Discurso del Embajador Gonzalo Gutiérrez al dejar el cargo de Viceministro Secretario General de Relaciones Exteriores
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Oficina de Prensa y Difusión
Lima, 20 de abril de 2009
Señor Ministro de Relaciones Exteriores, Embajador José A. García Belaunde.
Señor Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de la República, señor Congresista Santiago Fujimori.
Señores Congresistas de la República, señores Magistrados del Tribunal Constitucional, señor Fernando Cayo.
Señor Magistrado Supremo, doctor Antonio Pajares.
Señores miembros del Cuerpo Diplomático Extranjero acreditado en el Perú.
Señores Viceministros.
Señores ex Cancilleres de la República, ex Secretarios Generales.
Señores Sub Secretarios.
Señores Embajadores del Servicio Diplomático de la República.
Señores Directores Nacionales, Ejecutivos y Directores Generales.
Señoras y señores colegas y amigos,
En la vida del hombre una de las virtudes que más se debe apreciar es el ser agradecido. Y yo siempre he buscado que ese rasgo caracterice mi devenir.
Es por eso que no debo iniciar estas palabras sin expresar un muy especial agradecimiento al Sr. Presidente Constitucional de la República, Dr. Alan García, por haberme brindado su confianza para desempeñar el cargo de Secretario General de Relaciones Exteriores. Sin él conocerme, atendió la sugerencia de su Canciller para esa designación, en la que me he sentido muy honrado de acompañarlo en los primeros mil días de su gestión. Espero no haberlos defraudado.
En ese mismo orden de ideas, cómo no señalar mi profundo reconocimiento al Sr. Canciller de la República, embajador José Antonio García Belaunde. Ahora puedo confiarles que ocho meses antes del inició de este Gobierno, él ya tenía una imagen muy clara de lo que ocurriría en el proceso eleccionario de 2006, lo que no hizo sino reconfirmarme sus dotes de muy agudo analista político. En esa imagen que él vislumbraba de la Cancillería que necesitaba el país y de cómo debía ser liderada, tuvo la gran generosidad de invitarme a ser parte de su proyecto. Los 30 años de amistad ininterrumpida no han sido limitante para que cada día, desde el 28 de julio de 2006 hasta hoy, descubra en él nuevos enfoques, ideas innovadoras, visiones inteligentes y una capacidad de enfrentar las inevitables crisis con buen talante y sagacidad; en ese proceso yo siempre he buscado complementar lealmente su acción, y he recibido en contrapartida de manera permanente una actitud abierta, dialogante, fresca y siempre caracterizada por una gran humor. El privilegio de haber servido a sus órdenes es una experiencia que siempre atesoraré.
Y cómo no referirme a mi apreciado sucesor. Néstor Popolizio es el exponente más caracterizado de las nuevas generaciones de Torre Tagle. Serio, analítico, con la más sólida preparación a nivel académico y profesional. Pero más allá de eso, un hombre bueno, un hombre leal y honesto, que lo ha dado todo por el Servicio Diplomático, y por eso es uno de los embajadores más queridos por todos nosotros en Torre Tagle. Su notable inteligencia, bonhomía y don de gentes serán una bocanada de aire fresco que nos garantizará una gestión muy exitosa, y un liderazgo con mano firme y segura, pero al mismo tiempo amable y generosa. No me equivoco al decir que superará con creces al Secretario General saliente.
Al dejar esta función se impone, también, un acto de reconocimiento para quienes colaboraron conmigo y me permitieron desempeñarla. Es decir, para todos ustedes mis colegas y amigos en el Servicio Diplomático, así como para los funcionarios administrativos y de servicios. Y no sólo aquellos en actividad con los que compartí el día al día, sino también los que se encuentran en el retiro, de cuyo consejo y apoyo siempre me beneficié, muy especialmente los aportes de los embajadores Juan Miguel Bakula, José de la Puente, Augusto Morelli y Hubert Wieland. Mi familia y quien forma parte importante de mi vida, han sabido comprender que el tiempo y las energías que dediqué a esta tarea bien han valido el esfuerzo. Para todos, mi agradecimiento más profundo, pues lo poco o mucho que haya podido hacer en este cargo se los debo en gran parte a ustedes. Eso si, como se dice en el prólogo de los libros, las limitaciones y errores son de mi exclusiva responsabilidad.
