 |
SEGURIDAD |
Por qué falló la reforma del Consejo de Seguridad.
Y lo que se puede hacer
Oswaldo de Rivero
Embajador ante Naciones Unidas
Representante del Perú ante el Consejo de Seguridad
Nueva York.-La modificación de la composición del
Consejo de Seguridad, luego de 10 años de paralización,
tomó un impulso, como nunca antes visto, durante el primer
semestre de este año. Alemania, Brasil, Japón y la
India, presentaron un proyecto de resolución donde se planteaba
el ingreso de 4 nuevos miembros permanentes sin derecho a veto por
un lapso de 15 anos. El África presento otro proyecto proponiendo
2 nuevos puestos con derecho a veto para esa región. Italia,
Argentina, México Pakistán y un buen numero de países
presentaron también un proyecto donde no se aceptaba nuevos
miembros permanentes y proponían, mas bien, 5 nuevos puestos
no permanentes para los países en desarrollo. Inclusive el
Secretario General, Kofi Anann se involucró y se arriesgó
a proponer una votación en la Asamblea para modificar la
composición del Consejo de Seguridad. Sin embargo, no hubo
votación, no pasó nada, el Consejo no se modificó.
¿Por qué no se modificó el Consejo? Simplemente
porque es un tema que afecta la distribución del poder mundial.
El poder internacional se comparte difícilmente, casi siempre
se pierde o se gana como resultado de grandes cataclismos geopolíticos,
guerras, sobre-extensión de imperios y decadencia económica
y tecnológica. Las grandes potencias nacen de la historia
no se eligen en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esta
falta de realpolitik en el enfoque de la reforma del Consejo de
Seguridad, inclusive fomentada por el Secretario General, fue la
principal causa del ejercicio estéril sobre su reforma. La
realidad descarnada es que las Naciones Unidas sólo pueden
funcionar sobre la base de una valoración realista del poder,
Si ignoramos o negamos este hecho y tratamos de forzar la cuestión
con votaciones no se está haciendo otra cosa que causar un
gran perjuicio a Naciones Unidas.
En este orden de ideas, ningún proceso de reforma se podrá
hacer sin un consenso mínimo entre las más grandes
potencias mundiales, que no son otras, hasta ahora, que los actuales
cinco miembros permanentes del Consejo con derecho a veto. Toda
reforma del Consejo de Seguridad debe iniciarse con una coincidencia
mínima entre las potencias nucleares más poderosas
del mundo: los Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino
Unido. La clave está en buscar con ellas una fórmula
mínima que no tenga posibilidades de veto de ninguna de ellas.
Si somos realistas, no podemos pretender crear nuevas potencia
mundiales elegidas por la Asamblea General, inclusive contra la
voluntad de los potencias nucleares globales que son hoy miembros
permanentes y tiene el derecho a vetar una decisión contra
sus intereses, una decisión que las obligue artificialmente,
por votación, a compartir su poder mundial.
Las grandes potencia, como hemos dicho, no son elegidas, nacen
de la historia y toda nueva potencia que quiera compartir el poder
con ellas, no basta que sea un país con gran extensión
geográfica y tener una gran población (muchas veces
pobre). Tampoco basta tener una gran economía. Si hoy se
quiere compartir el poder mundial se debe ser también una
potencia militar, tener poder nuclear estratégico y además
poder para desplegar fuerzas globalmente. Cómo mantener entonces
la paz y seguridades internacional sin no hay capacidad de disuasión
nuclear ni tampoco poder militar global. Son estas capacidades militares
lo que defina en último análisis a una gran potencia.
Todo lo demás es literatura y utopismo.
Querer crear artificialmente grandes potencias a través
de una elección en la Asamblea General de la ONU fue la causa
principal de la frustrada reforma del Consejo de Seguridad. Pero
también fue la causa principal de los pocos resultados de
la Cumbre de Jefes de Estado que se llevo a cabo en la 60 Asamblea
General de las Naciones Unidas.
En efecto, la batalla de casi 5 meses por una reforma del Consejo
erosionó el tiempo para preparar la Cumbre. El Documento
final de esta gran Conferencia fue negociado contra el tiempo y
así terminó por no contener ningún compromiso
o plan de acción decisivo para cumplir con las metas del
Milenio. Lo más lamentable es que todo esto sucedió
a pesar de que el Informe de Desarrollo Humano 2005 anunció
que las metas del milenio no se estaban cumpliendo. Sobre todo la
meta principal del Milenio, consistente en rebajar la pobreza en
el mundo a la mitad en el año 2015.
Que se haya frustrado la reforma del Consejo de Seguridad por falta
de realpolitik no significa que éste no pueda reformar sus
métodos de trabajo. Lo primero que hay que hacer, y esto
es posible, es hacer más transparente sus trabajos. Para
ello es necesario que los 5 miembros permanentes con derecho a veto
consulten más intensamente con los 10 miembros no permanentes
y no les presenten hechos consumados. También hay que darles
cierta participación a todos los países que no son
miembros del Consejo de Seguridad, consultándolos cuando
se examine asuntos que les interesan nacionalmente.
Otra medida para mejorar los métodos de trabajo del Consejo
de Seguridad sería también facilitar el acceso a los
documentos de trabajo a todos los miembros de las Naciones Unidas,
puesto que el Consejo trata asuntos que afectan a la comunidad internacional.
