• Alejandro Deustua

Alivio (Momentáneo) y Cambio de Énfasis

En un marco de tensiones financieras, desbalances fiscales y vulnerabilidad global (diagnóstico del G20), el sistema económico internacional acaba de recibir dosis de ambiguo alivio político y un cambio de énfasis en la contención de la crisis.


El primero proviene de las elecciones griegas que con la formación de gobierno presenta un interlocutor que no genera temor. Sin embargo, el carácter tradicional de la coalición Nueva Democracia-Pasok no podrá contener al opositor que reclama una revisión radical del plan de ajuste si una flexibilización del mismo no es atendida. De no concretarse ésta, la oposición (el Syriza) y la demanda social, que han legitimado la revisión del ajuste, puede derribar la muralla política que hoy se ha puesto al contagio económico en Grecia.


A apuntalar ese alivio debió sumarse con mayor eficacia el rescate parcial del sistema bancario español (un esfuerzo extraordinario de US$ 125 mil millones) de no ser porque los operadores políticos reclamaron por la ausencia de especificaciones básicas (plazos, tipo de interés) y por la canalización intermediada por el Estado, que engrosa la deuda, en lugar de su aplicación directa a los bancos.


A ello se sumó la oposición de los operadores económicos que elevó el rendimiento de los bonos a 10 años a un nivel insustentable (encima del 7%). La presión de los inversionistas, que buscan en apariencia una recapitalización de los bancos europeos, y la de los “especuladores excesivos”, amparados por la rebaja de la calificación de la deuda española, pueden llevar a un rescate de la economía española que ésta hoy no requiere.


Estos “alivios” nacionales acaban de recibir del G20 un apoyo multilateral. Esa organización que acoge a cerca del 85% del PBI mundial, acaba reiterar su disposición cooperativa al apoyar, sin críticas, las medidas adoptadas por la Unión Europea, (incluyendo el pacto fiscal y los rescates griego y español) además de los objetivo de fortalecer la unión monetaria y económica.


A ello ha agregado, sin embargo, el necesario cambio de énfasis económico para apuntalar el crecimiento y la creación de empleo. En este marco, el G20 anuncia sin decirlo lo que espera del próximo Consejo Europeo (28-29 de junio): mecanismos de recapitalización, supervigilancia y de garantías bancarias. Si ello no implica gestión conjunta de presupuesto ni la rendición de las políticas fiscales, no se está demandando una plena unión fiscal ni una unión política sino una unión monetaria más fuerte.


Ello debiera aliviar el camino alemán hacia la flexibilización de su exigencia de austeridad cruda y satisfacer las demandas francesas de priorizar el empleo (inversión en infraestructura, etc.) aunque la prioridad sea financiera.

El sistema de señales del G20 ha advertido también sobre el riesgo de una aguda contracción fiscal norteamericana el 2013, la conveniencia de una flotación del renminbi, el incremento del consumo en China y avalado las políticas de estímulo en las economías emergentes.


Si en un contexto de fragmentación, el G20 insiste en la coordinación, el alivio que proporciona debe traducirse en mejores políticas si aquél va a traducirse en confianza.


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