• Alejandro Deustua

Bolivia: Nuevo Status y Nuevo Lenguaje para una Reelección

Bolivia celebra el 189º aniversario de su independencia económicamente bien posicionada, políticamente más estable y con un aparente espíritu de conciliación anunciado por el Presidente Morales.


En efecto, con un crecimiento esperado de 5.5% para este año (vs 6.8% en el 2013 según la CEPAL) es de lejos la economía con mejor perfomance entre sus socios bolivarianos y también la economía de más rápido crecimiento en Suramérica.


En el primer caso su éxito contrasta fuertemente con la catástrofe venezolana (que se contraerá -0.5% en el 2014) y con el atolladero cubano (que, con una perfomance de 1.4%, no podrá salir de su atraso). Pero además supera a las grandes economías de la región que le han brindado cooperación política (Brasil crecerá este año 1.4% y Argentina bordeará la recesión con 0.2%).


El segundo caso es más llamativo en tanto Bolivia crecerá en el 2014 más que los más destacados miembros de la Alianza del Pacífico. Así ocurrirá en relación a Colombia (5%), Perú (4.8%) y Chile (3%) según proyecciones cepalinas.


Tales niveles de crecimiento, que no se registraban desde hace 38 años, se sustentan en las exportaciones de hidrocarburos y en la demanda interna (el gobierno boliviano prefiere enfatizar lo segundo sobre lo primero).


La extrapolación política de la sensación de éxito ha impulsado al Vicepresidente García Linera a señalar que para el bicentenario (el 2025) Bolivia será una potencia regional (al respecto no deja de ser interesante que los reclamos de potencia –una aspiración de status- inaugurada por el presidente Humala empiecen a florecer en el área; si éstos se refieren a crecimiento y desarrollo también implican eventual fricción que es mejor cuidar).


La aspiración boliviana se asienta, en principio, en el potencial energético (que se conoce desde 1998 cuando se descubrió el pozo Margarita y que, por conflictos internos que culminaron con la denominada “Guerra del Gas” en el 2004, no ha sido adecuadamente explotado) y en el potencial alimenticio (que reclama ampliar la frontera agrícola a lo que los ambientalistas –que han encontrado en Bolivia potente arraigo político- seguramente se opondrán). El sector agropecuario, según el Presidente Morales se ha expandido de 2.5 millones de has. en el 2005 a 3.5 millones este año con una proyección a 10 millones de has. al 2020. (El Deber).


Tal situación sugiere el interrogante de su sustentabilidad. Especialmente si la exportación de hidrocarburos se realiza sólo a dos mercados continentales (Brasil y Argentina) que aseguran demanda y precio pero también dependencia del Cono Sur y obstáculos a la diversificación.


Ello no ha impedido al Presidente Morales exhibir en su mensaje a la Nación la gran multiplicación de los ingresos nacionales por ventas de hidrocarburos. Si estos representaban US$ 600 millones en el 2005 hoy implican US$ 5549 millones gracias a la nacionalización ha dicho el Presidente.


Es más, esa expansión tiene corporeidad: YPFB, la monopólica empresa estatal de hidrocarburos (cuyo impulso nacionalizador no cesa -acaba de adquirir el 55% de las acciones de un importante gasoducto a cargo de Total y Repsol-), es responsable del 96.8% de las ganancias estales en este rubro.


La dimensión estratégica de YPFB está fuera de duda: es la viga principal de una arquitectura integrada por 23 empresas públicas (cuando en el gobierno anterior sólo habían 5).


Ello ayuda a explicar que Bolivia haya captado el año pasado sólo US$ 1750 millones en inversión extranjera (aun así, un récord en el ciclo nacionalista).


A ello ha contribuido también la problemática minera. En ese sector el cooperativismo ha sustituido a la minería tradicional bajo protesta de los sindicatos tradicionales. Ello no obstante, la explotación minera ha crecido en el período del presidente Morales 227% (vs 87% del ciclo “neoliberal” 1997-2005) según la fuente oficial.


Por lo demás, para ponderar adecuadamente el crecimiento de la demanda interna debe tenerse en cuenta dos factores: un punto de inicio extremadamente bajo y la calidad de los nuevos agentes económicos que pertenecen a sectores que agregan muy poco valor: pequeños comerciantes, transportistas y cocaleros (El Deber).


A pesar de ello, las cifras oficiales indican que el crédito y los depósitos se ha expandido 300% básicamente en moneda nacional en una década (90.1% y 77.2%, respectivamente) con una fuerte caída de la mora de 10% a 1.5% (Los Tiempos).


De otro lado, con un desempleo cayendo de 8.2% en el 2005 a un inverosímil 3.2% hoy (especialmente de cara a la creciente informalidad), una de las preocupaciones principales es la inflación.


