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EDITORIAL
El Departamento de Defensa y el Perú
Alejandro Deustua
19 de agosto de 2005
La visita oficial del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld al
Perú no ha sido sólo un gesto diplomático de
los Estados Unidos ni supone un ofrecimiento de entendimiento mayor
en el área de seguridad. Pero sí expresa una preocupación
singular norteamericana por la región (se trata de la cuarta
visita a Latinoamérica del Secretario del DoD) manifiesta
en el requerimiento de mayor cooperación para confrontar
amenazas a la estabilidad democrática de nuestros países
y al desafío del narcotráfico y del narcoterrorismo.
El hecho de que la visita no concluyera en una propuesta concreta
de asociación o de mayor ofrecimiento de asistencia de seguridad
no impide considerar que ésta, por su carácter estimulador
y sistemático (salvo por Venezuela y Uruguay, el señor
Rumsfeld culmina en el Perú y Paraguay un periplo suramericano
iniciado en el 2002), efectivamente expresa un interés norteamericano
que enfatiza la acción en su dimensión colectiva antes
que el mero diagnóstico de potencial inviabilidad implícito,
para el caso andino, en la Estrategia de Seguridad Nacional norteamericana
de ese mismo año.
Esta conclusión sugiere que, a pesar de que en el marco
de la OEA el momento para la redefinición de la seguridad
colectiva hemisférica puede no estar maduro, las específicas
acciones de seguridad que se discuten en las conferencias regionales
de ministros de defensa pueden pasar a la fase de ejecución
en ámbitos más restringidos. Ello implica que, aunque
la falta de consenso para la conformación de un nuevo régimen
interamericano de seguridad colectiva se haya incrementado (especialmente
por la radicalización de la posición venezolana),
mecanismos concretos de seguridad sí pueden activarse en
acápites específicos como la lucha contra el narcotráfico
y el terrorismo y, quizás en menor medida, en el combate
de la pobreza y de otras fuerzas fragmentadoras en tanto constituyen
serios factores de inestabilidad.
En nuestra perspectiva, el supuesto nacional de este planteamiento
debe consistir en que la aspiración a mayor autonomía
regional en la relación con Estados Unidos se fortalecerá
en proporción directa a la disposición a cooperar
con la superpotencia en tanto ese vínculo importa la disminución
o la supresión de las amenazas comunes (que, en este caso,
tienen predominante carácter global). Dicho de otro modo,
la mayor disposición nacional a cooperar con Estados Unidos
supondrá para nuestros países ganancias de poder en
tanto ayudará sustancialmente a derrotar al enemigo (los
agentes del narcotráfico y el narcoterrorismo) y, por consiguiente,
a incrementar la estabilidad nacional. Aunque no se haya expresado
así en el Perú, éste es el enfoque que permite
considerar mejor la oportunidad que ofrece la visita del Secretario
de Defensa norteamericano.
Par lograrlo, nuestra primera reacción debiera ser menos
la de reclamar mayor asistencia a la luz de la que se presta a Colombia
(el Plan Colombia) y más bien la de indagar sobre formas
y vías de intensificación de nuestra coooperación
con ese Estado para ayudarlo a derrotar a la fuerzas del narcoterrorismo
allá para evitar tener que enfrentarlas acá.
Ello también supone el incremento de la lucha contra el
narcotráfico en nuestro territorio haciendo adecuado uso
de los instrumentos de interdicción y de erradicación
hoy debilitados para privilegiar los de prevención y desarrollo
alternativo. En el ámbito andino esa opción asume
el incremento de la disposición a emplear instrumentos coactivos
en planes que hoy privilegian sólo variables supuestamente
desarrollistas. En este acápite, la misma actitud podría
adoptarse en la lucha antiterrosista.
De otro lado, la cohesión regional para la cooperación
con Estados Unidos requiere que el Perú, los socios andinos
y suramericanos, tomen en serio la función disociadora del
régimen venezolano en el campo de seguridad teniendo en cuenta
la manifiesta divergencia de la opción estratégica
de ese Estado. Si Venezuela hoy privilegia la relación con
Cuba sobre la asociación con Estados Unidos cuando tres países
andinos negocian un acuerdo de libre comercio con la primera potencia
cuyos fundamentos son de seguridad, es evidente que la Comunidad
Andina tiene un serio problema de cohesión en la interacción
externa. Y también de cohesión interna cuando el régimen
chavista propone principios y valores (la asociación con
una dictadura, la subyugación de las categorías de
la democracia representativa, una definición socialista del
régimen económico) y visiones divergentes de integración
subregional que cuestionan los libremente comprometidos por el resto
de países.
Si la vocación disfuncional de Venezuela agrega, además,
una vertiente de inseguridad hemisférica (la asociación
extraegional con potencias que pretenden adquirir material y armas
nucleares) y una andina derivada de la intensa sospecha de su vinculación
con movimientos desestabilizadores de los socios subregionales,
es claro que la Comunidad está siendo quebrada y que sus
socios deben, por lo menos, evaluar el problema.
De otro lado, los planteamientos norteamericanos para que el Perú
revise su posición en torno a la cancelación del fuero
de la Corte Penal Internacional (art. 98 del Estatuto de Roma) ciertamente
son contenciosos. Pero éstos deben ser evaluados teniendo
en cuenta el carácter no conminatorio con que han sido planteados.
El Perú podrá estudiar el caso, pero debe mantener
sus principios en este acápite. Por lo demás, cualquier
presión al respecto podrá minimizarse teniendo en
cuenta que la Resolución 1442 del Consejo de Seguridad de
la ONU permite que los Estados que aporten tropas a operaciones
bajo el capítulo VII de la Carta (mantenimiento de la paz,
etc) no están sometidos necesariamente al Estatuto por períodos
renovables de un año.
Aunque no haya habido propuestas concretas, la visita del Secretarrio
de Estado norteamericano abre al Perú posibilidades de una
mayor cooperación de seguridad con Estados Unidos. La oportunidad
de atenuar la intensidad de amenzas no convencionales en nuestro
país y de incrementar poder y seguridad nacionales en el
proceso no debe desperdiciarse.
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