Discurso del Canciller José A. García Belaunde por Día del Ministerio de Relaciones Exteriores y Día del Diplomático
--------------------------------------------------------------------------------
Oficina de Prensa y Difusión
Lima, 03 de agosto de 2010
Amigas y amigos todos,
Confieso que no creí que iba a ser ésta la quinta vez que me dirigiera desde este podio a ustedes. Pero tengan la seguridad que no habrá sexta.
El 28 de julio el Presidente Alan García tuvo un capítulo dedicado a las relaciones internacionales que fue muy comentado. Sin embargo, en otro acápite de su discurso que a juicio mío pasó algo inadvertido probablemente - dijo él lo siguiente: “Además debemos tener en claro las prioridades; si nuestra Cancillería trabaja por eliminar o alejar las hipótesis de conflicto exterior, debemos entonces dar mayor prioridad a nuestros problemas internos”.
Y creo que cuando el Presidente dijo eso estaba resumiendo lo que ha sido la filosofía y el hilo conductor de estos años en política exterior. Y así, la manera cómo hemos entendido el alejar, el eliminar hipótesis de conflicto ha sido optando por la integración. No necesariamente por la integración de los libros, de los textos clásicos que marcaron los intentos de la región en los ‘60, en los ‘70, en los ’80, sino una integración moderna, una integración que es válida, que es posible y que es conveniente hacer ahora.
De alguna manera esos esquemas tan rígidos nos están diciendo que hoy, en el siglo XXI, necesitan revisarse; pero no así la idea de la integración.
La idea de la integración para nosotros ha sido poder establecer unas relaciones óptimas con el Ecuador, con Colombia, con el Brasil; superar -como estamos superando- los desencuentros que eran más de ideología que de otra cosa, y que pudimos tener en algún momento con un país hermano y tan vinculado al Perú como Bolivia; y lograr finalmente encapsular la diferencia sobre el tema marítimo con Chile a través de la demanda incoada en la Corte Internacional de Justicia.
Hemos logrado mejorar también relaciones como las que se dieron al inicio del gobierno con la República Bolivariana de Venezuela. Hemos recibido este año la visita de la Presidenta argentina, con lo cual cancelamos desencuentros producidos por hechos lamentables como el de la venta de armas al Ecuador en medio del conflicto y, de alguna manera, esa visita después de 17 años marca el inicio de una nueva etapa en una relación con un país que nos es tan grato y tan querido a todos. Hemos recibido también al Presidente Lugo y nos aprestamos a recibir al Presidente Mujica del Uruguay.
De alguna manera estamos proyectando ya no sólo al entorno vecinal más inmediato, sino también a toda la región; pero eso no hubiera sido suficiente en un mundo globalizado. Un mundo globalizado implica necesariamente, más que antes, la capacidad -como nos decía el maestro García Bedoya- de poder jugar en varios tableros.
Creo que el logro de haber canalizado los esfuerzos de esta Cancillería se constata pues en una relación de vecindad cada vez más sólida. Esta es una de las cosas que – confieso - me hace sentir orgulloso de la Cancillería y por cierto, del Gobierno, sin cuyo apoyo no hubiera sido posible esto. Y por ciertoto del Presidente de la República concretamente.
Nos correspondió a nosotros continuar una tarea que quedó inconclusa, que fue el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Había sí culminado la negociación durante la administración anterior; sin embargo, quedó pendiente la aprobación en el Congreso americano y esa aprobación fue compleja de lograr porque -como ustedes recordarán- hubo un cambio en las mayorías a partir de las elecciones y la mayoría Republicana, que hubiera garantizado un paso fácil del Tratado de Libre Comercio, se convirtió en minoría y tuvimos que renegociar con la nueva mayoría Demócrata los términos de ese acuerdo para bien del país. Porque ello nos llevó a asumir compromisos en materia laboral y ambiental, que son estándares altos y que son reconocidos internacionalmente. Fue una tarea difícil, en la cual nosotros como Cancillería también participamos activamente.
Como yo lo veo, creo que nos corresponde también mucho del mérito del acuerdo que hemos logrado con la Unión Europea porque fue decisión política de la Unión Europea el iniciar la negociación por gestiones políticas nuestras. Y fue decisión política de la Unión Europea la decisión de cambiar las reglas de juego que permitieran a aquellos que queríamos concluir las negociaciones, avanzar; y permitir que más adelante esos puentes abiertos que quedan, sirvan para que los que tenían dificultades puedan incorporarse sin problemas. Y eso también es parte de la negociación.
Como ha sido también parte de nuestra integración el asegurarnos que el Acuerdo con China se realice y, de alguna suerte, tengamos concluido todo un proceso de integración comercial gracias al cual el 85 ó 90 por ciento de nuestras exportaciones tienen el mercado asegurado. Difícil, además, en tiempos en donde hay crisis como la que tuvimos el año pasado y de la cual a veces no sabemos si estamos saliendo o no. Sabemos que en crisis como ésta la tentación hacia el proteccionismo es muy grande; sin embargo, hemos podido vencer esas tentaciones y vencer esos temores.
Dejaremos pues un país inserto en el mundo. En un año vamos a dejar un país en el cual su economía, a partir de los Acuerdos de Libre Comercio y de los Acuerdos de Promoción de Inversiones, tiene una visión muy clara en el mundo y un mensaje muy claro sobre lo que es su estabilidad, sus capacidades, su atractivo. Pero dejamos también un país donde su relacionamiento vecinal, que siempre causa preocupación, temores y despierta suspicacias, está ordenado. Y eso creo que es importante porque eso nos está hablando de lo que queremos como país frente al exterior, qué imagen estamos dando, qué imagen queremos proyectar.
