|
EDITORIAL
Síntomas y necesidades de una economía global
en transición
Alejandro Deustua
12 de Junio de 2006
El Banco Mundial y otros organismos multilaterales, acaban de
publicar versiones revisadas de sus respectivas proyecciones de
la economía global. Entre ellas, quizás la aproximación
del resumen de la OECD (“Creciendo con vulnerabilidad”)
sea la que mejor describe la coyuntura y sus perspectivas. En tanto
estas las publicaciones reiteran una situación de riesgo
ya conocida y anuncian, en general, un crecimiento menor a partir
del 2007 (aunque corregido al alza en algunos casos), el pronóstico
puede calificarse de optimista.
Entonces, ¿a qué se debe la súbita incertidumbre
bursátil de la semana pasada que derrumbó el Dow a
los niveles más bajos del año y contrajo las bolsas
latinoamericanas (salvo la peruana, aliviada por el resultado “útil”
del proceso electoral)? Ciertamente no a la visibilidad de los factores
de vulnerabilidad –los desequilibrios globales, los altos
precios del petróleo y el insustentable boom de bienes raíces-
del que tanto se han ocupado publicaciones como The Economist.
Y tampoco a la glosa de los pronósticos de las tasas de crecimiento
decreciente a partir del 2007 realizada por articulistas tan prestigiosos
en América Latina como el señor Oppenheimer (las cifras
de referencia son anteriores y son conocidas desde el año
pasado).
El problema se origina en el anuncio del FED de que, a pesar del
pronóstico de menor crecimiento relativo, el riesgo inflacionario
se mantiene y en la implicancia de que éste debe ser corregido.
Los mercados interpretaron esa disposición correctiva como
un anuncio implícito de mayores incrementos de las tasas
de interés cuando se creía que el proceso alcista
había culminado. Entonces la sensación de incertidumbre
se incrementó, la “fuga a la calidad” desde mercados
emergentes se produjo y las bolsas norteamericana y emergentes sufrieron
el impacto. En casi todos los casos hubo recuperación posterior.
De esta manera a la vulnerabilidad existente en la economía
global que todos conocen se añadió el incremento de
la sensitividad global (cuestión distinta a la volatilidad).
La respuesta depresiva de los agentes económicos a un fenómeno
exógeno (el anuncio del FED) fue seguida entonces de la parcial
recuperación de la situación ex-ante haciendo visible
un índice del comportamiento económico global que
había permanecido relativamente pasivo desde hace un tiempo.
Esta fenomenología no ha sido adecuadamente reportada por
los medios especializados.
Como tampoco lo ha sido el hecho de que el anuncio del FED va
a contramano de las proyecciones inflacionarias establecidas por
los organismos multilaterales recientemente (mayo). Tomemos las
proyecciones de la OECD, por ejemplo. Este organismo proyecta un
crecimiento global de 3.6% para este año y de 3.1% para el
2007. A pesar de el descenso, la buena perfomance relativa se reflejará,
entre otros indicadores, en un crecimiento superior del comercio
internacional (9.3% en el 2006, 9.1% en el 2007).
Pero para ello se asume una inflación global decreciente
de 3.1% a 2.3% en el 2006 y a 2% el 2007. Este es el supuesto contradicho
por el FED que añadió a la. incertidumbre generada
por esa redefinición, la ambigüedad de los mecanismos
de control (fijación o no de metas cuantitativas de inflación
en reemplazo de políticas flexibles para su control además
de incremento implícito de tasas de interés).
De otro lado, aunque esta reacción posiblemente no esté
influenciada por las fallas de los regímenes financiero y
comercial internacionales en la corrección de los desequilibrios
(el G8 y el FMI) y en la superación del estancamiento de
la Ronda Doha (OMC), ciertamente esta frustración no contribuyen
al sostenimiento del optimismo.
En efecto, la última reunión de ministros de finanzas
de los países del G8, cuya cumbre se realizará en
San Petesburgo en julio próximo, ha vuelto a llamar la atención
sobre los riesgos que presentan los altos precios del petróleo
y el mantenimiento de los desequilibrios globales. Pero no han hecho
mucho para corregir estos problemas. Y, teniendo en cuenta que la
agenda de la próxima cumbre de esa agrupación estará
concentrada en el tema de seguridad energética (y, por tanto,
en la renovada contienda geopolítica que el problema encierra),
no se puede pronosticar aún un éxito del Grupo en
materia de coordinación correctiva de políticas económicas.
Frente a ello, el FMI ha convocado a Estados Unidos, autoridades
de la eruozona, Japón, China y Arabia Saudita para ocuparse
del problema del desequilibrio (el déficit norteamericano
de cuenta corriente fue de -7.5% en el 2005, mientras que los superávits
de China y Japón alcanzaron 6.5% y 5.5% del PBI, respectivamente
(el caso de la eurozona es disparejo). Este es un emprendimiento
positivo pero se da en el marco de la redefinición del rol
del FMI que aún no recupera la autoridad perdida. Los resultados,
por tanto, también son una incógnita.
Por lo demás, vencido el plazo establecido por los miembros
de la OMC para acordar las formas de reducir los subsidios agrícolas
y las tarifas que protegen la producción de bienes manufacturados
y servicios (30 de abril) sin que las partes hayan logrado el consenso
requerido, la Ronda Doha marcha, contra el tiempo (fines de julio)
y no necesariamente hacia el éxito. Si ella fracasa el comercio
global probablemente no se perjudicará (salvo por los supuestos
US$ 44 mil millones que no se añadirían al mercado
si se rebajara el 50% de las barreras conocidas según el
Financial Times). Pero ciertamente ese fracaso impactará
en la mayor sensitividad de los actores económicos globales.
Frente a esta situación de renacida incertidumbre, debe
recordarse que una buena mayoría de las economías
latinoamericanas están adecuadamente protegidas para la eventualidad
de nuevos shocks externos (de allí la necesidad de mantener
altos niveles de reservas especialmente si la protección
puede no ser suficiente). Pero además del mantenimiento de
este mecanismo de seguridad, las autoridades de los países
en desarrollo debieran promover más activamente una mayor
coordinación económica con los países desarrollados
con fines de promover la estabilidad y el crecimiento globales (la
invitación al Brasil por el G8 no basta y los TLC como compensación
del fracaso de la Ronda Doha no son suficientes ni plenamente apropiados).
He allí un desafío multilateral que debe ser afrontado
por nuestros países en momento de transición económica
cuyas variables fundamentales no controlan nuestros países.
DERECHOS RESERVADOS
El Editor (ADC) |