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OTROS ASUNTOS
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Perú, Chile y Bolivia
Aunque la relación del Perú con Chile y Bolivia se
realiza normalmente por canales bilaterales, durante la última
semana ésta se ha trilateralizado fuertemente. En efecto,
mientras Perú y Chile sostienen reuniones diplomáticas
y de seguridad que califican la relación como "excelente",
instituciones bolivianas reclaman un nuevo pronunciamiento peruano
sobre el tema de la mediterraneidad y Chile ingresa a un debate
interno sobre su sensación de "aislamiento" en
el contexto subregional. La complejidad de este escenario en formación
demanda algunas aclaraciones y prevenciones.
El primer paso es reconocer que, a pesar de los asuntos espinosos
que forman parte de la agenda peruano-chilena (p.e. delimitación
marítima, Aerocontinente) en un marco de asimetría
económica y estratégica, la relación diplomática
se enmarca explícitamente en parámetros de generación
de confianza mutuamente aceptados. Éstos se han expresado
en la intensificación de la aproximación de seguridad
(la realización de la XVIII reunión de Altos Mandos
Militares y la visita del ministro del Interior chileno, José
Miguel Insulza, con resultados concretos en seguridad no convencional)
y de política exterior (la visita del Canciller Allan Wagner
a Santiago quien calificó el nivel de vinculación
como excelente luego de presentar al CEPAL el mandato para la homologación
de criterios para la medición del gasto militar). En este
encuadre, el status del tema de la delimitación marítima
ha sido definido como "en reposo" mientras que el tema
de Aerocontinente se explica a través de documentos informativos
y argumentales (la Ayuda Memoria) antes que de notas de protesta.
Esta situación permite a las autoridades chilenas comprometer
menos al Perú dentro del debate interno sobre la sensación
de "aislamiento" chileno generado por la conjunción
de divergencias puntuales con Argentina (el problema generado por
la incursión de autoridades chilenas en el consulado argentino
de Punta Arenas) y con Bolivia (la negativa popular boliviana a
la posibilidad de salida del gas de Tarija por Patillos que ha evolucionado
a la renovación del planteamiento de una solución
al problema de la mediterraneidad). La prensa chilena incluye al
Brasil en este marco en tanto ese país ha preferido, según
analistas vecinos, resaltar su vínculo con Argentina.
Entre las respuestas positivas dadas por el presidente Lagos a
esta coyuntura está la confirmación de que Chile persistirá
en una prioritaria política latinoamericana y de aproximación
subregional como basamento de las vinculaciones establecidas con
Estados Unidos, la Unión Europea y algunos países
del Asia. Como a nadie conviene que Chile se sienta "aislado",
el Perú está contribuyendo en disminuir la intensidad
de esa sensación. Sin embargo, es necesario que la respuesta
no sea sólo diplomática o basada en la generación
de confianza por instancias militares.
El gobierno no puede confiar la seguridad convencional del Perú
sólo a la apuesta de la disolución de percepciones
negativas de un vecino. En la medida en que nuestro país
gane en seguridad (p.e. adquiriendo el equipo que debe adquirirse),
Chile también ganará, en tanto se estará demostrando
una voluntad (no aún una capacidad) para mantener un equilibrio
asimétrico pero sostenible en el Pacífico sur. Esta
decisión es perfectamente acorde con las posibilidades económicas
nacionales, con la intensificación de la interdependencia
económica entre los dos países y con la nueva definición
multidimensional de la seguridad.
De otro lado, si la complicación del problema de la mediterraneidad
intensificada por la problemática interna boliviana - tan
irresponsablemente estimulada por el presidente Chávez -
estaba dentro de los cálculos, también debe haber
cabido en ellos la reiteración de la posición peruana:
el tema es bilateral y el Perú apoya la justa aspiración
boliviana. Pero para que el tema pueda ser tratado se requiere que
Bolivia y Chile reanuden primero un diálogo constructivo
exento de presiones irracionales. Y éste puede darse, entre
otros, en torno a un escenario ya planteado: la integración
entre el sur del Perú, el occidente boliviano y el norte
chileno sin cesiones soberanas.
(ADC)
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