EDITORIAL
G20 en Londres
Alejandro Deustua
30 de Marzo de 2009
Luego del par de millones de millones de dólares gastados en diferentes planes de estímulo, los miembros del G20 se reúnen en Londres para seguir confrontando de manera cooperativa la crisis y dejar huella de la reestructuración del poder económico que congrega el 80% del PBI mundial.
Aunque una mínima recuperación de los precios de los metales y de los mercados bursátiles alberga esta reunión, el escenario recesivo se ha agravado desde la reunión de Washington de noviembre pasado. Con la economía mundial contrayéndose entre -0.5% y -1%, los países desarrollados decreciendo entre -3.5% y -3% y las economías emergentes y en desarrollo avanzando apenas entre 1.5% y 2.5% este año según el FMI, el G20 debe producir algo más que lineamientos políticos complementarios y signos de unidad.
La contracción del comercio internacional en -9% este año y la reducción de los flujos de inversión en tasas superiores al -20% del año pasado, la recusación del proteccionismo y ofertas de regulación financiera no bastará para aplacar la incertidumbre de los agentes económicos y mantener el espíritu cooperativo de los Estados.
Al respecto, ya puede apreciarse divergencias entre Estados Unidos, que desea más esfuerzo fiscal e importantes miembros de la Unión Europeo y China que desean más cautela. Lo mismo ocurre con los requerimientos de regulación y supervigilancia del mercado financiero (Alemania y Francia desean más rigor que Estados Unidos) y otro tanto sucede con los mayores aportes que deben comprometerse con los organismos multilaterales (Estados Unidos no aportaría el equivalente a su responsabilidad actual aproximándose más bien a los US$ 100 mil millones que ya comprometió Japón y que se requieren de la Unión Europea).
Por lo demás, las economías latinoamericanas concurrentes no han coordinado suficientemente entre ellas (y mucho menos con las no concurrentes) al tiempo de que cada una de ellas ha adoptado medidas de protección o de retaliación con sus vecinos.
A pesar de estas diferencias, lo importante es que la mayoría de los integrantes del G20 marchan en la misma dirección. Pero el esfuerzo realizado, con ser inmenso, no es suficiente.
En efecto el corto plazo, subir en 2% el PBI global y ganar o mantener 20 millones de empleos no será mucho si la economía sigue cayendo, si los “activos tóxicos” no son saneados o si el crédito no se oferta o no se requiere.
Y en el mediano, el mayor control y vigilancia de los mercados financieros no impedirá las malas prácticas si los excesos especulativos que causaron la crisis no se cauterizan, los organismos multilaterales no apoyan más decididamente la inversión en los países desarrollados, la volatilidad de los precios de las commodities no se reduce y las negociaciones comerciales no dejan de jugar al todo o nada.
Por lo demás, el largo plazo será inasible en Londres: en medio de la crisis la construcción de un nuevo sistema económico internacional es inviable. Lo esperable es un nuevo orden. Mientras, la coordinación política necesaria para salir de la crisis. Luego, si subsiste, veremos que ropaje adopta la cooperación.
El Editor (ADC) |