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POLITICA |
Tres miradas al Perú
Alvaro Rojas Samanez
19 de diciembre de 2007
En simultáneo, con gran intensidad y sin subterfugios, el Perú es objeto de tres distintas maneras de entender su historia reciente y lo que podemos esperar (¿aspirar a tener?) en el futuro.
Las tres miradas se concentran en áreas vinculadas con el modo de ser nacional: política, deporte y la economía y sus efectos. Significativamente, coincidieron hechos que permiten la mirada intensa. En caso, el análisis severo.
En política, el juicio a Alberto Fujimori.
En el fútbol, no solo la indescriptible derrota por goleada sino el escándalo de indisciplina e irrespeto demostrado por los "jugadores" que integraban la denominada "selección" nacional.
En economía -- representando el inicio de una etapa cualitativamente superior en el desarrollo nacional- la ratificación del TLC con Estados Unidos.
Alguien podría objetar esos tres hechos como parte del mismo enfoque. La razón de hacerlo estriba en algo simple pero inobjetable: el juicio a Fujimori, la investigación (y sanción) a los futbolistas y la necesidad de implementar el TLC marcan de modo sustantivo la historia del Perú.
Sentar en el banquillo al ex mandatario no solamente es procesar una conducta específica sino condenar la manera de hacer política usando herramientas ad hoc (autogolpe), violentando mecanismos de participación y sin garantizar la institucionalidad requerida. El fujimorismo, que fue una mezcla del autoritarismo de una cúpula con el reclamo populista de sectores pobres concientes de su capacidad de reclamo, deterioró gravemente las instituciones intermedias, permitió la instauración de un mecanismo de gobierno buscando el fin sin importar los medios. Produjo la catástrofe de los partidos que todavía no recuperan su capacidad de ser vehículos aptos para la gobernabilidad y participación.
El examen de la conducta de los futbolistas, y esencialmente el hecho de que se haya partido de la denuncia periodística de colegas no dedicados a los deportes, levanta el velo a la conducta de grupos privilegiados que mutuamente se protegían: jugadores de ego (y cotización) monumental, dirigentes sin autoridad proclives al acomodo y acuerdo subrepticio. Todos ellos ignorando a una afición permanentemente crédula, siempre defraudada y eternamente esperanzada en que alguna vez volvería a celebrar los goles de Cubillas o cantar el himno, de las cuatro décadas, del Perú campeón.
Lo del TLC es más complejo pero igualmente decisivo: confirma la opción por la economía con beneficio para más sectores productivos. Ya no solamente de los agroexportadores del norte o del sur chico, ni de las industrias y empresas localizadas en el sector terciario, de los servicios y el turismo, sino de oportunidad en la sierra exportadora debidamente orientada y financiada, en las pequeñas y medianas industrias adecuadamente certificadas y asesoradas. También de los efectos colaterales en incremento de la infraestructura urbana básica, electrificación rural, consolidación de polos de desarrollo en base al cambio de la matriz energética y aprovechamiento del recurso energético disponible, construcción de viviendas, interconexión viales, mejoría en las capacidades regionales hoy latentes y mañana - ojalá - vigentes y reales.
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Los tres cuadros no solamente revelan que estamos avanzando hacia algo distinto. También nos dice que se puede dejar atrás etapas críticas y descompuestas de nuestra historia deportiva, política y económica. Y que se puede esperar un futuro mejor. O, como dijo un candidato ochentero, diferente.
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