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ECONOMIA |
LA CUMBRE DEL MERCOSUR
Adolfo Castells Mendívil
Julio, 2006
Fte. Búsqueda
Señor Director:
“Aquí en Córdoba nacerá un nuevo MERCOSUR”,
dijo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a su llegada
a la Argentina, para participar en la XXX Cumbre del organismo.
Tenía razón. Nuestro MERCOSUR, el que se firmó
en 1991, dando lugar al Tratado de Asunción, murió.
Fue malherido con la devaluación brasileña de 1999,
empezó su agonía con la crisis argentina de 2001,
entró en el CTI con la firma, a principios de este año,
del Mecanismo de Adaptación Competitiva entre Argentina y
Brasil, sin la más mínima participación de
los socios menores y falleció en Caracas con el ingreso de
Venezuela. En Córdoba nació otro MERCOSUR.
Nació el MERCOSUR “bolivariano”, aquel en el
cual siete jefes de Estado de gobiernos electos democráticamente
presenciaron imperturbables, sin que a ninguno se le ocurriera el
menor comentario, la ya cansina y siempre desmedidamente larga,
oratoria de Fidel Castro, dedicada a la oftalmología, a la
gloria de su dictadura y a la inconcebible afirmación. “No
hay nada por la fuerza en Cuba, jamás hubo un desaparecido,
jamás un torturado (¡!)
Ese MERCOSUR que suscribe un convenio comercial con la isla caribeña,
simplemente consolidando las preferencias arancelarias previstas
en los cuatro acuerdos de complementación económica
que Cuba ya había firmado por separado con cada uno de los
miembros originales y que poco aporta a los socios, salvo la satisfacción
de Chávez de haber colocado prioritariamente al líder
Máximo en la agenda mercosuriana.
El mismo Chávez que en el nuevo MERCOSUR, en medio del plenario
le espeta a Lula: “Vas a ganar”, cosa que debe haber
dejado preocupado al presidente brasileño, pensando que el
venezolano apoyó últimamente a tres candidatos (Bolivia,
México y Perú) haciendo perder a dos que en su momento
lideraron las encuestas: Ollanta Humala y Andrés Manuel López
Obrador.
Lo realmente increíble fue la realización paralela
de una Cumbre de los Pueblos, en la cual participaron por deformación
profesional “revolucionaria”, Castro, Chávez
y Morales; como si en la Cumbre oficial, se hubiesen sentado Bush
y Berlusconi, cuando los jefes de Estado participantes eran todos,
con excepción del paraguayo Nicanor Duarte Frutos, representantes
de regímenes de la izquierda latinoamericana.
En síntesis, no se avanzó en la solución de
las asimetrías y tampoco en la demanda de flexibilización,
por Paraguay y Uruguay, para los acuerdos comerciales con países
de fuera del bloque integracionista regional. “Quedaron, escribe
Morales Solá (“La Nación” 23/07/2006),
las divagaciones de Chávez sobre un MERCOSUR convertido en
alianza ideológica; sería la muerte súbita
de la alianza comercial. Sólo a los caudillos que creen en
la vida eterna y hasta en el más allá se les ocurren
esas cosas”...
Del lado positivo, poco dejó la cumbre cordobesa. Quizás,
solamente el discurso de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet,
modelo de precisión, de ubicación y de lo que un jefe
de Estado debe expresar en una reunión con sus pares y al
César lo que es del César, la intervención
del presidente Tabaré Vázquez, tendiendo una amistosa
mano a la Argentina, luego del fallo de La Haya. Este último
reconocimiento no impide señalar las contradicciones que,
una vez más y en otros temas, ocurrieron y a las que nos
tienen acostumbrados los miembros del gabinete ministerial uruguayo.
Reitero al señor Director las seguridades de mi consideración
y personal estima.
Adolfo Castells Mendívil
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