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EDITORIAL
Perú: democracia y proceso electoral
Alejandro Deustua
5 de abril de 2006
Una rápida lectura de la última encuesta sobre la
democracia en el Perú realizada por el PNUD (1) puede conducir
a conclusiones inmatizadamente pesimistas sobre el futuro político
nacional. Estas percepciones son especialmente preocupantes si se
cuantifican en la fase final del proceso electoral que viven los
peruanos (marzo de este año).
En efecto ¿Qué puede hacer el elector si 70% de
los peruanos opinan que la democracia funciona mal, si más
del 50% de la ciudadanía desconoce o no le interesa el tema
y 29% de la población adulta se define como favorable a la
aplicación de métodos violentos para “defender
al pueblo”?
La respuesta provendrá este 9 de abril del 69.4% de los
ciudadanos que opinan esperanzadamente que el sistema político
peruano puede mejorarse, del 39% que sí declaran conocer
la democracia y atribuyen interés por su desarrollo y de
la gran mayoría (más del 60%) que repudia la violencia
como método de gobierno.
En efecto, la mayoría de los electores que concurran el domingo
a votar lo harán sobre esta base de interés colectivo,
consciente de que el incremento de su bienestar económico
y social depende del perfeccionamiento progresivo del sistema político
y de que la opción por el desconocimiento de la democracia,
la indiferencia ciudadana y el ejercicio de la coacción cruda
como método de gobierno es contraria a sus intereses.
Si ésta es también una conclusión implícita
en la encuesta del PNUD, lo razonable es esperar que este grupo
mayoritario de ciudadanos, hoy escindidos entre varias candidaturas,
descarten en la proporción mencionada, a los candidatos que
dan credibilidad a la estadística pesimista de la encuesta.
Estos candidatos son los que proponen el irredentismo como fundamento
de la gestión pública, asumen como inmutable la ignorancia
democrática de la población, actúan a través
de la coacción fascista y ansían un Estado afiliado
a propuestas y socios inconducentes.
La reacción de la población es doblemente esperada
si estos candidatos, además, no tienen alternativas claras
ni viables sobre cómo promover crecimiento sostenido sin
inflación excesiva, niveles de inversión que provengan
del ahorro antes que del mal uso de los ingresos, financiamiento
externo originado en fuentes seguras antes que en alianzas antisistémicas,
una mejor distribución de la riqueza sin grave déficit
fiscal y una inserción internacional que mejore la captación
de tecnología y recursos al tiempo que genere positivos términos
del intercambio.
Por lo demás la gran mayoría que piensa que la gestión
pública puede mejorarse por medios democráticos quizás
no optará por quienes pretenden salvar su carencia programática
y administrativa sobrecargando el rol de un Estado que, para fortalecerse,
no puede ser objeto de excesos fiscales, reguladores o confrontacionales.
Especialmente cuando estos candidatos ya han hecho mal uso del Estado
para promover sus carreras políticas a través de instituciones
tutelares o supuestamente autónomas como las Fuerzas Armadas
y el Banco Central.
En este punto no deja de ser paradójico que quien pretende
“refundar la República” haya vulnerado, en su
momento, las normas de no deliberancia que obligan a la institución
castrense al tiempo que agrega desprestigio a los partidos políticos,
por él despreciados, haciendo uso fascista de una organización
originalmente liberal como la UPP de Pérez de Cuellar.
Como tampoco deja de ser escandaloso que, quien lo acompaña
en la plancha presidencial, haya optado, con increíble cálculo
burocrático, por solicitar licencia en vez de la renuncia
a una institución constitucionalmente autónoma como
el Banco Central. Este candidato, que pertenece al Directorio de
la entidad encargada de salvaguardar la estabilidad monetaria, ha
preferido añadir volatilidad al sistema financiero que sacrificar
su empleo en caso de derrota.
Es este tipo de dirigencia política a la que la ciudadanía
supuestamente desprecia según la encuesta del PNUD. El electorado
peruano que cree en la democracia, en el Estado de Derecho y en
métodos no violentos de gestión (salvo los necesarios
para preservar el orden interno y la soberanía territorial)
y que presenta la otra cara de la encuesta mencionada, no apoyará
candidaturas militaristas si su voto se ampara en la razón.
(1) La Democracia en el Perú, PNUD
Marzo, 2006
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