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EDITORIAL
El futuro acuerdo de asociación con la Unión
Europea
Alejandro Deustua
12 de Julio de 2006
El próximo inicio de negociaciones de un acuerdo de asociación
entre la CAN y la Unión Europea perfeccionará la inserción
de los países andinos en Occidente pese a quien le pese (especialmente
a los ideólogos del localismo)
Luego de que el TLC con Estados Unido se apruebe y se culmine
la negociación con los 25 países representados por
la Comisión de la Unión Europea, no cabrá la
menor duda sobre la contemporánea filiación andina.
Para que ésta perfeccione regionalmente su dimensión
occidental, a su prioritaria asociación suramericana deberá
sumarse la que se produzca luego con Centroamérica, México
y Canadá.
Entonces contemplaremos la innovación estratégica
más importante que se haya realizado entre dos continentes
en la era moderna (y que superará la simple y burocrática
declaración de asociación estratégica entre
la Unión Europea y América Latina y el Caribe convenida
en las dos últimas dos cumbres interregionales).
Ello ocurrirá porque estos acuerdos (incluyendo el TLC
con Estados Unidos) tienen una dimensión no económica
aunque ésta parezca la más destacable. En el caso
del acuerdo con la Unión Europea la dimensión política
comparte jerarquía con la definición del vínculo
de cooperación y la relación comercial.
En efecto, los acuerdos de asociación son instrumento de
relaciones externas de la UE. Para algunos interlocutores la finalidad
radica en su posterior incorporación a la principal organización
de integración del mundo (este es el caso de los10 países
de la última ampliación de la UE). Para otros, sin
embargo, ésta es una forma de articulación compleja
con un baluarte de Occidente superior a la económica aunque
esté signada por ésta (el caso de los países
del mediterráneo, del ACP -antiguas colonias del África,
el Caribe y el Pacífico- o los países latinoamericanos
–México, Chile, el Mercosur).
Entre los componentes de la complejidad se incluyen ciertas garantías
de consistencia de política interna y de integración
derivadas de los requisitos del proceso de negociación. En
efecto, los acuerdos se negocian con contrapartes que respeten los
derechos humanos, las normas del Estado de Derecho y los compromisos
laborales y ambientales internacionalmente contraídos. Estos
generadores de gobernabilidad democrática se complementan
con las exigencias al interlocutor grupal de fundamentos apropiados
de un proceso de integración en marcha (una zona de libre
comercio, una unión aduanera e instituciones subregionales
apropiadas).
Para asegurar esta condición, la Unión Europea y
la CAN han llevado a cabo un proceso de valoración conjunta
del proceso de integración andino. Si éste es débil
(así lo muestra el retiro de Venezuela y el entendimiento
de la unión aduanera sólo como punto de partida común
del proceso de desgravación), el mecanismo de asociación
lo fortalecerá desde fuera.
Y lo hará porque la asociación reclama una mayor
cohesión subregional andina para llevar a cabo el diálogo
político con la UE, para desarrollar con la contraparte instancias
de cooperación más sofisticadas y para implementar
el acuerdo de libre comercio consecuente.
Para la CAN ello implica la relación con la primera potencia
comercial del mundo (19% de las importaciones y exportaciones globales),
con el segundo socio comercial andino (después de Estados
Unidos aunque la CAN haya colocado en Europa sólo el 12%
de sus exportaciones el 2004), con la primera fuente de inversión
y cooperación grupal en la subregión y el sujeto de
una gran asimetría (para la UE la CAN es el socio 29).
La ventaja de ese acuerdo sobre los términos concesionales
de acceso al mercado europeo vigentes (el SGP “Plus”
que reemplazó al SGP Drogas aplicado desde 1991) consiste
en la intemporalidad del acuerdo, en la marginación del albedrío
para imponer “condiciones” (aunque éstas fueran
favorables) y,claro, en las seguridades del mercado y del status.
Para que la ventaja se logre de la mejor manera los negociadores
deberán abocarse a una más cabal aplicación
del trato diferencial (cuestión no bien observada en la negociación
del TLC con Estados Unidos).
En tanto que, en la medida en que el acuerdo progrese (y no se trabe
como en el caso del Mercosur), los mecanismos de regulación
conjunta crecerán en intensidad en desmedro de las instituciones
locales, éstas deberán evolucionar para corregir en
el camino los desequilibrios cualitativos emergentes. El progreso
consecuente y la consolidación de nuestra vinculación
con Occidente serán entonces más equitativos, generará
mayor cohesión social y los reclamos de retorno a viejas
e inseguras autarquías habrán sido definitivamente
postergados.
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