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POLITICA
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MEDITERRANIEDAD: NUEVA DIMENSIÓN
El reclamo boliviano sobre su mediterraneidad sigue congregando
la atención internacional.
Ahora el Vaticano se ha ocupado del tema a través de la
prensa y el presidente Fox de México ha ofrecido su mediación
si ésta es requerida. Luego de los buenos oficios rectificados
ofrecidos por el Secretario General de la ONU, de las indagaciones
del ex -presidente Carter, de una propuesta retirada por la Argentina
y de la exuberante vocación por playas bolivianas del presidente
Chávez sólo se puede esperar que, en las próximas
reuniones multilaterales a las que concurra Bolivia, la preocupación
internacional sobre la materia siga creciendo.
El patrón que siguen estos pronunciamientos internacionales
es el de la involucración de ciertos Estados en el problema
para luego retirar el planteamiento propuesto además de la
expresión de opinión sustentada en criterios de equidad.
Parte del resultado de esa agregación de opiniones parece
encaminado a reconocer que existe un problema donde Chile no ve
ninguno y que Bolivia perciba un respaldo a su justa aspiración.
El otro lado de la medalla consiste, ahora, en la tendencia de Chile
a cerrar su posición, especialmente si Bolivia persiste en
la ofensiva multilateral, esperando que el clima amaine.
Sobre este último aspecto, la canciller chilena, Soledad
Alvear ha llegado a expresar que, bajo las actuales condiciones,
considera el caso cerrado y que no responderá a lo que ya
considera "provocaciones" bolivianas. Ésta esperable
reacción es preocupante no sólo porque inhibe el diálogo
sobre la materia sino porque incrementa en las instituciones chilenas
la sensación de "aislamiento" de la que se ha dado
cuenta en ese país hace ya varios meses. Como es de suponer,
esta percepción instigará en la fuerza armada chilena
una actitud de alerta inusual con repercusiones en el balance estratégico
en el Pacífico sur.
De allí que los bien intencionados jefes de Estado que se
pronuncian sobre la delicada cuestión deberían hacerlo
con mucho más prudencia y atendiendo el origen inmediato
del reclamo que, aunque es un interés permanente boliviano
del vecino, se asienta en la profunda crisis interna de nuestro
vecino.
La justicia de su aspiración debe verse en esa perspectiva
y en la del principio del fiel cumplimiento de los tratado que los
pronunciamientos internacionales, sin quererlo, tienden a disminuir
frente al privilegio implícito que se otorga al principio
del cambio de circunstancias que favorece la revisión de
los tratados. Si se persiste en ese camino, otro principio, el de
la no intervención -o lo que queda de él- también
será pulverizado. El resultado de ese proceso de tamaña
desarticulación jurídica no es otro que el desorden
internacional que, en la zona, podría generar presiones orientadas
a la revisión del tratado peruano-chileno de 1929, entre
otros.
En cuanto a Bolivia, debe entenderse la necesidad de cohesión
social que el presidente Mesa está logrando al esgrimir,
bajo circunstancias de fragmentación, el tema de la mediterraneidad.
Pero el presidente boliviano debe tener en cuenta las limitaciones
de canalizar la presión social interna hacia el frente externo.
Él puede quedar atrapado en la corriente eventualmente inmanejable
que genera esa empuje. Es más, si las aspiraciones que aquélla
encierra se frustra, las posibilidades de un desborde mayor en Bolivia
no son escasas.
En cualquiera de los casos, el Perú -y los intereses nacionales
comprometidos con la ex provincia de Tarapacá- será
sometidos a presión. Por ello es necesario que la Cancillería
se disponga a considerar, dentro de la naturaleza bilateral del
tema (la dimensión chileno-boliviana), un mecanismo de conversaciones
trilaterlaes a niveles técnicos y no compromisorios. De otra
manera nos vamos a ver un día frente a hechos consumados
generados vecinal, regional y extraregionalmente.
(ADC)
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