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EDITORIAL
El eje carretero Perú-Brasil-Bolivia
Alejandro Deustua
9 de setiembre de 2005
El inicio de la ejecución, en el territorio nacional, de
las obras del eje carretero Perú-Brasil-Bolivia acaba de
ser ordenado, en Puerto Maldonado, por los presidentes de esos tres
países a pesar de los reclamos locales sobre el cumplimiento
de las normas de concesión.
Este proyecto (mal denominado vía interocéanica
del sur), del esquema IIRSA de 2600 kms, demandará algo más
de US$ 800 millones para completar los tramos faltantes de una ruta
preexistente de 1100 kms. Su dimensión geopolítica
y de integración resumidos en la articulación del
sur del Perú, el occidente de Brasil y el noreste boliviano
constituye un interés primario, por vital, para los tres
países involucrados.
El acceso al espacio geoeconómico en esa área cercana
al heartland suramericano deberá permitir una adecuada ocupación
del territorio por los respectivos Estados, la conformación
de un mercado interno entre vecinos de economías complementarias,
una salida al mar de la producción del Acre y Rondonia, una
nueva alternativa continental y marítima para los departamentos
boliviano de La Paz, Beni y Pando y una base de desarrollo de proyección
internacional para 10 departamentos del sur peruano. Según
el Presidente Toledo ello reportaría beneficios equivalentes
a 1.5% del PBI nacional generados por ejes de desarrollo a lo largo
de la ruta.
Geopolíticamente ello implica la articulación de
la cuenca amazónica con la del Pacífico agregando
valor a los puertos Ilo y Matarani, a las ciudades de los departamentos
de Puno, Cuzco y Madre de Dios en el Perú y a su vinculación
con Rio Branco y Porto Velho en Brasil. Ese valor puede incrementarse
eventualmente si los intercambios en el área logran acceder
al río Madeira y, por lo tanto, al río Amazonas primero
y al Atlántico después a través de esa vía
fluvial o de la interconexión con la “verdadera”
carretera interoceánica: el eje que comunica el sur del Perú
con La Paz y Santa Cruz en Bolivia y con Mato Grosso, Mato Grosso
do Sul, Sao Paulo (Santos) y Rio de Janeiro en Brasil.
Si ésta es la dimensión de la obra, los temas administrativos
y contractuales pendientes deben resolverse a la brevedad y con
transparencia de manera de no bloquear su ejecución.
Sin embargo, la escala del proyecto, cuya maduración se
dará en el muy largo plazo, debe evaluarse a la luz de obras
de similar o mayor envergadura como las del eje interocéanico
central. En efecto, la “verdadera” interoceánica
que comunica IIo y Matarani con Desaguadero, La Paz , Cochabamba,
Santa Cruz y Santos en el Brasil fue desarrollada aún con
mayores expectativas. La relación especial con Bolivia debió
haber profundizando la integración con ese país y
la dimensión atlántica de los puertos peruanos en
el Pacífico sur debió haberse configurado.
Lo primero no ocurrió en tanto una parte sustantiva de
la producción agrícola de Santa Cruz (especialmente
soya) siguió optando por la alternativa atlántica
antes que por la ofrecida por los puertos de Matarani e Ilo, porque
el flujo de carga por esa carretera fue menor en volumen y frecuencia
a lo estimado y porque el uso que dio Bolivia a las facilidades
otorgadas en 1992 (zonas francas) fue mínimo mientras que
la redefinición e incremento de las mismas aún se
sigue negociando. Las expectativas sobre el proyecto superaron a
la realidad inmediata. A pesar de algunos destacados avances, ello
no estimuló suficientemente a los agentes econonómicos
y, en consecuencia, la reducción de costos reales no se produjo
de acuerdo a lo esperado. Ello obligó a definir los beneficios
de esa indispensable articulación bajo nuevos parámetros
temporales.
Y lo segundo –la dimensión atlántica de los
puertos peruanos- no se logró aún porque el potencial
económico de Ilo y Matarani, a pesar de su incidencia en
Santa Cruz, sigue siendo extraordinariamente más alto que
su valor actual debido a las razones expresadas más arriba
y porque el tránsito vial por el eje en cuestión,
cuya infraestructura debe ser aún ser consolidada, sigue
siendo mínima en su vertiente oriental.
Sin duda que los ejes interoceánico central y el Perú-Brasil-Bolivia
son vitales para el desarrollo de las respectivas zonas de influencia
en los tres países. Más aún cuando la interdependencia
que generán estará ligada tanto al bienestar como
al arraigo y la adecuada sobrevivencia de la población de
la zona. Pero el emporio prometido por los que visualizaron esa
integración requerirá de mayor inversión pública
y privada todavía, adicional esfuerzo de autoridades y ciudadanos
y un plazo que no atestiguarán los gobiernos de los presidentes
Toledo, Rodríguez y Lula ni sus sucesores inmediatos.
Precisamente porque ese nuevo umbral de tiempo es indispensable
para que cuajen los benficios en la zona de influencia del eje carretero
que se emprende, los problemas que hoy complican a los gobiernos
de Perú, Brasil y Bolivia tendrán poca incidencia
en él. Los obstáculos autotogenerados por los desatinos
políticos del Presidente Toledo, el gravísimo impacto
que el escándalo de corrupción partidaria tendrá
en la gestión del Presidente Lula y la interaccion de problemas
de cohesión nacional con aquellos propios de un gobierno
de transición en el caso del Presidente Rodríguez,
no incidirán en el proceso de maduración de ese proyecto
vital. En consecuencia, su valor resalta más al margen de
quién intente realizarlo.
Por ello, y por ser ese esfuerzo uno de compartido interés
nacional, lo que se haga hoy por llevarlo a cabo de manera adecuada
debe ser apoyado. Los problemas contractuales y administrativos
deben resuletos en ese marco.
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