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EDITORIAL
El efecto del chavismo en la política exterior
peruana
Alejandro Deustua
11 de enero de 2006
El cambio de la estructura del poder en Suramérica ha iniciado
el año reflejada en políticas agresivas. El agente
principal de la alteración del orden regional, el régimen
venezolano coaligado con el cubano, ha procedido a consolidar nuevos
alineamientos (“antiimperialistas y antineoliberales”
en el caso de Bolivia) y a incrementar el perfil de su injerencia
en asuntos internos (en el caso del Perú). Un patrón
de conducta equivalente al cubano los años 60 (la “exportación
de la revolución”), aunque desprovisto del “romanticismo”
guevarista, aparece otra vez en el Caribe pero esta vez con fuerte
implante suramericano.
En lo que hace al Perú ese comportamiento quisiera orientarse
a estimular el cambio del orden interno en el país (y no
sólo del modelo económico) mediante la promoción
de un candidato (que ha hecho del autoritarismo velasquista su referencia
autárquica inmediata) y la denostación de otro que
se identifica con la versión más abierta del liberalismo.
Aunque los resultados de esta confrontación ciertamente no
se proyecten en bipolaridad regional (la fragmentación es
hoy muy intensa), si la hostilidad boliviariana no es contenida
ésta creará aún más fricción
que pondrá en riesgo la precaria interdependencia intrahemisférica.
En lo que hace al Perú, la dimensión de conflicto
que el señor Chávez incorpora a las relaciones dentro
de la región afectará principalmente a la ya escasa
cohesión andina y, a través del respaldo al señor
Humala, a la relación con Chile y Estados Unidos.
En efecto si, en el marco de la débil integración
económica subregional, la Can tenía alguna esperanza
de mejorar su proyección externa, la cohesión social
y la integración energética, la tensión generada
por el gobierno venezolano con el Perú hace inviable de momento
la primera, obstaculiza la segunda y pone en duda la tercera (especialmente
si PDVSA –un instrumento del gobierno de Venezuela-, desea
colocarse al centro del proceso). Bajo las actuales circunstancias,
la presidencia venezolana de la Can se convierten en un factor de
distorsión colocando a unos socios contra otros.
Ello podrá notarse con más intensidad en nuestra relación
de Bolivia. Si la política exterior boliviana coloca la alianza
con Venezuela en el centro de su agenda internacional, la relación
tradicional con el Perú será seriamente afectada.
Más aún si Venezuela hostiliza al Estado peruano e
interfiere en ámbitos estratégicos (como el problema
de la mediterraneidad boliviana), de seguridad (como el de la lucha
contra el narcotráfico) y “étnico” (en
el altiplano).
De otro lado, la relación peruano-chilena (que se orienta
hacia la cooperación a pesar de las diferencias conocidas)
podría ser seriamente afectada si ésta es permeada
por el humalismo amparado por el señor Chávez. Por
lo pronto, la candidata presidencial Michelle Bachelet ya dio cuenta
de ello en el último debate electoral. La política
exterior peruana con Chile de incremento de la interdependencia
y de la confianza mutua cone se país deberá ser resguardada
especialmente mientras se resuelve el diferendo de delimitación
marítima.
Finalmente, la relación del Perú con Estados Unidos
tratará de ser distosionada por el agente venezolano. Su
alineamiento con Cuba ya altera inercialmente los intereses coincidentes
con la primera potencia afectando las relaciones económicas
(el TLC), los de seguridad (la cooperación contra amenazas
no convencionales) y los políticos (especialmente en la defensa
de la democracia representativa).
Para empezar a confrontar estos problemas el Perú debe exponer
en la OEA la disposición desestabilizadora del gobierno venezolano
empezando por la violentación por ese país de los
principios hemisiféricos contenidos en la Carta Democrárica.
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