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EDITORIAL
Comentario inicial a la firma del TLC con Estados Unidos
Alejandro Deustua
12 de abril de 2006
La suscripción en la fecha del TLC con Estados Unidos ciertamente
ha sido necesaria aunque su oportunidad haya sido cuestionada.
El requerimiento principal de esa suscripción se origina
en la necesidad de asegurar la fluidez del libre acceso de las exportaciones
peruanas a su principal mercado (29% del total) teniendo en cuenta
que el régimen preferencial que las regula, el ATPDEA, concluye
en diciembre de este año sin ninguna posibilidad de renovación.
Asegurar ese flujo es además fundamental en tanto éste
es responsable de buena parte del dinamismo de uno de los principales
generadores del crecimiento de la economía nacional. Y hacerlo
ahora es importante para que éste o el próximo Congreso
puedan ratificar el acuerdo de manera equivalente al Congreso norteamericano
que no tendrá mucho tiempo disponible antes de las elecciones
parlamentarias en ese país a finales de año.
Por cierto, este acto presupone en esencia que los beneficios
del TLC serán mayores a sus costos. Y esto es real por lo
menos para el 60% de nuestras exportaciones a Estados Unidos que
hasta ahora dependen de la liberalidad unilateral que garantiza
el ATPDEA. Sin embargo lo es menos para el 30% de esas colocaciones
que dependen más bien de la aplicación de principios
de carácter universal (la Cláusula de la Nación
más Favorecida) y otros regímenes de práctica
general (como el SGP que es también unilateralmente concesional).
Y si el requerimiento de resguardar el empleo generado por esas
exportaciones (745 mil entre directos e indirectos según
el Mincetur) incrementa la necesidad de la firma del TLC, la expectativa
de que éste aumente el efecto multiplicador de las exportaciones
en términos de cantidad, calidad y mejor remuneración
del empleo futuro añaden razón al argumento de que
el beneficio económico y social del acuerdo (representado
en mejores estándares de vida) debiera ser superior a su
costo.
De otro lado, la firma del acuerdo también está
justificada a la luz de la calidad estratégica del mismo.
Ésta proviene de la vinculación preferencial con la
primera potencia, del restablecimiento en esta materia del equilibrio
con Chile, México y Centroamérica (que ya han suscrito
sendos TLC con ese interlocutor) y de las ganancias de competitividad
que el acuerdo debe procurar en relación a los que no lo
tienen.
Dicho esto, es entendible la crítica a la oportunidad de
la firma en tanto que quien lo suscribe es un gobierno “de
salida” en medio de una contienda electoral aún no
resuelta. El argumento sería más sustentable si el
horizonte del país estuviera más claro de lo que permite
la complejidad de alguna candidatura. Como ello no ocurre, nos parece
que el Presidente Toledo ha hecho bien en cerrar el acuerdo ahora.
Sin embargo, para que el acuerdo gane en legitimidad coyuntural
y para aliviar la eventualidad de compromisos que restrinjan en
exceso la discrecionalidad el Estado o perjudiquen a algún
sector sin la compensación adecuada sería necesario
la suscripción de un addedum que establezca que el TLC puede
ser perfeccionado.
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