El cambio en el mundo ha sido muy rápido en estos tiempos. En pocos meses el escenario internacional resulta irreconocible. Nadie, hace dieciocho meses, hubiera previsto la crisis en que se debate hoy la economía internacional. Hace solo seis meses, lo que hoy día vive el mundo aún parecía evitable, o al menos improbable. Y es que si hay algo absolutamente evidente es que en un servicio exterior moderno debemos estar preparado para retos cada día más novedosos, y muchas veces imprevisibles.
No aspiro a presentar aquí una memoria de función. Menos aún a hacer una apología de lo realizado. Quisiera sí recapitular algunas de las líneas generales de las actividades llevadas a cabo durante estos casi tres años y situarlas en el contexto del largo plazo. Tratar de nuestras aspiraciones para las siguientes generaciones, de cómo -prestándome los conceptos del Maestro Basadre- el problema se convierte en posibilidad.
Es necesario enfatizar como idea central que el Perú aspira a vivir en paz, base esencial para promover nuestro desarrollo. Nuestra política vecinal, subregional e internacional ha estado orientada a asegurar ese objetivo.
La alianza estratégica con el Brasil, Colombia y Ecuador ha sido una de las prioridades de la gestión internacional, señaladamente reflejada en las respectivas visitas de los presidentes y en la profusión de acuerdos y vínculos, enriquecidos en los últimos 30 meses. Del mismo modo, se han hecho, y se siguen haciendo, grandes esfuerzos por mantener y desarrollar positivamente nuestras relaciones con todos nuestros vecinos.
La presentación de la demanda sobre el límite marítimo ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya es una expresión de la decidida determinación de defender nuestros derechos, y de nuestra vocación por hacerlo de una manera absolutamente pacífica, apegada al derecho internacional, y con la intención de sostener una relación constructiva y multidimensional con Chile.
El exitoso desarrollo de las cumbres del APEC y de la Unión Europea con América Latina y el Caribe en Lima hace solo unos pocos meses ha servido para ubicar al país en el eje central de las relaciones con los bloques de países más relevantes en las relaciones internacionales contemporáneas. Los encuentros bilaterales sostenidos al más alto nivel en esas ocasiones, como aquellos con los Jefes de Estado de China, Estados Unidos, Alemania, Rusia, Japón, Corea y otros, han tenido resultados que van en la misma línea.
Se ha establecido una red de acuerdos comerciales, en especial aquellos con los Estados Unidos, Canadá y China, y se está en curso de negociación de varios más, entre ellos el más caracterizado es el convenio con la Unión Europea. Todos ellos han de permitir la inserción del Perú en el sistema económico de hoy, dotándolo además de las capacidades de desempeñarse más eficientemente en beneficio de nuestros ciudadanos, en especial de aquellos de menores recursos, que son los que más lo necesitan.
Un fenómeno social y económico de la mayor trascendencia es el importante movimiento migratorio de nuestros compatriotas. Atender a sus necesidades es una prioridad de Torre Tagle y una parte integrante de la carrera de nuestros funcionarios. Los acuerdos sobre regularización migratoria con Ecuador y Brasil, así como convenios de seguridad social con Argentina, Francia y Japón, o la apertura de nuevos Consulados, buscan coadyuvar a ese objetivo.
Hemos promovido incansablemente la cultura del Perú. Para ello el Centro Cultural Garcilazo de la Vega y el aporte de nuestros amigos artistas, muchos de los cuales están apoyándome en mi futuro destino, ha sido invalorable. Igualmente hemos hecho valer nuestros derechos en la recuperación del patrimonio cultural ilegalmente exportado.
En pocas palabras, nos estamos insertando de manera acelerada en un contexto mundial nuevo, en el que todo tipo de fronteras poco a poco se va haciendo más difuso. En un libro reciente, titulado “Breve Historia del Futuro”, Jacques Attali dibuja las perspectivas de esta nueva sociedad internacional que ya se inicia. Una sociedad caracterizada por el hecho que los nuevos medios tecnológicos nos unirán cada vez más en torno a un mercado planetario, en el que el rol del Estado se verá mediatizado. Un mundo policéntrico en el que inevitablemente se extenderá la democracia del mercado.
