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DESARROLLO Y OTROS ASUNTOS |
Columna "Mi opinión"
Marcelo Ostria Trigo
Sábado 23 de enero de 2010
Año nuevo, vida nueva y sobrenombres…
Aunque ya está entrado enero, todavía es el mes del comienzo del año. Estirando un poco, se puede esperar –y pedir- que alcancemos el bienestar con libertad. Esto cobra particular importancia porque la Bolivia republicana de ciento setenta y cuatro años de existencia, ya no es, ni será, la misma. Entonces, este año nuevo: 2010, con el cambio, traerá una vida nueva, distinta a la que la Patria ofreció a los bolivianos durante su vida independiente.
Se dice que el pasado viernes 22 de enero -lo del día anterior a éste fue una jornada de entronización de don Evo Morales, con actos folklóricos de dudosa autenticidad- ha nacido el Estado Plurinacional de Bolivia. Y, como generalmente sucede, a unos se les presentó la necesidad –quizás tardía- de reflexionar, redoblando esfuerzos para comprender lo que está sucediendo y, para otros, para festejar lo que han creado.
Y entre las entelequias que se presentan a espíritus poco avisados, entre los que me cuento, está el pomposo y difícil nombre de “Estado plurinacional”. Por supuesto que esto ya ha sido discutido ad nauseum por políticos, politólogos, profesores sabios y por una infinidad de “opinadores” a los que con tanta frecuencia nadie hace caso.
Me he empeñado en revisar qué estados son “plurinacionales”. Previamente, sin embargo, tuve que enterarme que este adjetivo se refiere al origen étnico de los ciudadanos (“plurinacional. 1. adj. De múltiples naciones”, dice la Academia de la Lengua, y nación: el “conjunto de personas de un mismo origen, y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”). Contando con esta explicación, me enteré que son muchos los Estados en cuyos territorios conviven diferentes naciones. También supe que ninguno de estos ostenta en su nombre oficial su carácter “plurinacional”.
En estos afanes, me encontré con una cita formidable: “Quien acuñó la expresión de España como nación de naciones, el ingeniero segoviano Anselmo Carretero, era un patriota castellano (y amigo de Francisco Tomás y Valiente, asesinado por ETA). Así, del mismo modo que puede haber un Estado de estados (Alemania), un pueblo de pueblos (Europa), una tierra de tierras (Castilla), un país de países (Francia), una cultura de culturas (Occidente), una comunidad de comunidades (Reino Unido) o una familia de familias (y todos pertenecemos a una), ¿cómo no puede existir una nación de naciones? Cual Bélgica, India, Canadá, o España.” (Norbert Bilbeny i García, catedrático universitario y escritor catalán). Esos Estados no ostentan su carácter pluri o multinacional, por lo ocioso del adjetivo.
En los territorios de muchas de las repúblicas americanas, como en Bolivia, conviven distintos pueblos. Perú, por ejemplo, es nuestro mellizo en mestizaje y orígenes, y sigue siendo una apreciada República para los bolivianos.
Los países usualmente se identifican, en el nombre oficial, llevando la forma de gobierno si es un reino o una república e, inclusive, un imperio. Claro que en los nombres a veces se cuela el fundamentalismo, y se ostenta la fe religiosa de sus gobernantes; por ejemplo, el país de los ayatolás es la República Islámica de Irán. También se hizo común, hasta la caída del Muro de Berlín, lo de república “socialista” o “popular”.
Todo este embrollo del cambio de nombres, poco tiene que ver con la decisión de hacer que en el país reinen la democracia, la libertad y la justicia. Los sobrenombres, al fin, son simples señales de características circunstanciales.
El culto a los apelativos que pudiera ser producto de elevados propósitos, hace recordar que el Purgatorio está empedrado de buenas intenciones…
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