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OTROS ASUNTOS
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Infraestructura y Sector Externo
Es un lugar común afirmar la necesidad que existe en el
Perú y en América Latina de disponer de recursos de
inversión para infraestructura. El Presidente del BID, Enrique
Iglesias, ha recordado durante la realización de la Asamblea
de Gobernadores que termina en Lima, que en la Región se
gasta apenas el 3% del PBI en infraestructura frente a un 6% de
los países asiáticos y que el déficit total
existente puede alcanzar a 70,000 millones de dólares anuales.
Si focalizamos esta situación en el Perú, el déficit
podría alcanzar a 18 mil millones de dólares según
el Ministro Kuczynski para un país como el nuestro, de grandes
dimensiones relativas, ubicado en una zona estratégica de
Sud América para el comercio con Asia y de compleja y difícil
geografía. Cuando hablamos de infraestructura nos referimos
naturalmente, no solamente a las redes viales y puertos eficientes
sino también a dramáticos requerimientos como agua
y desagüe; infraestructura educacional y de salud, electrificación
para pequeñas poblaciones y caminos rurales, entre otros.
Frente a esta situación, las capacidades y criterios tradicionales
de asignación del gasto público, nos señalan
con evidencia, que progresivamente los niveles de gastos corrientes
de los presupuestos se incrementan y los dedicados a inversión
se reducen. Un proceso inverso a las prioridades nacionales que
tienden a mantenerse y que no surgen de verdaderos planes estratégicos
que abarquen las distintas dimensiones de los requerimientos de
desarrollo integral, que puedan también incluir las nuevas
y urgentes prioridades que nos fijan los compromisos internacionales
de integración y expansión de las exportaciones, mas
aquellos a que nos obliga al correcto acondicionamiento territorial
que sustente los desarrollos regionales internos y que creen condiciones
para la atracción de inversiones productivas nacionales o
internacionales, precisamente cuando sabemos que los techos de nuestro
endeudamiento para infraestructura con fuentes multilaterales de
crédito como el BID o el Banco Mundial no pueden sobrepasar
límites de alrededor de 450 millones de dólares anuales.
La inversión privada en infraestructura, sufre en los últimos
años de las severas restricciones que muestra su comportamiento
general en el país, en espera que nuevas formas de financiamiento
puedan tener rápida y eficaz expansión, como contratos
de gerencia, concesiones, "joint ventures" y otras operaciones
de carácter similar. Algunas de ellas han sido planteadas
en la reunión del BID. El Ministro de Economía de
Brasil Guido Mantega anunció la preparación de un
programa de "parcerías público-privadas"
(PPP) que permitiría al Estado contratar compañías
privadas para desarrollar proyectos de infraestructura, garantizando
el Estado que dichas empresas reciban los pagos correspondientes,
evitando incrementar la deuda pública. Para ello Brasil crearía
un fondo especial de financiamiento.
Por otro lado, está bajo estudio la creación de una
Autoridad Sudamericana de Inversiones, aplicada a obras de interconexión
vial que puede captar recursos del mercado de capitales actuando
como una entidad multinacional de propiedad de los países
participantes bajo reglas concesionales de amortización de
pagos, convenidos con fuentes multilaterales como BM, BID y CAF.
En cualquier caso, la prioridad y urgencia del financiamiento de
la infraestructura nacional es requisito inevitable para alcanzar
mayor crecimiento de la economía, sostenimiento de los programas
sociales y cumplimiento de nuestras obligaciones con el sector externo
cuando la globalización y competitividad internacionales,
han pasado a ser parte de la urgente estrategia de desarrollo del
país.
Percy Rodríguez Noboa
Consultor Internacional
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