Discurso del Presidente de la República, doctor Alan García, en la ceremonia de clausura del Año Lectivo 2008 de la Academia Diplomática
Oficina de Prensa y Difusión
--------------------------------------------------------------------------------
Lima, 18 de diciembre de 2008
Señor Canciller de la República,
Don Javier Pérez de Cuellar, Embajador universal del Perú,
Jóvenes incorporados al Servicio Diplomático de la patria,
Señoras y señores,
Al felicitar el triunfo y éxitos obtenidos por los estudiantes de la Academia Diplomática, felicito también el trabajo de la Cancillería de la República y su Cuerpo Exterior, que están demostrando como institución expresiva de lo que es el Perú ante el mundo, profesionalidad, eficiencia y compromiso nacional.
Quienes hoy se incorporan al Servicio Diplomático, se incorporan al mismo tiempo en que el mundo vive los estertores en una economía y de una forma de ser propias del pasado e inicio de un cambio definitivo y claro. Y deben incorporarse a su trabajo desde la perspectiva optimista de comprender que las turbulencias y la crisis que hoy vivimos no son una crisis de pobreza, no son una crisis terminal productiva; sino que son, por el contrario, una crisis de riqueza, de expansión y de incorporación de variables antes nunca incorporadas a la vida social y económica, como la información y la comunicación, que definitivamente son ahora la energía del sistema productivo mundial, el gran motor de sus transformaciones políticas.
Digo que esta es una perspectiva optimista, porque confiante en el sentido racional de la humanidad y en sus progresos, veo en esta situación simplemente la afirmación de la información de la comunicación como fuentes casi inagotables de progreso, de velocidad, de construcción de mercados, de decisiones políticas para las cuales posiblemente nuestras instituciones, nuestros Bancos, nuestros banqueros, no estuvieron preparados e hicieron uso de nuevas fuerzas para ellos desconocidas, cayendo a veces en irresponsabilidad e impericia.
Toca entonces a la nueva generación incorporar al trabajo diplomático institucional y de conducción del país, esta nueva forma de anticipación y de velocidad que son propias del tiempo que les tocará vivir y reiterar que esta es una crisis de riqueza para el futuro de la humanidad, que dará paso a una sociedad más democrática, más veloz en sus decisiones y en su cultura, con menos divisiones entre las clases sociales, las razas y los países y, por consiguiente, con mayor igualdad universal; ese es un privilegio que toca a los que hoy se incorporan.
Quienes ayer sucesivamente se incorporaron desde hace largos años, lo hicieron dentro de un sólo parámetro, de un sólo sistema: el combustible orgánico, el motor a explosión, las velocidades que en ese tiempo y aún ahora tenían y tienen los medios de comunicación.
Los que hoy día como ustedes en los años venideros se incorporen al trabajo, harán parte de un mundo radical, absolutamente distinto al que nos tocó vivir a nosotros; un mundo en el cual el factor fundamental ha de ser la velocidad de las decisiones, la velocidad de la construcción de mercados y, más que la interacción entre productores y consumidores, la capacidad activa de los consumidores para construir mercados y productos. Sí, estoy convencido que todo ello se habrá de traducir en nuevos valores respecto de la justicia y en un enaltecimiento de la educación y de la información como valor supremo de la justicia y de la igualdad. De allí que este momento es solamente un paso en la formación continua de todos los que hoy día se gradúan.
Como ha dicho el Canciller, a pesar de todos estos eventos planetarios tan importantes, equivalentes estoy seguro al hallazgo del fuego, del idioma, de la imprenta, del motor a explosión; la incorporación potente de la información y la comunicación como factores básicos productivos en este tiempo, al lado de ello están las tareas permanentes que subsisten y que deben adecuarse a las nuevas situaciones. Tareas en las cuales nuestro Cuerpo Diplomático presta un servicio destacado y notable a la nación por su profesionalismo y por su vocación de trabajo y acompañamiento.
Afirmar que el Perú es el primero de esos objetivos y trabajos, hacer que nuestra patria como conjunto esencialmente emocional-nacional recupere peso, recupere vigencia e influencia en el mundo es el objetivo que nos planteamos; y de hecho, hoy día nuestro país a la vista de todos los demás países e instituciones, tiene cada vez mayor expectativa y mayor importancia.
