• Alejandro Deustua

APEC Arequipeña

Sin mayor publicidad los ministros de Comercio Exterior de las economías que representan 48% del comercio, 57% del PBI, 50% de la población y 30% de la inversión globales se acaban de reunir en Arequipa de cara a la cumbre de la APEC que se realizará en el Perú en noviembre. Teniendo en cuenta la escasa capacidad de realización de estos encuentros, las conclusiones del evento realizado en el Sur del Perú son ciertamente más concretas y evolutivas que los declarativos de la reciente cumbre ALC-UE.


En efecto, los altos funcionarios la APEC han reiterado su disposición a progresar en la construcción de un régimen regional (la integración del Asia-Pacífico), de establecer una vía de acción conjunta para superar una crisis global (la alimentaria) y de señalar un programa de acción mínimo para avanzar en ámbitos vinculados al comercio.


Al respecto se ha reiterado que el principio organizador de estos acuerdos es el compromiso con la apertura del mercado global y regional. En el ámbito global, ello se ha expresado en el apoyo a la conclusión de la Ronda Doha este año. A estos efectos se ha comprometido el esfuerzo de todos los miembros para avanzar en los temas fundamentales de acceso en materia agrícola y no agrícola o NAMA.


La calidad de esta voluntad antiproteccionista está, sin embargo, en cuestión en tanto uno de los problemas centrales –el desmontaje de los subsidios agrícolas en los países desarrollados- no parece posible en el corto plazo. Y mucho menos luego de que el Congreso norteamericano confirmara esa restricción estableciendo, con una nueva ley agrícola, fortalecidas ayudas internas por US$ 300 mil millones aproximadamente en cinco años.


Por lo demás, la Unión Europea tiende hoy a consolidar antes que a flexibilizar la PAC en plena crisis alimentaria. Ello es importante para la APEC porque de la negociación entre la UE y Estados Unidos depende en buena cuenta el desmontaje de esas barreras. A mayor abundamiento, el Director General de la OMC (que concurrió a Arequipa) estima que las posibilidades de éxito de la Ronda Doha este año son de apenas el 60%.


Si ello cuestiona la capacidad de realización de la APEC, sus miembros deberán afrontar esta debilidad en noviembre cuando sus jefes de Estado se reúnan en Lima. Si en esa oportunidad no han logrado superar este obstáculo, el compromiso de la APEC con la apertura del mercado como mecanismo más eficiente para incrementar los flujos comerciales generadores de crecimiento de desarrollo será puesta a prueba y su influencia global abrá decrecido.


En ese caso, la práctica del regionalismo abierto en la organización podría devenir en mero regionalismo si aquélla no cumple con objetivos fundamentales como los de Bogor que han sido reiterados en Arequipa. En efecto, éstos podrían ser postergados si los países desarrollados de la APEC no cumplen con establecer una zona de libre comercio hacia el 2010 (los países en desarrollo deben hacerlo en el 2020). Esa zona debe incluir el capítulo agrícola. Si la indisposición a flexibilizar este sector persiste el esquema podría perder legitimidad a pesar de que se lograsen compromisos de libre acceso en las demás áreas.


Esa traba, a su vez, podría complicar la disposición a progresar en la convergencia entre las diferentes agrupaciones subregionales de integración en el área. La frustración de esa dinámica cohesiva deberá optar entonces por aún más pragmatismo con raseros más bajos: la integración como objetivo sería sustituido por la merca cooperación en el área como ocurre hoy.


A pesar de ello los ministros de Comercio Exterior de la APEC han logrado más que los jefes de Estado y de gobierno de la cumbre ALC-UE en la confrontación de la gravísima alimentaria. Frente al nulo diagnóstico de europeos y latinoamericanos, la APEC ha logrado por lo menos identificar y definir el problema. Para ello, sin embargo, sólo ha propuesto más apertura en un escenario donde las potencias mayores no están comprometidas con ella e incrementar la productividad y la inversión en el sector (especialmente en los países en desarrollo). Tal situación incrementa el valor de la Ronda Doha como instrumento para atacar la crisis.


Además, la APEC ha avanzado en Arequipa en la construcción de reglas y normas relativas a protección de la propiedad intelectual, promoción de la economía digital y en acápites fundamentales de seguridad humana y de mejora del clima de negocios en la región. Entre ellos destaca la preocupación por incrementar los flujos de inversión aunque no ha dado cuenta de su extremamente desigual distribución en la cuenca del Pacífico. En noviembre se probará la fortaleza de este progreso regimental que debe contribuir a la estabilidad en el Pacífico.


Aunque con los Estados asiáticos de esa cuenca América Latina tiene escaso vínculo civilizatorio, la disposición de los países ribereños para avanzar en el ámbito económico parece superior a la mostrada por latinoamericanos y europeos. Estos últimos deben tomar nota de tamaña asimetría si desean en realidad una asociación estratégica con nuestra región.



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