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EDITORIAL
Alemania y la presidencia de la Unión Europea
Alejandro Deustua
03 de Enero de 2007
El 1 de enero la República Federal de Alemania asumió
la presidencia rotativa de la Unión Europea (además
de la coordinación del G8).
El hecho es menos relevante por el carácter de esa presidencia
(que dura apenas seis meses) que por la inauguración de una
forma de ejercerla: en la búsqueda de continuidad, las labores
que emprenda Alemania se proyectará a lo largo de un año
y medio de manera coordinada con los titulares subsiguientes (Portugal
y Eslovenia).
Ello implica que el proceso que conduce a la quinta cumbre eurolatinoamericana
que se celebrará en el Perú en el 2008 inicia una
etapa de gestión con la presidencia alemana que concluirá
con la gestión eslovena. La gestión del “trío”
es, en consecuencia, de especial importancia para el Perú
si se considera que para esa fecha los primeros resultados del acuerdo
de asociación entre la Unión Europea y la CAN –que
debe incluir un acuerdo de libre comercio- deben estar a la vista.
Ese acuerdo tiene un significado estratégico para el Perú
en tanto el Estado desea perfeccionar su inserción en Occidente
( y no sólo diversificar interlocutores), consolidar la relación
con su primer inversionista y cooperante y contratar normas de acceso
a uno de nuestros principales mercados (US$ 2835 millones de exportaciones
en el 2005 con un crecimiento este año correspondiente al
boom exportador) en lugar de recibir concesiones unilaterales de
acceso (el SGP Plus para los países andinos). Por tanto,
la presidencia que ejercerá la Canciller Angela Merkel no
puede sernos indiferente.
Menos aún cuando la Comisión de la Unión
Europea ya propuso al Consejo Europeo los lineamientos de negociación
con la CAN mientras ésta no resuelve aún cuestiones
básica relativas a su cohesión interna (la indefinición
de Bolivia y Ecuador luego del retiro de Venezuela) y a su fortalecimiento
institucional (la calidad sui generis de la Secretaría General
andina como organización). Si el Consejo Europeo probablemente
adoptará una decisión sobre los mencionados lineamientos
bajo la presidencia alemana, su predisposición no podrá
dejar de estar influida por esta coyuntura subregional.
Sin embargo, la prioridad que el Perú otorga a la Unión
Europea debe ser puesta en la perspectiva de las prioridades alemanas.
Más allá de que los países de la CAN representen
para la UE el mercado 29 en orden de importancia económica,
el hecho es que bajo la presidencia germana esta vinculación
tendrá poca visibilidad en tanto en la agenda de sus prioridades
no aparece la de América Latina.
En efecto, entre las preocupaciones principales de la gestión
germana se registran la reanudación del proceso que debe
llevar a establecer un tratado constitucional para la UE luego del
fracaso del 2005, la preocupación por incrementar la competitividad
y la perfomance europeas (que incluirán, luego, la revisión
de la PAC) y la consolidación de la UE luego de la última
expansión (Bulgaria, Rumanía en la UE y Eslovenia
en la zona del euro).
En cuanto a las relaciones externas, el tiempo de atención
a América Latina será menor en tanto que las prioridades
están fijadas en la política de vecindad de la UE
(que incluye a los países del EFTA, los Balcanes, el Mediterráneo,
Rusia y Ucrania), el estatuto de Kosovo, el rol del cuarteto en
la negociación palestino israelí, el rol europeo en
la cuestión nuclear iraní y en la estatización
de Irak, el perfeccionamiento de la estrategia de desarrollo en
África, la profundización de la relación económica
y de seguridad transatlántica (Estados Unidos y la OTAN)
y el requerimiento de intensificar vínculos con Japón
(políticos y de seguridad), China (que será un socio
estratégico) e India (relaciones económicas).
Las actividades que deriven de estas prioridades estarán,
además, permeadas por un acontecimiento estelar: la celebración,
en marzo próximo, del 50 aniversario del Tratado de Roma
y la labor de evaluación y consolidación que ello
representará. Además de consumo de tiempo político
por la UE ello importará también mayor disposición
de recursos.
Por lo demás, el programa de la presidencia alemana, portuguesa
y eslovena presentado en diciembre último, tampoco establece
con claridad una atención especial para la CAN en el capítulo
de relaciones con América Latina. Bajo el entendido de que
la relación bilateral comprenderá especialmente el
diálogo con México y Brasil, en ese acápite
se establece la continuidad de negociaciones con el MERCOSUR, la
apertura de negociaciones con Centro América y el seguimiento
“de cerca” a la situación andina con vistas a
emprender negociaciones después.
Si hasta donde se sabe la evaluación conjunta de la integración
andina ya concluyó favorablemente al tiempo que se acordó,
de manera sui generis, el concepto del “punto inicial de desgravación”
para iniciar un proceso de liberación a falta de arancel
externo común, se entiende que la preocupación europea
por las inconsistencias de la CAN no sea meramente perceptivas sino
una realidad institucionalmente establecida.
Para esclarecer estas circunstancias, es evidente que el gobierno
deberá realizar un esfuerzo mayor de concertación
en el ámbito andino en los próximos meses. Éste,
sin embargo, no podrá obviar las disfuncionalidades que emergen
de la inestabilidad boliviana y de la incertidumbre que hasta hoy
genera Ecuador en materia de integración subregional.
Para mitigarlas, el gobierno deberá intensificar la relación
bilateral con Alemania y con la Comisión Europea en los próximos
meses para esclarecer la situación y evaluar, de manera conjunta,
diversos escenarios. Ellos deben incluir los de éxito y de
fracaso en la negociación interregional.
En cualquier caso, la relación del Perú con la Unión
Europea y con Alemania no puede ser dañada adicionalmente
por la falta de consistencia externa de los socios andinos. Éstos
deberán medir bien los riesgos de un fracaso de una negociación
CAN-UE teniendo en cuenta que la Unión Europea no ha planteado
para los miembros de la subregión el privilegio de las relaciones
bilaterales como si lo ha hecho con Chile, México y ahora
con Brasil.
Si el ánimo de inserción internacional y occidental
del Perú no puede quedar arrinconado en la subregión
andina, el Perú debe hacer el máximo esfuerzo por
destrabarlo o buscar alternativas que no mermen su inserción
regional.
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