Como parte del desarrollo de esa nueva sociedad se difundirá más aun el uso de cada vez más ligeros y simples “objetos nómades”, como Attali los denomina, en los que se irán subsumiendo varias funciones en una. El teléfono celular y el computador se fusionaran, y el nuevo objeto servirá al mismo tiempo cómo medio de comunicación, agenda, procesador de datos, lector de música, de televisión, medio de pago, documento de identidad y hasta manojo de llaves. El texto de los libros devendrá en mucho más accesible en base a pantallas portátiles que almacenarán miles de textos, realidad que ya existe actualmente con el “Kindle 2”, capaz de llevar en su memoria hasta 1,500 libros en una delgada tableta de 8 mm de ancho.
En ese contexto, ¿cuál será el futuro del Perú? Yo rescato de Attali para nosotros seis de las prescripciones que él sugiere para su propio país: Promover las tecnologías del futuro. Crear una sociedad equitativa. Reforzar la eficiencia del mercado. Promover las industrias del bienestar. Crear, atraer y retener una clase creadora. Reforzar los medios de influencia de la cultura y la soberanía propias.
Y en todo este entorno, la política exterior y la diplomacia peruana no son, ni pueden ser, abstracción teórica o refinamiento académico; aun cuando su diseño e implementación puedan requerirlo en determinadas instancias. Son parte de la vida del país, y de la necesidad de atender los urgentes requerimientos de sus ciudadanos, como lo es el Servicio Diplomático que las lleva a la práctica. Y es por ello que fortalecerlo y perfeccionarlo ha sido, y estoy seguro que seguirá siendo, un objetivo central en nuestra actividad. Pero eso es no sólo una promesa a futuro, sino una realidad presente: el Servicio Diplomático de la República constituye una de las instituciones más preparadas del país: 44% de sus funcionarios poseen o están en proceso de obtener sus títulos de maestría o doctorado, es decir 287 funcionarios, sobre el total de 652 que integramos el Servicio, cumplen con esa aspiración; dificulto que exista otra entidad en el Perú con mayor nivel de preparación académica.
Como lo ofrecí al asumir el cargo, mi vocación ha sido la de promover el cambio allí donde era necesario, a la vez que conservar el rumbo en aquello que estaba bien encaminado. Nada de ello quiere decir, sin embargo, que no tenemos aún múltiples tareas por emprender y variados objetivos por alcanzar. El sistema de remuneraciones y pensiones de la Cancillería requiere ser revisado a fondo y dotado de recursos suficientes. La proporcionalidad entre el número de miembros de cada categoría del Servicio, en especial en las más altas, debe ser racionalizada, y la edad y condiciones de pase al retiro deben seguir siendo evaluadas con miras a mejorar su coherencia. Debemos buscar alternativas, que sin vulnerar ningún derecho, limiten la profusión de procesos judiciales que hoy sufrimos. En ese contexto quiero enfatizar que nadie lamenta más que yo que un grupo de nuestros colegas viera postergado su legítimo derecho de postular a una promoción por razones fuera de su responsabilidad. A ellos les consta de primera mano mi incesante esfuerzo para evitar ese trance no deseado, y hoy felizmente superado.
Permítanme concluir estas palabras recordándoles unas líneas del poeta griego más importante del Siglo XX, Kostantinos Kaváfis. Imaginen, apreciados colegas y amigos, el camino hacia esa Ítaca que él describe como nuestro devenir permanente en el Servicio Diplomático del Perú o la evocación del sendero que recorremos en este país tan cálido, pero también tan difícil y por momentos tan áspero, cuyos intereses nos preciamos de defender con nuestro trabajo cada día. Nos dice Kaváfis:
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones, ni a los cíclopes,
ni al colérico Poseidón.
Seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones, ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte de hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto aprendiste en el camino
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.
Aprecio enormemente que todos y cada uno de ustedes se hayan dado hoy el tiempo para acompañarme en este día tan emblemático. A partir de mayo estaré junto a ustedes en una nueva trinchera, esta vez en la Misión del Perú ante Naciones Unidas. Espero allí reencontrarme con todos.
Muchas gracias
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