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EDITORIAL
Economía global: la expansión continúa
con menores riesgos
Alejandro Deustua
13 de Diciembre de 2006
Los beneficios de una mayor interdependencia global van acompañados,
como es natural, del incremento de sus costos. Así como se
incrementan los beneficios de las economías que participan
en un ciclo de crecimiento, también quedan éstas expuestas
a los impactos negativos de los ciclos contractivos. Según
la OCDE y el FMI este último escenario no ocurrirá
aún en el mundo y, por lo tanto, tampoco en América
Latina.
En efecto, la economía global crecerá este año
5.1% y 4.9% en el 2007 según el FMI. En ella la perfomance
norteamericana (3.4%) continuará siendo un dinamizador central
a pesar de su probable desacelaración (2.9%) en el 2007.
Como contraparte de ese enfriamiento, el mayor crecimiento de
Japón y los países de la zona de euro brindarán
un impulso mejor distribuido (aunque Japón no abandona definitivamente
aún la deflación, está creciendo por exportaciones,
ganancias corporativas y mayor gasto interno, mientras que en Europa
se avizora un moderado despegue que corresponde a la recuperación
de la confianza de los agentes económicos).
Los riesgos de una contracción global, por tanto, parecen
menores al punto que la OCDE otorga menos importancia a la desaceleración
que a un “rebalanceo” de la economía mundial.
Así, a diferencia de fines del siglo pasado y principios
de éste cuando la demanda superó a la oferta, hoy
el equilibrio entre oferta y demanda parece a ese organismo, más
sólido. Ello ocurre por una mayor participación de
las economías centrales (hasta el año pasado el peso
recaía en Estados Unidos) y a pesar los de los riesgos de
los desbalances globales.
El FMI otorga a estos últimos un peso menor (a su juicio
existe 1/6 de posibilidades de que la economía mundial crezca
menos de 3.25% en el 2007). Sin embargo los desbalances globales
de cuenta corriente (el superávit asiático y el déficit
norteamericano), las presiones inflacionarias (especialmente en
Estados Unidos), el riesgo de un mayor incremento de los precios
del petróleo (si la demanda excede a las capacidades y si
los factores geopolíticos se tornan más negativos)
y el peligro del enfriamiento del boom inmobiliario (que estando
en marcha con proyección transnacional, no ha vencido las
capacidades de los agentes económicos) pueden afectar las
proyecciones positivas si aquéllos se agravan.
Sin embargo, el optimismo relativo de las agencias multilaterales
prevalece. Es más, éste parece incrementarse con previsiones
como las del Banco Mundial que enfatiza la mayor participación
de economías emergentes (China, India). A ello agrega el
BM el mayor peso que tendrá, en el largo plazo (25 años),
el crecimiento de otros países en desarrollo en la perfomance
global.
Estos indicadores son convergentes con la estimación del
crecimiento latinoamericano del FMI (4.75% este año y 4.25%
el próximo). Y sustenta una cualidad mayor: en la región
estamos transitando por el ciclo expansivo más vigoroso en
décadas. En lo que hace al Perú, éste se mantendrá
hasta el 2008 según el Ministerio de Economía.
A pesar de las previsiones que deben adoptarse para atenuar el
riesgo de una contracción global más rápida
e intensa (no pocas publicaciones han tratado sobre ella centrando
su atención en la economía norteamericana), éstas
son ciertamente buenas noticias. Especialmente cuando el proceso
de interdependencia institucional con la primera potencia (el TLC)
se ha incrementado grandemente.
Es más, si las tendencias económicas evaluadas por
los organismos multilaterales se mantienen, la vinculación
de la economía nacional con la más grande del mundo
debiera adicionar a los beneficios del comercio los derivables del
mayor crecimiento global.
Sin embargo, en tanto la interdependencia también supone
interrelación de costos, es necesario adoptar previsiones
para cuando la actual expansión se contraiga. Al respecto,
los negociadores del TLC y el Ministerio de Economía deberían
informar qué se está haciendo al respecto.
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