Todos las delegaciones deben tener acceso oportuno a sus documentos
de trabajo y a sus proyectos de resolución tan pronto cuando
éstos sean examinados por los miembros del Consejo.
La mejor manera de hacer transparente al Consejo de Seguridad es
que se reduzcan al mínimo las sesiones a puerta cerrada y
se efectúen cada vez mas sesiones públicas como fueron
las primeras sesiones del Consejo de Seguridad, cuando se creó
las Naciones Unidas en 1945. El Consejo debe ser más público,
no sólo para ganar la confianza de los países que
no son miembros, sino para que sus trabajos sean conocidos mundialmente
y así también llegar a la opinión publica global
y ganar también su confianza
Hoy, el Consejo con su secretismo va en dirección contraria
al desarrollo vertiginoso de las telecomunicaciones y de la creciente
conciencia global de que todas las naciones pertenecen a una sola
humanidad. El Consejo debe dejar la diplomacia secreta y convertirse
en un órgano que practique también una diplomacia
pública. Solo así el Consejo de Seguridad y las Naciones
Unidas se harán comprender y ganaran prestigio frente a la
opinión publica global.
Otra manera de mejorar el funcionamiento del Consejo de Seguridad
es hacerlo efectivo frente a los crímenes de lesa humanidad.
Nada desprestigia más al Consejo y a las Naciones Unidas
que la inercia frente a las limpiezas étnicas, las violaciones
masivas de los derechos humanos y los genocidios. Esto se podría
lograr haciendo que los cinco miembros permanentes con derecho a
veto del Consejo de Seguridad acuerden un gentleman agreement de
no usar el veto cuando el Secretario General de las Naciones Unidas,
el Alto Comisionado de Derechos Humanos o por su intermedio Organizaciones
Regionales pidan la acción del Consejo para prevenir o evitar
crímenes de lesa humanidad, masivas violaciones de derechos
humanos, genocidios y limpiezas étnicas. La idea es que los
miembros permanentes del Consejo cooperen para salvar miles de vidas
humanas.
Otra valiosa mejora de los métodos de trabajo será
intensificar las visitas en el terreno, sobre todo, para comprender
los conflictos civiles. Estas visitas deben mejorarse a través
de una profunda conexión de las vistas con la sociedad civil
y los medios políticos, religiosos locales. También
con funcionarios del PNUD, del Banco Mundial y de las Organizaciones
Regionales que conocen la situación sociopolítica
del país visitado. Asimismo, estas visitas en el terreno,
no sólo deben efectuarse cuando el conflicto ya estalló,
sino que deben ser preventivas, es decir, cuando existe una amenaza
de guerra civil o de masivas violaciones de los derechos humanos.
El Consejo no debe continuar reaccionando frente a la coyuntura
en los conflictos civiles sino más bien debe analizar profundamente
las causas estructurales que dan origen de los conflictos para prevenirlos.
Hoy, todos los análisis estratégicos coinciden en
que la exclusión social es el caldo de cultivo done las rivalidades
culturales, étnicas y religiosas se convierten en verdaderas
guerras de depredación nacional caracterizadas por los más
execrables crímenes de lesa humanidad. Por estas razones,
las visitas en el terreno deben prepararse adecuadamente, sobre
todo, para tener información a sobre cual es el grado de
exclusión social en un país inmerso en la guerra civil.
Si el Consejo no toma en cuenta el grado de la exclusión
social, no podrá solucionar ni prevenir conflictos civiles
porque estaría dejando de lado la variable estructural más
importante de la actual violencia global.
Una medida indispensable para aumentar la eficacia del Consejo
de Seguridad es cambiar la naturaleza de sus Informes que siguen
siendo muy descriptivos, no son analíticos y prospectivos.
Por ejemplo, no evalúan las dificultades que se encuentra
hoy para la solución de los conflictos ni que amenazan a
la paz y seguridad internacionales que se están acumulando
para el futuro.
Si los Informes del Consejo de Seguridad no es analítico
y prospectivo, nadie podrá saber si los conflictos han disminuido
o aumentado. Si la estabilidad del África, los Balcanes,
el Cáucaso, Asia Central o la América Latina ha mejorado
o es aún precaria. Qué grado de estabilidad tiene
el Medio Oriente, Irak, qué pasa en el Kosovo. Si los juicios
de los Tribunales Internacionales de Ruanda y de la ex-Yugoslavia
están contribuyendo o no a destruir la impunidad en el mundo.
Si el lenguaje descriptivo y arcano de los presentes Informes del
Consejo de seguridad fuera leído, hoy día, por periodistas,
por estudiantes de relaciones internacionales o por el público
en general, ninguno de ellos obtendría información
adecuada sobre el estado de las amenazas a la paz y la seguridad
internacionales.
Es necesario, entonces elaborar un Informe del Consejo de Seguridad,
que tenga la virtud de ser comprendido por la opinión publica
internacional, de suerte que pueda ser difundido por la prensa mundial
y también discutido en la academia internacional. Los Informes
de Desarrollo Humano o los Informes del Banco Mundial son entendidos
urbi et orbi, pero, hoy, sin exagerar, nadie entendería los
Informe del Consejo de Seguridad, excepto los que trabajamos en
Naciones Unidas. En conclusión necesitamos un Informe que
conecte al Consejo de Seguridad, no sólo con los diplomáticos,
sino con toda la humanidad.
Nueva York
Diciembre del 2005
|