Discurso del Ministro de Relaciones Exteriores, José A. García Belaunde, en la presentación del Epistolario entre Manuel Prado y Ugarteche y Víctor Andrés Belaunde
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Oficina de Prensa y Difusión
Lima, 17 de diciembre de 2009
Señor Secretario General de las Naciones Unidas, Embajador Javier Pérez de Cuellar,
Doctora Margarita Guerra,
Embajador Luis Marchand,
Editores del libro, doctores Martín Belaunde y Domingo García Belaunde,
Familia Belaunde,
Embajadores,
Amigos todos,
Seré muy breve y solamente para clausurar. Haré dos o tres reflexiones. La primera de manera casi ligera y con sana envidia. Cómo quisiéramos los Embajadores tener la oportunidad de un diálogo con nuestro Jefe de Estado - que son los responsables de la política exterior, como hemos visto en este epistolario.
Cómo quisiéramos todos poder dirigirnos a los Presidentes y decirles “esto es así, esto no debe ser así” y recibir instrucciones directas. No es común como no es común tampoco un epistolario así. En el Perú no recuerdo nada parecido; hay Memorias sí pero no un epistolario diplomático de esta naturaleza. Debemos pues celebrar algo novedoso en nuestro país y probablemente poco común en otros países: el epistolario entre un Jefe de Estado y su Embajador, en este caso ante las Naciones Unidas.
Yo quisiera acá rescatar lo que decía Margarita Guerra: el epistolario como reflejo de los afectos; no solamente el afecto que se tenían desde jóvenes - como ha señalado bien Martín Belaunde - Manuel Prado Ugarteche y Víctor Andrés Belaunde; también refleja los afectos de Prado. No debemos olvidar que Prado es el hombre del Protocolo de Río de Janeiro el año 42 y el eje central de este epistolario es lograr que los Garantes lo ratifiquen; que reiteren que no puede aceptarse una declaración de nulidad unilateral de un Tratado de Límites, tal como pretendió –en 1960 – el Presidente ecuatoriano Velasco Ibarra.
Así, para Prado el Protocolo de Río es su obra y la confirmación de la validez del mismo también debe ser su obra. Allí están los afectos de Prado. Pero donde se nota también los afectos -y allí sí vemos complicarse este diálogo- es el tema de la independencia de Argelia. Prado que era un hombre muy talentoso hizo una apuesta muy inteligente en su primer gobierno cuando apoyó a los Aliados y declaró la guerra al Eje e incluso trasladó la Embajada de Francia a Argel. Alguna vez he conversado con el Embajador Pérez de Cuellar y él me decía que en esa época eran pocos en el Perú los que apostaban por los Aliados. Parece que un espíritu nazi fascista impregnaba demasiado la sociedad peruana, pero Prado tuvo la valentía de jugarse por los aliados y tuvo la sagacidad, cuando vuelve a ser Presidente, de recordarles esa apuesta que le permite lograr una presencia internacional importante para el Perú.
Pero no todo fluía fácilmente, Prado vivía el dilema entre su afecto a Francia y la evidencia de la creciente oposición al colonialismo de ese país. A través de las cartas observamos un proceso muy interesante entre Belaunde, que se da cuenta que la independencia de Argelia se cae de madura y que no apoyarla es ir contra la historia, y un Prado que tiene que ser convencido de que lo mejor que le puede ocurrir a Francia, Argelia y al mundo es que triunfe la lucha por la independencia; creo que eso está muy bien expuesto por Belaunde y comprendido por Prado.
Finalmente, el tema de la candidatura del doctor Bustamante es una apuesta por un peruano a un cargo internacional de esa magnitud. Veníamos dicho sea de paso de tener ya a Belaunde de Presidente de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas el año anterior, Presidencia que Prado buscó con mucha intensidad y que fue la excusa por la cual convenció a Víctor Andrés Belaunde de ser Canciller. Belaunde, quien a esa edad (75 años) ya no quería ser Ministro, aceptó la cartera en función de su candidatura. Prado pensó que la dignidad alcanzada por Belaunde y que había dado lustre al país podría renovarse con la elección de Bustamante.
Y allí vemos entonces otra vez al Belaunde diplomático que agota todos los recursos que puede usar un diplomático, desde la persuasión hasta la firmeza, pasando por la capacidad de negociar votos dejando ver lo que está en juego en ese momento en las Naciones Unidas. Diestro al mover sus piezas para conseguir apoyos como para evitar resentimientos, astuto para neutralizar oposiciones; es decir, un Belaunde en su fascinante ancianidad llena de vigor, en la función que lo necesitaba el país. El Perú requería esos dos triunfos: el triunfo de los Garantes y el triunfo de Bustamante, y Belaunde lo obtuvo.
Creo que este libro es un homenaje al Perú de siempre, al buen ejemplo de continuidad institucional en el país para el manejo de temas nacionales. Es, además, un reconocimiento a esa gran capacidad de hacer cosas inteligentes en la diplomacia que tuvo Víctor Andrés Belaunde.
Muchas gracias por estar con nosotros hoy día.
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