|
EDITORIAL
México y Venezuela: dos factores de innovación
hemisférica
Alejandro Deustua
10 de Julio de 2006
La reciente elección mexicana y la incorporación
de Venezuela al Mercosur debieran haber sido factores generadores
de estabilidad y cohesión democrática en la región.
Pero de la contestación de los resultados en la primera y
de las dudas sobre los términos de acceso en la segunda han
emergido fuerzas fragmentadoras que deben ser controladas si ambos
procesos van a producir progreso.
En el caso mexicano ello depende de que los representantes del
PRD, conmovidos por una derrota inicial de 0.5%, no intenten modificar
en las calles lo que se ha mostrado legítimamente en las
urnas. Si la normatividad y autoridad electorales –que han
tenido el respaldo de la observación internacional- disponen
que los reclamos sobre el proceso se realizan de manera ad hoc donde
los hubiere y no de manera genérica, éste es el camino
que debe seguirse y respetarse.
De lo contrario, la polarización interna en México
puede derramar sobre sus fronteras inestabilidad que ni la calidad
de sus partidos ni la de sus candidatos o programas postulan.
En efecto, si en términos externos la apertura mexicana
al mundo no será revertida (una red de 42 acuerdos de libre
comercio lo confirman), la predominante relación con Estados
Unidos tendrá continuidad (liderada por la aspiración
a un buen trato del problema migratorio y la optimización
de la relación comercial y de seguridad), la relación
con Suramérica se incrementará (especialmente con
los países del Cono Sur y con los andinos con mayor vinculación),
la contienda interna mexicana no debe frustrar ese propósito
alimentando la contienda interna hemisférica.
Especialmente cuando el proceso de renovación democrática,
que en México data de hace apenas unos años, está
contribuyendo a la consolidación del proceso de modernización
política en la región.
A esa evolución debiera contribuir también el progreso
de la integración en la región bajo los principios
liberales y de regionalismo abierto establecidos y sin propósito
de predominio estratégico. Si este puede ser el caso de la
próxima asociación de Chile a la CAN, no lo es necesariamente
en el caso de la incorporación de Venezuela como miembro
pleno del Mercosur.
Y no lo es porque no queda claro si es Venezuela la que se ha
incorporado a ese grupo de integración o si Brasil, Argentina,
Uruguay y Paraguay se han asociado a Venezuela. Como la cláusula
democrática –condición sine qua non para pertenecer
al Mercosur- no ha sido plenamente exigida, la argumentación
pública presentada por el Presidente de la Comisión
de Representantes (el señor Carlos Álvarez) fue más
bien geopolítica que de mercado y el motivo de la asociación
venezolana fue su desasociación con la CAN y el cuestionamiento
del principio de regionalismo abierto (los acuerdos con Estados
Unidos), no parece que la homogeneidad de principios sustente ese
vínculo.
Y si la vulnerabilidad energética de ciertos países
conosureños estimulada por ciertos compromisos de financiamiento
facilitaron complementariamente el arreglo, la capacidad del Mercosur
de absorber -y de contener- a Venezuela ha quedado en duda. Especialmente
cuando el señor Chávez confirmó, luego de forzar
la ceremonia de incorporación en Caracas, que él no
respetará ciertos compromisos regionales como los de no proliferación
(según el señor Chávez Corea del Norte está
en su derecho cuando realiza pruebas de misiles intercontinentales).
Si los miembros del Mercosur no pueden contener a Chávez
esa organización habrá agregado a su escasa cohesión
actual serios problemas de inestabilidad regional.
DERECHOS RESERVADOS
El Editor (ADC) |