top of page
  • Alejandro Deustua

Banco Mundial: ¿Un halcón en el gallinero?

21 de marzo de 2005



La designación por el presidente Bush del Secretario de Defensa Adjunto Paul Wolfowitz para ocupar la presidencia del Banco Mundial ha despertado el debate sobre las calidades del candidato y renovado el cuestionamiento sobre el proceso de selección de autoridades de uno de los pilares multilaterales del sistema internacional. De manera desagregada, la preocupación sobre la designación del señor Wolfowitz deriva de su militancia entre los “neoconservadores” norteamericanos a cargo de llevar la guerra contra el terrorismo global, de su alta investidura en el Departamento de Defensa y de su mentada falta de experiencia para el cargo. En el agregado, sin embargo, la preocupación se acerca al rechazo. De allí que el señor Wolfowitz se haya propuesto convencer a sus dubitativos interlocutores europeos al tiempo que éstos invocan desde un amplio proceso de consultas que abarque a los países en desarrollo antes de proceder a su “elección” (la posición del Reino Unido) hasta la conveniencia de presentar varios candidatos a quienes nominalmente deben decidir la “elección” (aparentemente, la posición de Holanda). Si la apertura con que los europeos muestran su preocupación contrasta con la posibilidad de hacer su efectiva oposición , el silencio oficial de los latinoamericanos y de otros países en desarrollo brilla por su elocuencia. Cuánto hay de pragmatismo en ello y cuánto de aceptación de la jerarquía del sistema internacional, no lo sabemos. Pero sí preocupa que a comienzos del siglo XXI los países en desarrollo no se atrevan a expresar su opinión oficial o que no encuentren canales para hacerlo con reserva eficaz. Si ésta es una manifestación regresiva de un sistema que evoluciona con la expansión liberal, también es momento de replantear el proceso electoral en los organismos de Breton Woods. Especialmente cuando el régimen constituido en 1944 ha cambiado sustantivamente desde que en los 70 el dólar dejó de ser convertible en oro –cuestión que atañe al FMI- y que el Banco de Reconstrucción y Desarrollo incrementara su atención a los problemas de los países en desarrollo y considerara prácticamente resuelta su motivación original: la reconstrucción europea. Sin embargo, si pudiéramos dejar de lado esta cuestión fundamental, recordaremos que la selección de la más alta autoridad del Banco Mundial no sigue un patrón formal de reglas sino de entendimientos. El principal de ellos es que el puesto corresponde a un norteamericano tanto como la Dirección General del FMI corresponde a un europeo. Si es incuestionable que ello brinda orden al sistema, la calidad de ese orden no es ciertamente la mejor y su gestión tampoco queda necesariamente en las mejores manos. Esto debe cambiar. Pero para hacerlo es necesario cambiar los entendimientos procesales suplementarios. Y para lograrlo primero hay obtener capacidad de influir en ellos. Ello no se conseguirá procediendo de manera desarticualda como hasta ahora en un proceso que concierne centralmente a la primera potencia. En efecto para elegir al presidente del Banco Mundial se requiere en principio la conformación, en Estados Unidos, de un Comité de Búsqueda a cargo del Secretario del Tesoro. Éste debe seleccionar y examinar una lista de candidatos (en plural) que puede incluir a ciudadanos de otro origen. Una vez seleccionado el candidato, las autoridades norteamericanas proceden a consultar a sus colegas europeos y japoneses (la consuta a los países en desarrollo no está establecida con claridad). Un vez realizadas estas consultas el candidato es propuesto a los 24 directores ejectutivos del Banco y éstos proceden a su “elección”. Aunque el proceso parece encontrarse en esta fase, no hay noticia de que el Comité de Búsqueda se haya conformado previamente en Estados Unidos ni cuál es la dimensión de la consulta que se realiza a europeos y japones ni el nivel de contacto con los países más débiles. Ello complicará el problema. Pero, al margen de la capacidad hegemónica norteamericana para proceder a la selección y de la condición ideológica del candidato, ¿cuánto problema hay realmente? Nuestra opinión: menor de lo que se cree en relación a experiencias pasadas. Para empezar diremos que el caso de un candidato procedente del Departamento de Defensa en tiempos de guerra no es el primero en la historia del Banco Mundial. Entre 1968 y 1981 el Banco fue presidido por el ex -Secretario de Defensa Robert Mac Namara. Este funcionario fue partícipe del desarrollo de la estrategia de disuasión nuclear norteamericana, de la escalada en Viet Nam y del diseño de políticas para combatir la subversión en los países en desarrollo (especialmente a los denominados movimientos de liberación nacional). Luego el señor Mac Namara devino en crítico de las políticas de su gobierno. Y terminó en el Banco Mundial. Su gestión puede no haber sido de las mejores, pero fue la más longeva (superó inclusive a la del señor Wolfensohn que hoy se retira después de una década en el cargo) y aceleró el mayor cambio de objetivos de la organización: la prioridad de los problemas del desarrollo en tanto los de reconstrucción europea ya habían sido superados. El contrargumento: el señor Mac Namara ayudó también a las dictaduras que combatían contra las guerrillas de su tiempo cuando la Guerra Fría había establecido el consenso hegemónico al respecto. El señor Wolfowitz provien también del sector Defensa aunque ha sido funcionario del Departamento de Estado. Y al revés que el señor Mac Namara