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EDITORIAL
Asociaciones especiales y estratégicas
Alejandro Deustua
10 de agosto de 2005
Si las condiciones políticas y de seguridad de la subregión
andina son percibidas como esencialmente inestables, el hecho de
que un Estado de esa subregión destaque su situación
como “estable, viable y posible” como ocurrió
en el mensaje presidencial de 28 de julio, adquiere una dimensión
estratégica que es preciso definir.
Si los crecientes desafíos del narcotráfico, de
la pobreza mayoritaria o de la precariedad institucional, entre
otros, están incorporados en aquella calificación,
ciertamente ésta no es plenamente consistente en tanto no
refleja una situación consolidada en términos absolutos.
Si, a pesar de ello se adopta la calificación, entonces la
relevancia de su significado debe buscarse en términos de
la relación con los vecinos. Y si ésta dimensión
relativa va a acompañada de un rol –el de servir de
anclaje subregional y de socio principal en ese ámbito- el
valor estratégico del status referido aumenta.
De otro lado, esta condición estratégica definida
en términos relativos ayuda a precisar mejor la intención
diplomática de establecer relaciones “especiales”
con los países vecinos. Especialmente cuando esa vinculación
–que es natural- va acompañada de un tipología
que no logra especificarse. En efecto, si el Perú ha añadido
nuevas categorías diplomáticas, como las denominadas
“asociaciones especiales”, a lo que han sido relaciones
especiales de facto con los vecinos y, a su vez, éstas evolucionan
hacia una categoría distinta, como las “asociaciones
estratégicas” como la que se plantea con Brasil (y
también con Estados Unidos) cuyos marcos conceptuales tampoco
son precisos, la aludida condición estratégica del
Estado (“estable, viable, posible”) ayuda a otorgar
significado material a un impreciso concepto diplomático.
Más aún cuando se considera que las “asociaciones
especiales” con los países que limitamos tienen, además,
“diferentes intensidades”.
El origen de la indefinida tipología “asociación
especial” (o “asociación preferencial”)
puede rastrearse a los acuerdos de Ilo establecidos con Bolivia
a principios de la década pasada para calificar una relación
de vecindad que siempre tuvo para el Perú una especificidad
marcada por la asumida (y a veces cuestionada) asociación
natural con ese país que se distingue por contraste de las
relaciones conflictivas que mantuvimos con los demás vecinos.
El sustento de la misma debía fundarse en la integración
física (la carretera Ilo-Desaguadero-La Paz) como medio articulador
de un centro regional de integración constituido por los
dos países. Ciertamente esa aproximación tuvo –y
tiene- una categoría geopolítica marcada por nuestra
proyección al corazón suramericano. Sin embargo, la
escasa interdependencia generada desde esa época y las indefiniciones
en el tratamiento del potencial energético boliviano, tendieron
a neutralizar la jerarquía diplomática reconocida
al vecino.
Una vez creado ese distintivo status diplomático (la “asociación
especial”), éste devino en una categoría de
aplicación generalizada con los vecinos que evolucionó
hasta la definición de “asociaciones estratégicas”
como la establecida por este gobierno con el Brasil. Ésta
es hoy considerada como el vínculo bilateral medular para
articular una mejor inserción suramericana del Perú
y consolidar un espacio regional diferente al latinoamericano.
Aunque desde el punto de vista de la práctica de la política
exterior, Suramérica siempre fue nuestro espacio de proyección
inmediata complementario a Estados Unidos y Europa, en el siglo
XXI se decidió organizar institucionalmente ese escenario
natural preexistente (éste tuvo un intento similar bajo el
gobierno militar en el ámbito de la seguridad). Y al socio
principal –el Brasil- se le otorgó la categoría
de socio estratégico, revirtiendo, con ello, anteriores condiciones
de desconfianza y de parcial distanciamiento.
Pero, de manera paralela, se definieron también “asociaciones
estratégicas” (pero, esta vez, con “autonomía”)
con Estado Unidos y la Unión Europea que intenaron ser explicadas
en torno a un lugar común: la cooperación en función
de valores e intereses complementarios. Como se sabe, ese tipo de
vínculo es esencial para toda asociación y su ámbito
es extremadamente amplio (p.e. con los miembros de la OEA y del
Grupo de Río se comparten valores e interes comunes y no
por ello se les otorga el status de socios estratégicos).
En este caso, el objetivo implícito en estas definiciones
es resaltar un nuevo tipo de inserción económica y
política del Perú con una superpotencia y con la mayor
agrupación regional del mundo que, siendo los mayores centro
de Occidente, involucran decididamente al Perú en esa civilización
aunque ello no quiera ser reconocido explícitamente. De otro
aldo, la dimensión “autonomía” revela
menos la realidad estructural de una interdependencia extrarodinariamente
asimétrica con grandes potencias que la voluntad diplomática
de preservar un espacio de decisión política.
Es en este marco de realciones selectivas que el Estado viene
desarrollando “asociaciones preferenciales” con Chile
–que pronto evolucionarán mediante la negociación
de un acuerdo de libre comercio- y con Ecuador y Colombia.
En el extraordinario caso peruano-ecuatoriano, una relación
de conflicto ha devenido en una “asociación especial”
de interdependencia creciente al punto que, en América, el
Perú representa para el Ecuador el principal mercado de exportaciones
después de los Estados Unidos en un contexto marcado por
la integración fronteriza y la creciente valoración
mutua de la paz. En el caso peruano-colombiano, la “asociación
especial” se sustenta en los puntales de la convergencia de
seguridad y defensa contra el terrorismo y el narcotráfico,
el desarrollo social de la frontera y un nivel de intercambio –aunque
de balanza desfavorable- sólo superado por el peruano-chileno.
Definir los contenidos de las asociaciones especiales y estratégicas
en función de estas realidades específicas –que
incluyen la geográfica- es una tarea pendiente de nuestra
Cancillería que hoy ésta intenta esclarecer en seminarios
de difusión.
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