Y eso ha sido posible en gran parte porque ésta es una institución -como mencionaba el Viceministro- que está exitosamente combinando la tradición con la modernidad; es una institución que sabe y aprende de los retos que se le plantea y recoge también los mensajes del pasado; es una institución que ha sabido, en cada momento, estar a la altura de las circunstancias.
Si algo es claro -digamos, para mí y me fue claro gracias al libro de Memorias de Carlos Alzamora- es esa línea de continuidad que hace que nos podamos sentir cerca de aquellos que nos antecedieron, que nos marcaron pautas; y que nosotros mismos cuando hacemos las rupturas que implican todo cambio de tiempo, estamos haciendo rupturas o cambios a partir de caminos ya señalados.
A mí me entusiasmó mucho ese libro de Carlos Alzamora porque era claro que representando una generación nueva, una generación que nosotros conocimos muy bien - porque estaba además de Carlos Alzamora, Carlos García Bedoya y Juan José Calle, para mencionar solo a dos de los que ya no tenemos presentes - y que representaba un cambio porque el país había cambiado, porque había nuevas circunstancias internacionales, porque -de alguna manera- también la temática internacional que había agobiado al Perú - que era la temática de los límites - había dejado paso a nuevas perspectivas. Esta gente fue capaz de plantear algo nuevo en política exterior que afirmaba la institucionalidad, la carrera al servicio al país.
Y Carlos, en ese sentido, fue de los más modernos, si se quiere; primero porque fue quien descubre -antes que nadie- toda esa perspectiva que se ofrecía en su momento los espacios de trabajo de lo que era la economía internacional o el foro económico internacional. Estábamos acostumbrados al foro político, fuimos fundadores de Naciones Unidas, estuvimos en San Francisco. Pero no habíamos calibrado la dimensión de los nuevos temas económicos y la forma en que los temas que hacen al desarrollo se convierten en parte del debate internacional. Y creo yo que el primero que lo vislumbra y lo hace propio, y lo incorpora a la agenda con mucho entusiasmo, con mucho dinamismo, es Carlos Alzamora. Y en todo caso, si no es el primero, es el que mejor lo define, el que mejor perfil da y el que abre realmente un camino muy amplio por donde hemos transitado muchos durante muchos años, tanto en lo que se refiere al gran debate Norte-Sur, como a los temas de la integración económica, propiamente.
Y Carlos lo hacía con esa manera que tiene de hacer las cosas, que es una manera muy ligera, sin apabullar a nadie, sin pretender que tiene la última palabra, sin pretender que tiene una sabiduría a la cual nadie más tiene acceso; sino como quien hace cosas fáciles con las manos y realmente detrás de eso, como detrás de las cosas más simples, hay demasiado. Detrás de una gran escritura simple hay mucha lectura, hay mucha reflexión; y así detrás de las cosas que se muestran más simples y fáciles hay mucho trabajo intelectual anterior, mucha reflexión, mucho talento.
Y Carlos nos enseñó a hacer las cosas de la manera más fácil y más simple posible; pero además nos las enseñó a hacer con un gran sentido del humor. Pues si algo ha caracterizado a Carlos durante todos estos años es su gran sentido del humor y un sentido del humor un tanto irreverente -diría yo. Ha habido algo de irreverencia siempre en él. Alguna vez un amigo común que ya no está entre nosotros, Manuel Ulloa, citaba a alguien diciendo que la irreverencia era una forma sofisticada de respeto; y yo creo que sí, que el humor irreverente de Carlos es respeto por sus amigos y por sus interlocutores.
Carlos, que es eso y muchas otras cosas más, entre ellas un hombre si se quiere paradojal, porque con una clara vocación política, nunca decidió optar por la política salvo en su paso por la alcaldía de Miraflores. Y vaya que quienes lo conocemos sabemos que ése es un tema fundamental para él. Paradojal también - y aquí quisiera hacer una digresión para hacer una comparación y explicar por qué el año pasado fue Bákula el condecorado y este año es Carlos Alzamora el homenajeado, pues siendo ambos muy emblemáticos para el Servicio, sin embargo no fueron lo que debieron ser, por lo menos Viceministros. Entonces los de la carrera no eran Ministros. Pero sí era lógico que un hombre como Carlos llegara a ser Secretario General - como se le llamaba entonces al cargo de Viceministro. Y sin embargo, no lo fue y el no haberlo sido no les quitó nada. Como Juan Miguel Bákula, estaban más allá de eso.
El Doctor Manuel Felipe Villarán en su libro sobre los Ministros de Estado – que es una obra muy antigua- decía que no había habido Ministros notables, sino hombres notables que habían sido Ministros. Y yo pienso que a Carlos no le quita nada el no haber sido Ministro o Viceministro, pese a que estaba llamado a serlo. Porque su esencia va más allá; y creo que él entendió perfectamente, en un momento dado, que hay una influencia, un poder que viene de una trayectoria y viene de un ejemplo, que viene de una capacidad intelectual y de un trabajo que no tiene nada que ver con los títulos que se lleva.
Y como es uno de los nuestros y de los más emblemáticos yo quería aprovechar el Día del Diplomático, para imponerle la condecoración nuestra: la Orden de José Gregorio Paz Soldán. Porque el Embajador Alzamora no sólo la merece sino porque nos honra a todos que él la lleve en su pecho.
|