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EDITORIAL
El contexto económico de los reclamos sociales
Alejandro Deustua
1 de junio de 2005
El incremento de las reivindicaciones sociales en la región,
su exacerbación en ciertos países (p.e. en Bolivia,
que arriesga su inviabilidad) y la respuesta “extrapresupuestaria”
que circunstanacialmente éstas encuentran en otros (eventualmente
el caso peruano), obliga a ponderar la circunstancia económica
en que aquellas demandas se plantean.
La primera observación corresponde al hecho de que, no obstante
la buena proyección de la economía peruana, la economía
regional ha ingresado en una fase de desaceleración. Desde
principios de año, la CEPAL proyectó la perfomance
latinoamericana del 2005 en 4% vis a vis el 5.5% del 2004. Lamentablemente,
esa tasa puede no ser corregida al alza si persisten comportamientos
como el de la primera economía suramericana: el Brasil. Ésta
ha decaido en el primer trimestre proyectándose anualmente
a menos de 3% si no se hace nada para corregir el descenso de la
inversión en 3% y del consumo privado en 0.6% mientras las
altas tasas de interés (19.75%) no tienden a bajar y la política
monetaria no se flexibiliza (FT).
La referencia es importantante por el efecto de arrastre que tienen
las economías mayores. Y especialmente si la locomotora de
crecimiento norteamericana no muestra signos de superar la proyección
de 3.6% este año en un contexto de altos precios petroleros,
desbalances globales y de desempeño interno inestable (la
perfomance manufacturera ha caido el primer trimestre).
Aunque ese crecimiento aún garantiza un “aterrizaje
suave”, éste puede complicarse a la luz del estancamiento
europeo: la proyección de apenas 1.5% para este año
tampoco da signos de recuperación en las economías
mayores del Viejo Continente que se desmpeñan a menor ritmo
todavía. Y aunque Japón ha logrado recuperase el año
pasado (2%), a principios de año no ha consolidado esa tendencia.
De otro lado, si el alto crecimiento chino se mantiene, la subvaluación
de su moneda y los superávit comerciales ya están
produciendo contenciosos con Estados Unidos y Europa en sectores
específicos.
En este contexto la OECD considera que la desaceleración
de la economía mundial aún mantiene un curso seguro
pero puede estar perdiendo la dinámica de un “aterrirza
suave”.
Quizás sea en este marco que también deba leerse
la advertencia del Banco Central de Reserva al Ministerio de Economía
sobre la vulnerabilidad fiscal del Marco Macroceconómico
Multianual 2006-2008 en el sentido de que, de producirse una contracción
externa o un recorte de los ingresos tributarios, la vulnerabilidad
fiscal podría afectar la economía en los alrededores
del 2007. Éste es un relevante indicador adicional para determinar
la manera cómo se atienden los reclamos sociales hoy y cómo
ello afectará los parámetros econonómicos del
próximo gobierno en un contexto internacional deteriorado.
De otro lado, en tanto los reclamos no pueden desatenderse -y
la economía no puede, en este ambiente, manejarse con piloto
automático-, es necesario establecer referencias operativas
a ese marco.De allí que el reciente encuentro promovido por
la CEPAL entre de altas autoridades del FMI, el Banco Mundial, el
BID y la CAF para discutir la prosperidad y la reforma macroecnómica
latinoamericana sea pertinente al caso.
Si los participantes concordaron en el diagnóstico regional
(nuestras economías se encuentran aún en una fase
de transición, tienen obstáculos de corto plazo y
mediano plazo, requiriendo mayores esfuerzos de desarrollo para
promomover una “globalización más justa”),
las recomendaciones no fueron necesariamente de consenso.
Así, en la opinión del FMI, el requerimiento de
estabilidad macroeconómica para el crecimiento regional reclama
sostener un superávit primario con el propósito de
reducir la deuda; necesita flexibilidad presupuestaria, mejor gestión
del gasto y ampliación de la base tributaria para consolidar
el marco fiscal; y debe seguir comprometiendo el esfuerzo anti-inflacionario.
Si en términos generales, el Perú es un buen ejemplo
de la aplicación de estas sugerencias (salvo por la gestión
del gasto y la ampliación de la base tributaria), quizás
el gobierno no encuentre en ellas indicadores suficientes para atender
reclamos que deben resolverse.
La CEPAL, en cambio plantea, aunque de manera genérica,
algunas alternativas: políticas contracíclicas con
estabiliad (especialmente de tipo de cambio), flexibilizar el manejo
del gasto en infraestructura indispensable, incoporar criterios
de equidad en “el centro” de las políticas económicas,
mejorar el acceso a los mercados diversificando la oferta exportable
y fortalecer la gestión en el sector social de manera correspondiente
al económico.
Aunque estas recomendaciones no ofrecen instrumentos para redistribuir
en el corto plazo, sí da algunas pistas. Ninguna, sin embargo,
es nueva: la flexibilización del gasto en infraestructura
se ha convertido en una polémica no resuelta con los organismos
multilaterales, los criterios de equidad hace tiempo se proclaman
pero no se practican, la diversificación de exportaciones
encuentra obstáculos estructurales y la mejora de la gestión
social se realiza de manera inconsistente.
En todo caso, hay aquí materia suficiente para renovar
enfoques de satisfaccción de requerimientos sociales sin
desatender los requerimientos de estabilidad en un contexto de desaceleración
económica regional y global. Frente a la evidencia de las
manifestaciones de ingobernabiliad en la región, es urgente
encontrar una respuesta económica sensata hoy que no arriesgue
el crecimiento de mañana.
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