cuyos antecedentes se incriben en la empresa privada (la Ford), el señor Wolfowitz registra más de un cuarto de siglo de compromiso con el Estado norteamericano y con el sector académico. Es más, si el señor Mac Namara no tuvo experiencia de campo previa, el señor Wolfowitz la tuvo en el Asia como embajador en el mayor estado muslmán (Indonesia) y como encargado del área en los departamentos de Estado y de Defensa. Finalmente, el señor Wolfowitz no ha devenido precisamente en un crítico de las políticas de su gobierno como el señor Mac Namara. Su problema es otro: la estrategia que él contribuyó a diseñar para la segunda guerra de Irak (p.e. el empleo de una fuerza menor a la necesaria) no sólo ha resultado muy costosa para Estados Unidos sino que ha sido cuestionada por colegas quienes no forman parte del staff. En el agregado su saldo es favorable por lo que se reporta como un éxito del la Casa Blanca: la nueva oportunidad que se abre hoy para el Medio Oriente es, en buena parte, autoría del equipo del que forma parte el señor Wolfowitz. Si la cuestión que plantea el candidato a la presidencia del Banco Mundial no es nueva y sus antecedentes en el campo tienen mayor trascendencia que los que llevaron al cargo otros presidentes de la entidad, queda la incógnita de lo que hará su nuevo titular. Aunque ello lo debe aclarar el mismo señor Wolfowitz, a este campo concurre también mejor apetrechado que muchos de sus antecesores. Si el vínculo entre seguridad y desarrolo es el marco en que acturá, los lineamientos de su labor quizás puedan encontrarse en la Estretegia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos (setiembre del 2002) de la que su institución fue principal responsable. Lo pertinente en este punto son los capítulos relativos a la promoción de una “nueva era” de crecimiento global y a la expansión del círculo liberal a través de la apertura de sociedades y de mercados y de la promoción de la democracia. El primer interés puede estar en cuestión por la persistencia de fuertes debalances externos globales –especialmente norteamericanos- registrados oficialmente ya por el FMI. Sin embargo la idea es promover políticas de crecimiento con estabilidad antes que de contracción. Entre otros medios para lograr el objetivo se promoverá la reforma tributaria, la aplicación de la ley, la lucha contra la corrupción, el fortalecimiento de los sistemas financieros y la fuerte inversión en salud y educación. Y aunque el crecimiento global es responsabilidad fundamental de los países deasarrollados, para apuntalarlo la Estrategia requiere del incremento de los flujos de capital hacia los países en desarrollo con la intensidad necesaria para lograr la obtención del grado de inversión por la mayor cantidad posible y apuntalar el pilar del libre comercio. En ello el desempeño multilateral (Doha) no parece necesariamente subordinado a los desarrollos regionales y bilaterales, aunque éstos son especialmente enfatizados. De otro lado, la relación entre desarrollo y apertura de sociedades es definida por la Estrategia en torno a la preocupación por la pobreza y el replanteamiento de políticas asistencialistas erradas para su combate. La prioridad en este campo es el incremento de la productividad de las economías de los países en desarrollo. Si la Estrategia no pone en cuestión la asistencia tradicional para satisfacción de necesidades básicas, sí enfatiza la necesidad de priorizar la que se orienta a los países comprometidos con la reforma económica. Esa línea de trabajo debería ser acompañada por la reforma de las políticas del Banco Mundial orientadas en función de resultados medibles, la promoción de la inversión y el mejor gasto en salud y educación. Si el señor Wolfowitz, teniendo en cuenta el cargo en Defensa, tuvo una influencia sustantiva en la generación de la Estrategia, su compromiso con ella es un indicador de lo que puede esperarse de él en la gestión del Banco Mundial. Como en el caso del señor Mac Namara, esa política no será neutra sino fuertemente influenciada por la prioridad central norteamericana: el combate al terrorismo global. Esta puede o no ser funcional a los interes de nuestros países, pero no puede decirse que no está anunciada y que no respeta requerimientos básicos de los mismos. De la misma manera se podrá estar en acuerdo o en desacuerdo con el señor Wolfowitz, pero lo que no se puede hacer es plantear su descalificación en materia de desarrollo a la luz de estos antecedentes. No es a través de la condena ideológica que los países en desarrollo lograrán un cambio necesario en la dirigencia y las políticas del Banco Mundial. Mucho más depende de la expresión oficial de su opinión –hasta hoy inexistente- y de su capacidad de organización hoy mermada por responsabilidad más propia que ajena. Esta responsabilidad deviene en un auntoinflingido pasivo estratégico para nuestros países en un contexto en que la reforma de la ONU y el de su sistema ya está planteada.

3 visualizaciones

Entradas Recientes

Ver todo

Cumbre Árabe-Suramericana

La relación de América Latina con el Medio Oriente tiende a ser vista en la región a través de la lupa del conflicto regional en esa parte

Contra el fascismo de los Humala

Desde que la OEA adoptara la Carta Democrática Interamericana en el 2001, su dimensión coactiva en defensa de la democracia representativas

El Sistema Internacional en el 2005

El 2005 culmina con una economía global en crecimiento (aunque atenuado), una situación de seguridad internacional no inestable...

Comments


Logo Contexto.png
Header.png
bottom of page