• Alejandro Deustua

BRICS: Grandes Pretensiones de Cambio, Iniciativas Cautelosas y Lentos Resultados

Las potencias emergentes reconocidas por las siglas BRICS ciertamente no pertenecen a un grupo político-económico cohesionado inventado por un funcionario de un banco de inversión (James O´Neil de Goldman Sachs). Pero sí constituyen una instancia de poder que representa 21% del PBI y 43% de la población mundial, un comercio intrarregional de US$ 282 mil millones (vs US$ 27 mil millones en 2002) y que suman 4.4 trillones de dólares de reservas (Reuters).


En ese grupo destaca obviamente China como segunda economía mundial seguida por Brasil, Rusia, India y Suráfrica en ese orden. Si sus principios básicos no son similares y cada uno tiene intereses y aspiraciones de poder singulares como muestra de su escasa cohesión, algunos intereses complementarios sirven para mostrar su influencia.


Más aún cuando el agregado de sus asimétricas capacidades y dinamismos están generando (y recibiendo) fuertes cambios en la estructura del sistema internacional como resultado de una redistribución del poder mundial que la crisis (especialmente la europea) hace cada vez más visible.


Sin embargo, la reciente y quinta cumbre de los BRICS realizada en Durban evidencia que estas potencias no tienen mucha urgencia para acordar cómo y cuánto cambia el sistema internacional sea porque no pueden (el cambio sistémico depende del poder de cada quien) sea porque no quieren (ninguno desea agregar recursos sin las seguridades de un resultado conveniente). Por ello han optado en Suráfrica por privilegiar el paso lento en el proceso de concreción de escasas iniciativas que el Canciller Antonio Patriota del Brasil ha definido como la promoción de la multipolaridad con propósitos de cooperación.


Aunque esta formulación encierra una contradicción en los términos, la creación de un “Nuevo Banco de Desarrollo” y de un pool de reservas es una realidad emergente que expresa más o menos adecuadamente lo que el Canciller brasileño plantea.


Este ánimo ha sido expresado de manera no confrontacional aunque su dinámica lo sea. En efecto, el Nuevo Banco ha sido definido por los BRICS como “suplementario” del sistema multilateral en la vertiente del financiamiento de proyectos de infraestructura en los países en desarrollo. Mientras que el pool de reservas (o “Régimen Contingente de Reservas”) tiene el propósito de prevenir, en beneficio propio y de países en desarrollo complicados financieramente, problemas de liquidez de divisas en casos de shocks externos.


La decisión sobre la constitución del Nuevo Banco ha sido adoptada pero la de su financiamiento ha sido postergada mientras que el pool de reservas (que ha sido considerado viable y contribuyente al menguado vigor del sistema financiero global con un aporte eventual de aproximadamente US$ 100 mil millones) seguirá siendo estudiado por los respectivos ministerios de Finanzas. Esa postergación dice mucho de la capacidad de realización de los BRICS y también del cálculo entre los costos de su esfuerzo y el beneficio de su influencia.


A la luz de la racionalidad de cambio que guía esa influencia, el Nuevo Banco tendría que evaluarse como una propuesta alternativa al Banco Mundial y el pool de reservas como un evidente cuestionamiento al predominio del dólar en el sistema financiero global y una expresión de desconfianza en el mismo. En otras palabras, a pesar de buscar seguridades alternativas institucionales no disfuncionales, los BRICS están también cuestionando la conveniencia de mantener como está lo que queda del sistema de Bretton Woods (en cuyas instancias pretenden, como se sabe, una participación correspondiente a su nuevo peso que debería resolverse este año).


La misma lógica de buscar resguardo financiero en régimen alternos sin socavar los beneficios del sistema vigente (siempre que éste sea reformado), ha estado presente en el acuerdo sino-brasileño de financiar su comercio bilateral con moneda propia (al margen del dólar) aparentemente hasta por un monto aparente de US$ 30 mil millones por año durante los próximos años.


Este acuerdo se fundamenta en la incertidumbre que genera la crisis originada en los países desarrollados y en el cuestionamiento explícito de las políticas monetarias de estos países que ahora inundan el mercado de liquidez y que mañana, por nuevas crisis o necesidades antinflacionarias, pueden secarlo.


Voceros del Banco Central de Reserva del Perú han expresado alguna vez la conveniencia de buscar mecanismos alternativos de financiamiento del comercio. Éste es un buen momento para volver a interrogarlos.


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