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EDITORIAL
Perú, Chile y Ecuador: de nuevo a las andadas
Alejandro Deustua
23 de marzo de 2005
La crisis de confianza entre Perú, Chile y Ecuador desatada
por las declaraciones de un militar prófugo ha reiterado
que la psicología del conflicto trasciende eventualmente
a su solución política. El problema que ahora se plantea
entre los tres países no reside sin embargo en esa evidencia
sino en la vulnerabilidad que éstos muestran a la infidencia
de agentes irracionales como Bayas, independientemente de sus motivaciones.
La primera vulnerabilidad deviene del extraordinario peso que hoy
se a otorga al testimonio como prueba y de la evolución de
su impacto al plano internacional. En efecto, luego del escándalo
desatado por Bayas los Estados han sido montesinistamente recordados
de que sus peores enemigos de mañana pueden encontrarse entre
las más altas autoridades de hoy. Especialmente cuando la
incontinencia en el manejo de información reservada muestra
una preocupante erosión de la disciplina que se espera de
los que tuvieron acceso a ella y la emplean luego para fines distintos
del esclarecimiento público.
Ello es especialmente peligroso cuando ese desmanejo genera, con
rapidez extraordinaria, daño a la relación interestatal.
En el caso de Perú y Chile éste ya se muestra en la
interrupción, por intromisión de un agente ecuatoriano,
de una proceso de aproximación entre instituciones castrenses
y en la evidencia de su fragilidad.
Teniendo en cuenta que el desencuentro puede llevar a la quiebra
del proceso es necesario que, luego de concluidas las investigaciones,
las partes establezcan pautas y mecanismos de gestión de
crisis para estos casos que, a la luz de las susbsistentes animosidades
y perversidades previas, tenderán a repetirse. La investigación
que hoy se reclama es sólo reactiva. Prevenir mediante el
intercambio de información sensible y la evaluación
conjunta de crisis potenciales no parece al respecto irrazonable.
Una segunda vulnerabilidad revelada por la crisis actual deriva
de la incapacidad de procesamiento de hechos de de preguerra en
etapas de postguerra. En un contexto postconflicto, signado por
la voluntad recíproca de generar intereses complementarios
y por intentos de transparencia en la gestión resulta aún
difícil la evaluación de hechos eventualmente ocurridos
en épocas de confrontación, de comportamientos propios
de la Guerra Fría y de manejo turbio de asuntos estratégicos.
Ello obliga a hace uso efectivo de instituciones ya creadas entre
Perú y Chile por los sectores Relaciones Exteriores y Defensa
en lugar de actuar por vías paralelas si la política
bilateral va a tener alguna consistencia.
Finalmente, una tercera vulnerabilidad puesta en evidencia por
el caso en cuestión es la derivada del incumplimiento o mal
desempeño de roles. Si los garantes del Protocolo de Río
contribuyeron decisivamente a la solución del diferendo peruano-ecuatoriano,
su comportamiento –como lo revela el tráfico de armas
a Ecuador desde Argentina y eventualmente desde Chile- ha sido a
veces disfuncional. Por tanto, una vez demarcada la línea
de frontera con el Ecuador, lo más atinado es aplicar el
artículo 5 del Protocolo que establece que ese hecho establece
el límite del rol de los garantes. Su vinculación
ya no genera beneficios y transmite más bien las complicaciones
de la postguerra.
Peruanos, chilenos y ecuatorianos deben decidir ahora si, en el
marco de sus respectivos intereses, desean terminar con esas vulnerabilidades
o prefieren escalarlas. Confiar sólo en la persistencia de
los factores de balance de proyección de poder en el área
arraigados en la historia –que son muy reales- resulta contradictorio
con la generación contemporánea de interdependencia
en que los respectivos Estados se han embarcado al costo de no escaso
sacrificio.
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