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DESARROLLO Y OTROS ASUNTOS |
G-7: no es hora de declaraciones vacías
Alejandro Deustua
20 de febreroro de 2009
La reunión del G-7 realizada en Roma ha concordado con los lineamientos sobre reactivación, apertura y ordenamiento económico establecidos por el G-20 el año pasado. Ello ha sido importante para la legitimación colectiva de las políticas monetarias y fiscales expansivas adoptadas para afrontar la crisis global y para reiterar el compromiso con el libre comercio.
Pero a tres meses desde la reunión del G-20 y luego de la adopción general de programas de recuperación económica y de estabilidad financiera, el G-7 no ha mostrado progreso adicional en el curso elegido y menos en la coordinación de políticas.
Este esfuerzo colectivo parece más bien inhibido al enfatizarse el carácter nacional de las respuestas a la crisis aunque en el marco de principios compartidos. La simple convergencia normativa no traduce aún señales que indiquen el nivel de interacción reactivadora de las medidas adoptadas o de su esperado efecto multiplicador. Tampoco tenemos aún un diagnóstico colectivo del camino recorrido ni anuncio de metas razonablemente realizables.
Si las principales economías ya han comprometido lo que inicialmente podían para la reactivación de sus respectivos mercados, hoy se espera un esfuerzo conjunto en el apalancamiento de recursos, coordinación en la generación de liquidez (incluyendo sus riesgos), “estímulo” colectivo para que la banca privada flexibilice el acceso a los recursos y, especialmente, la organización de grupos de tareas que aseguren que la próxima reunión del G-20 en abril no será un certificador adicional de medidas meramente nacionales.
Y si, como anticipamos, esa reunión del G-20 no va a fundar un nuevo orden económico internacional sino que procurará estabilidad y corrección de normas con la participación de las economías emergentes, el G-7 podría estar adelantando sus labores al respecto. Y no parece estar haciéndolo.
Esta aparente merma de atención complica la legitimidad de esa organización cuya membresía, que data de 1976, carece de la representación de aquella época. Si el G-7 desea credibilidad práctica, bien haría en actualizar su lista de asociados y justificarse en la acción. Sugerir fecha y/o condiciones viables para la reanudación de la Ronda Doha en lugar de seguir rindiendo honores verbales al libre comercio o un mayor esfuerzo del Grupo para señalar la ruta por la que transitaría el retorno de los flujos financieros a los mercados emergentes ayudaría a ese propósito.
Estas indicaciones deberían ser propuestas por el G-20 (que también debiera ser depurado) antes de cualquier otra reunión de ministros del G-7 vuelva a realizarse. Especialmente cuando el mensaje que emana de las declaraciones generales de este Grupo se parece, por su insuficiencia, a la imagen que presentan ciertos ministros de finanzas que, en cuestionable estado físico y mental, se presentan a conferencias de prensa que debieran tener por objetivo fomentar la confianza de la comunidad internacional y la de los mercados.
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