Ésta, proyectada por las autoridades económicas a 5.5% para este año, lleva acumulado a julio un incremento de 3.8% cuya tendencia superará el techo proyectado (entidades privadas la estiman en 7.7%). Aunque preocupante, sin embargo, esa tasa no se compara con los altísimos niveles de la inflación argentina (que puede dispararse más si la contienda con los holdouts termina mal) y la todavía más desastrosa inflación venezolana.


Este éxito económico obviamente no corresponde al predominio del libre mercado sobre la acción del Estado. Pero tampoco al “socialismo del siglo XXI” (a cuya ideología adhirió el Presidente Morales) sino a una de las múltiples variables del capitalismo de Estado.


Su carácter es, sin embargo, muy lationoamericano: antes que al fascismo, éste pertenecería al dominio del patrimonialismo al que, en el caso del PRI mexicano, Octavio Paz denominó “ogro filantrópico”. Éste (el Estado) distribuye recursos con plena discrecionalidad mientras el Presidente aparece como el gran distribuidor (el “pegue”) según Nueva Crónica.


Pese a ello no se reconoce en Bolivia aún la “dictadura perfecta” como redefinió Vargas Llosa la fenomenología mexicana descrita por Paz.

Pero al respecto, la pregunta no es cuán lejos sino cuán cerca está Bolivia de esa definición en tanto la separación de poderes no es reconocible, el Estado de Derecho es una formalidad permanente burlada y el aplastante predominio del MAS es controlista y excluyente.


Así, para las elecciones del 12 de octubre la maquinaria oficialista se ha desplegado con el propósito de ganar por ventaja soviética (70%) cuando hoy la predisposición a votar por Morales oscila entre 59% según Ipsos y 50.2% según Captura Consultores (La Razón). Al respecto debe recordarse que Morales triunfó en el 2005 con 54% de los votos y 63% en el 2009.


Esta democracia delegada deja por fuera a una oposición dividida: la Unidad Democrática de Samuel Doria registra una intención de voto de entre 18% y 24% y la Democracia Cristiana de Jorge Quiroga apenas atrae 4%. El escasísimo saldo se reparte en un par de opciones adicionales.


En este marco hegemónico (que recuerda al MNR de la década de los 50 del siglo pasado), se entiende que el confrontacional Presidente Morales llame hoy a la conciliación a la vez que entidades extranjeras (como la Universidad Vanderbilt) den cuenta estadística de una mayor cohesión nacional que, en términos de identidad, los medios refuerzan este 6 de agosto.


En ella, sin embargo, la mayoría ciudadana no se considera como perteneciente a un originario grupo indígena. Esta realidad es contraria al presupuesto de la acción política del Presidente Morales, a la Constitución refundadora y también al cuadro de situación que presentó el censo del 2001. ¿A qué se debe ese cambio de identidad etnográfica? Probablemente a que el censo aludido no incluyó la opción prevaleciente del mestizaje y el discurso político se aprovechó de ello.


Si la expansión de las clases medias está ligada probablemente con el mestizaje, el discurso indigenista puede estar perdiendo fuelle. Ello también explica el discurso de apariencia concertadora del Presidente Morales que, en el marco de una adaptación del sector privado, se refleja en la gran mayoría que reelegirá al Evo.


Como signo de los tiempos, un embajador boliviano cercano a la problemática de la educación superior bajo la presidencia de Carlos Mesa será el nuevo representante de ese país en el Perú. Los medios sostiene que su atención estará centrada en la cooperación y en procurar la realización del Protocolo Complementario de los acuerdos de Ilo (que favorecen a exportadores e industriales bolivianos en la costa peruana), el desarrollo de la infraestructura ferroviaria binacional y la ausencia de asuntos que impliquen fricción (los del mar). La historia dice que esto último no es posible.


Por lo pronto, La Tercera de Chile anuncia la visita del Vicecanciller boliviano a ese país en busca de aproximación. Ello puede ser parte de la dinámica trilateral de la diplomacia boliviana ligada a la aspiración marítima. Pero no refleja que haya disminuido el carácter disfuncional de la acción externa del gobierno del Presidente Morales que se expresa en el firme arraigo en el ALBA, en la confrontación con el “imperio” y en la denuncia de sus socios (hoy día, Israel).


Esta posición ha complementado exitosamente en el pasado la disposición venezolana de fragmentar el consenso liberal en la región que fue acompañado, desde otra perspectiva, por Brasil y Argentina. En el Perú estaremos atentos al nuevo lenguaje del Presidente Morales. Especialmente si éste tiene un sello coyuntural.



Fuentes.: CEPAL, Los Tiempos, El Deber, La Razón.


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