No perder lo avanzado es parte del trabajo expresivo y representativo de nuestra Diplomacia. Afirmar que el vigor económico, político y cultural que sacude día a día nuestra patria y, que es parte de una convulsión creativa, está inserta en su vocación integracionista, pero sin sacrificar los intereses del Perú. El Perú es esencialmente un país pacífico, amigable e integracionista; pero es un país originario de otras naciones, es como lo he repetido muchas veces una suerte de Madre Patria Sudamericana, de la cual nacieron otras que hoy se llaman nacionalidades y porque ha sido el origen de esa integración, el Perú es integracionista; pero en la vida diaria de diferencias políticas, de objetivos distintos, el Perú defiende sus intereses y debe seguirlos defendiendo como ha defendido su derecho a negociar con la Unión Europea de manera bilateral, si otros países no lo quieren y, como ha defendido su derecho a negociar con los Estados Unidos, aquello que otros países no quieren.
Lo primero que tiene que hacer un diplomático es defender los intereses que están más allá de sus razonamientos políticos, de sus sentimientos sociales. El país tiene intereses que hay que defender por encima de toda ideología, integracionista o no, el Perú defiende sus intereses y dentro de su afán integrativo, sus primeros intereses, como ha mencionado el Canciller, son los relativos a los países limítrofes. Por eso hemos fortalecido, a pesar de pequeños tropiezos, nuestra relación económica y cultural con Chile; hemos hecho esfuerzo más que supremo para acercarnos al Brasil y a sus zonas de mayor importancia económica y cultural como Sao Paulo, hemos vigorizado nuestra entrañable fraternidad con el Ecuador para recuperar el tiempo perdido y afirmamos nuestro trabajo conjunto y nuestra comunidad de intereses frente a otros problemas con Colombia.
Pero el país además de integracionista y sudamericano, es un país con vocación universal, y siempre lo defenderé, somos una nación-civilización, somos un Estado-civilización, como podrían pretenderlo ser los chinos y los egipcios; pocos países tienen como el Perú, un ancestro tan vigoroso que les permita llamarse Estado-civilización y que haya sido reconocido por los grandes conceptuantes de la historia como Arnold Toynbee, no conozco más que otro ejemplo en la Latinoamérica actual que haya sido reconocido como un Estado población civilizacional y, si lo somos, nos corresponde el escenario global; no por tener un territorio mediano, una población pequeña y poco desarrollo económico aún, dejaremos de ser una referencial universal en la construcción de la especie; por tanto nos corresponde el escenario global, sin pretensión, sin jactancia, pero nos corresponde ampliar la presencia del Perú ante el desafío del Asia y como lo hemos propuesto y logrado vincularnos al gran mercado no solamente de los Estados Unidos, sino de Norteamérica entera teniendo Tratados de Libre Comercio con Canadá, con Estados Unidos y un Acuerdo de Complementación Económica en marcha con México.
Hablamos de espacio a espacio, más que de nación a nación y, dentro de poco, en el mes de febrero vamos a consolidar lo avanzado en APEC volviendo a Japón, a China, a Corea y a Singapur, para cerrar el espacio asiático en su relación privilegiada con el Perú, que es el puente fundamental de una gran nación como Brasil, como otra gran nación como la China.
Estos son en suma, brevemente y entre otros objetivos esenciales de nuestro propósito internacional; pero por sobre todo hay un objetivo de representar lo que el Perú es. El Perú es un valor democrático hoy, el Perú es un valor de libertad hoy, ha tenido baches en ese camino, tal vez muchos más baches de los que hubiéramos querido los peruanos, pero el designio de la historia es que el bien siempre triunfe sobre el mal, es que la posibilidad de construir supere lo que otros destruyen y el destino del Perú es afirmarse como democracia y que dé ejemplo de democracia ante otros países, no nos sentamos nosotros con dictaduras, no nos sentamos al lado de los que no viven democráticamente; eso es por lo menos el privilegio de un país cuando tiene que escoger sus amigos más cercanos.
Pero el Perú tiene que demostrar junto con su democracia, sus valores de desarrollo y, creo que los está demostrando de manera amplia y envidiable para muchos países. Y el Perú debe ser expresión también de otras de las grandes banderas de la humanidad del futuro igualitario, que es la de los derechos humanos. desarrollo, democracia y derechos humanos tienen que ser lo que exprese el Perú a través de su diplomacia, afirmando siempre la presencia universal de nuestra patria.
Esto es lo que podría decir a los jóvenes graduados hoy día en presencia de quien más conoce que yo de todos estos temas, que es el Embajador Pérez de Cuellar y; saludar el trabajo de la Cancillería, que con lealtad a la conducción política del país, siempre ha mantenido su fidelidad a los viejos principios con los que nació.
Felicitaciones y aprovechando la circunstancia, al lado de la satisfacción de hoy día, lleven a sus familias mi saludo y también mi deseo a cada uno de una Feliz Navidad y un Mejor Año Nuevo para nuestra patria, que de todas maneras lo va a tener.
Gracias.
|