencia sólo fue generalmente compartida por todos los actores relevantes. Y, eventualmente, estuvo influida por percepciones diferentes sobre la naturaleza de la economía global. Así, por ejemplo, ciertas percepciones sobre el desacoplamiento de economías emergentes sólo cambió después que éstas fueran efectivamente golpeadas por la crisis. Ahora, a la luz del mayor crecimiento proyectado de China e India (que lideran la recuperación de las economías en desarrollo que crecerán 4.4% en el 2010), esa percepción ha vuelto a aparecer.


Esta percepción errada sólo es una entre muchas. Y podría conducir a la corrección anticipada de políticas nacionales. Entre ellas destaca el reemplazo de políticas de estímulo por las que resaltan el control preventivo de la inflación.


Este riesgo sería más relevante en algunas economías desarrolladas actualizando el exceso de cautela con que éstas actuaron al comienzo de la crisis. Ese riesgo fue minimizado por la comunidad de criterios lograda en el G20 a fines del año pasado y luego, en el G8.


Hoy, sin embargo, ese consenso elemental estaría diluyéndose según muestra el escaso grado operativo de los acuerdos logrados en la última reunión de las economías mayores.


Esta tendencia, a la que se suma la contenciosa acción singular o regional propuesta por algunos países chicos, no sólo podría retardar el proceso de recuperación sino que incrementaría su vulnerabilidad.


Al respecto debe recordarse que la contracción del comercio mundial este año (-16%), la brecha proyectada entre los requerimientos de crédito externo y flujos netos de capital de los países en desarrollo (entre US$ 350 y US$ 635 mil millones), la presión que ésta tendrá sobre la estabilidad monetaria o el fuerte desempleo en los países desarrollados son fuerzas negativas que ninguna economía podrá afrontar sola. Para que las proyecciones de crecimiento se consoliden es necesario persistir en la coordinación internacional.



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