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EDITORIAL
Irak: un gran y decisivo avance
Alejandro Deustua
16 de diciembre de 2005
Bajo mandato de la ONU, la acción de la Coalición
liderada por Estados Unidos y la autoridad de un gobierno al que
se la ha transferido nominalmente la soberanía del Estado,
Irak acaba de realizar una tercera elección fundamental para
el futuro de ese país. Con una concurrencia masiva –que,
estimada por fuentes oficiales en los márgenes del 70%-80%
supera la de enero pasado-, los ciudadanos de ese atribulado Estado
han votado un Parlamento del que emerjerá un gobierno democrático
y constitucional único en su historia.
Una vez que concluya el conteo de votos y que se conozca la composición
del nuevo Parlamento, Irak habrá dado otro inmeso paso hacia
la organización de una gobierno representativo acorde a sus
características nacionales. Éste incluirá ya
no sólo a la mayoría preexistente –la kurda
y chiita- sino a los sunitas -alrededor del 20% ó 25% de
la población- que hasta hoy se había auto marginado.
Una vez que ello ocurra, la institución representante de
la soberanía iraquí la ostentará de manera
real y no sólo nominal como sucedió originalmente
con una autoridad ejecutiva transitoria. Esta vez de un poder legislativo
con plena autoridad, regido por una Consitución producto
de la voluntad popular -y que podrá ser reformada por ésta-
emerjerá una nueva administración gubernamental de
más amplia aceptación pública.
Así, en medio de la brutalidad del combate que ha causado
30 mil bajas iraquíes y 2200 de la Coalición, fundamentalmente
norteamericanas- Irak se consolida progresivamente tanto como una
nueva unidad política en el Medio Oriente como en una esperanza
de particular modernidad en un entorno autárquico, represivo
y, en términos generales, internacionalmente hostil. Su capacidad
innovadora -de lograr cohesión interna sólida- modificará
parcialmente la valencia de esa región aportándole
un soporte de estabilidad del que hoy carece.
En tanto este resultado derivará, además, en la incremental
denegación al terrorismo islámico de una base que
éste considera natural, retroalimentará la predisposición
a la negociación palestino-israelí fortaleciendo a
quienes la promuevan y podrá consolidar a un aliado occidental
en el centro de ese convulsionado escenario, la intensa inestabilidad
que el Medio Oriente transmite al mundo debería disminuir
en importante medida.
En consecuencia, ese proceso debe ser saludado globalmente. De
ello no podrán excluirse los organismos suramericanos que
procuran fundamentar su influencia extraegional en relaciones interinstitucionales
con las organziaciones de los países árabes. Si el
liderago norteamericano resulta al respecto un factor inhibidor,
allí está el mandato de la ONU cuyas expresas directrices,
suscritas por todos los suramericanos, han coadyuvado a brindar
legitimidad global a este proceso.
De ser ésta una valla aún difícil de franquear
debido a las particulares condiciones de fragmentacion regional
que presenciamos en algunos miembros de la CAN y del Mercosur, los
Estados miembros de la Comunidad Suramericana de Naciones que han
luchado contra el terrorismo o que lo consideran como una amenaza
global, deberían reconocer en el avance democrático
iraquí, por lo menos, una forma de satisfacer un interés
nacional en esa lucha transancional.
Especialmente después de que el presidente norteamericano
ha reconocido, dos años y medios después de iniciada
la guerra, los errores de inteligencia que la gatillaron cuando
el dictador Hussein desangraba a su pueblo, desconocía sistemáticamente
las resoluciones de la ONU sobre desarme y alimentaba internacionalmente
la percepción de amenza que implicaba la aparentemente ficticia
posesión de armas de destrucción masiva en gesto provocador
que acabó perdiéndolo.
Los que apoyamos entonces la iniciativa norteamericana lo hicimos
no sólo sobre la base de la información que el Ejecutivo
de ese país puso a consideración del mundo, sino,
especialmente, la brindada por la propia ONU cuyo trabajo en Irak
alimentó dudas sobre la presencia de armas de destrucción
masiva antes que producir certeza sobre la ausencia de las mismas.
Si la primera fuente fue errada, con consecuencias de pérdida
de credibilidad que hasta hoy son manifiestas, la segunda no lo
fue. En consecuencia, la secuencia de errores sólo fue parcial
y no canceló el resto de la cadena de certezas en torno a
la naturaleza y las intenciones del régimen de Hussein. Que
se se sepa, la ONU nunca puso no puso en cuestión la nefasta
calidad de ese régimen dictatorial ni la amenaza que éste
proyectaba.
A ello contribuyeron todos los miembros del Consejo de Seguridad.
El debate dentro de ese organismo -planteado en términos
de lucha de poder- frente a la decisión de un aliado de ir
a la guerra ya no podía decidirse por el consenso ni por
el derecho que emanara de una resolución expresa, aunque
ésta hubiera sido deseable. La resolución que invocaba,
bajo el capítulo VII, las “más graves consecuencias”
para Irak en caso de incumplimiento, pareció entonces suficiente.
Frente a las circunstancias de ese extraordinario momento de incertidumbre
en el que, sin embargo, había que actuar, hoy Irak muestra
una certeza distinta: el país se reconstruye sobre bases
que son efectivamente democráticas, organiza una economía
de mercado incipiente y establece unas fuerzas del orden que deberán
hacerse cargo de combatir al terrorismo en ese Estado reemergente
y de resguardar sus fronteras.
Luego del proceso electoral de estos días, uno de los factores
de violencia –la resistencia suní- se habrá
incorporado formalmente al proceso democratizador y debiera, por
tanto, rebajar su perfil beligerante. De otro lado, el otro segundo
elemento de resistencia –la militancia “sadamista”-
tenderá probablemente a organizar su incorporación
a ese proceso aunque mantenga ahora su dimensión violentista.
Finalmente, los grupos terroristas –los vinculados a Al Qaeda
y los que pudieran estimular Irán o Siria- persistirán
en su sangrienta empresa. Pero al frente ya no encontrarán
sólo a víctimas propiciatorias, sino a una ciudadanía
que en el intento de restablecer Estado y bienestar, probablemente
los tolere menos, primero, los resista después y los combata
abiertamente luego.
El nuevo Irak está lejos de lograr su cometido. Pero luego
de las elecciones de medidados de diciembre, ha avanzado enormente
en ese empeño.
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