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EDITORIAL
Argentina: Una Negociación Heterodoxa
Alejandro Deustua
2 de marzo de 2005
El canje de bonos de la deuda Argentina bajo los términos
impuestos por el gobierno del presidente Kirchner ha sido un acto
antisistémico que el mercado ya está absorbiendo.
Probablemente ello se deba a la necesidad colectiva de no agravar
más un ambiente complicado por fuertes desequilibrios financieros
globales, al requerimiento de que una economía de la relevancia
argentina contribuya al sistema saliendo de la cesación de
pagos y a que, a pesar de no tratarse de una negociación
strictu sensu, los agentes que intervinieron en el proceso estén
contemplando retornos interesantes. En efecto, la aceptación
de alrededor de 75% de la oferta bonos argentinos indica que el
mercado de capitales ya ha asimilado la reducción del 50%
del valor de los papeles irredentos y que el sistema financiero
está a punto de convalidar la transacción heterodoxa
y la recuperación por Argentina del status de sujeto de crédito.
Ello ocurre a poco más de tres años de declarada
unilateralmente la cesación de pagos por el fugaz gobierno
interino del señor Rodríguez Saá y luego de
que el gobierno argentino planteara el 14 de enero último
una oferta -no una negociación- a los tenedores de bonos
que caducó perentoriamente este 25 de febrero. Para fortalecer
la condición de "última oferta" el swap
de bonos antiguos por nuevos fue respaldado mediante una ley del
Congreso. En otras circunstancias, los organismos multilaterales
habría protestado por términos tan agresivos. En lugar
de ello, la banca de inversión de más abolengo participó
activamente en la transacción colocando tres tipos de bonos
- par, casi par y de descuento- comprometiendo mayores intereses
y rendimientos atados a la perfomance Argentina (8.8% de crecimiento
el año pasado) para aquellos papeles de menor denominación.
El resultado: la reducción de la mitad de una deuda de US$
81.1 mil millones ( US$ 102.6 mil millones si se suman intereses)
puede haber sido una de las más grandes "quitas"
de la historia (según otros cálculos le reducción
del valor de los bonos ha sido del 70%). Los perjudicados pecuniarios
fueron los pequeños inversionistas (sólo en Italia
sumaron 450 mil) mientras que el perdedor político fue el
sistema financiero internacional cuyas reglas fueron vulneradas
(aunque en términos económicos la operación
lo favorezca cuando se coteja la balanza de riesgos).
Los ganadores económicos fueron los inversionistas institucionales
que primero vendieron bonos argentinos a los pequeños compradores
cuando los precios no se habían pulverizado para recomprarlos
luego frente a la expectativa de ganar algo más de 30 centavos
por dólar más interés y saldos adicionales
según crezca la economía Argentina (8% este año).
Pero el gran ganador político fue el gobierno argentino que
logró salir de una crisis mayor imponiendo sus propias reglas
y logrando que éstas sean aceptadas progresivamente , aunque
a regañadientes, por la comunidad internacional.
La justificación del gobierno argentino para proceder de
esta manera es sencilla: los organismos internacionales fueron co-rresponsables
de la quiebra del país apadrinando una irracional "convertibilidad
"(la fijación del peso al dólar en condiciones
paritarias), Argentina perdió entre el 15% y 20% de su PBI
con la crisis, la ciudadanía se empobreció (el nivel
de pobreza alcanzó a cerca del 40%), el desempleo cundió
(18%-20%) y los capitales fugaron (según algunas fuentes,
US$ 150 mil millones) . Bajo estas condiciones, la capacidad de
pago del país es muy limitada a pesar del crecimiento de
8.8% el año pasado y el logro de un importante superávit
primario. Por lo demás, la deuda en cuestión es sólo
la de bonos, no la contraída con Estados ni organismos que
sumada a la de los papeles canjeados, sigue superando los US$ 100
mil millones. Es más, se adujo, los bonistas ya habían
capitalizado fuertes utilidades con anterioridad a la crisis.
Los bonistas, a su vez, argumentaron que éstos no son argumentos
financieros, que los bonos habían cambiado de manos y que,
bajo las actuales condiciones económicas, Argentina podía
pagar más. Este fue el caso de los tenedores italianos de
15.1% de las obligaciones argentinas. Sin embargo, apretados por
los plazos y frente a la expectativa de obtener beneficios de largo
plazo en lugar de nada, los bonistas argentinos titulares del 34%
de los bonos entraron al canje progresivamente hasta llegar al 97%
de su parte. El apremio cundió y los bonistas extranjeros
(10.3% de suizos, 9% norteamericanos, 5.1% de alemanes, 3.1% de
japoneses y 1% holandeses, luexemburgueses e ingleses y la asociación
que dice representar acreencias por US$ 40 mil millones) siguieron
la pauta en proporciones que se estiman extraoficialmente en 65%
del total. El promedio de 75% (el "alto porcentaje" exigido
por el FMI) se logró, hasta ahora, oficiosamente.
Éste, sin embargo, todavía de ser reconocido por
el Fondo y el Grupo de los 7 para decretar oficialmente el término
de la cesación de pagos. Aunque el presidente Kirchner ya
declaró el fin del "default", el FMI podría
aún resistirse para obligar a Argentina a negociar los términos
de su vinculación con el Fondo (con el que tiene una deuda
de US$ 11 mil millones) mientras que el G7 podría complicar
el reconocimiento bajo la presión de Italia (cuyo gobierno
que llegó a presentar una protesta oficial a su par argentino)
y del Japón (que en algún momento prefirió
no recibir más a representantes financieros platenses).
Aunque este riesgo es real en tanto el sistema financiero no querrá
que la experiencia Argentina siente precedente, es improbable que
se concrete teniendo en cuenta la consolidación de la transacción
y sus ventajas específicas: Argentina ya salió de
facto de la situación de cesación de pagos, ha reordenado
sus débitos (152 tipos de bonos se han converudo en 3), ha
reafirmado su compromiso con el pago de la deuda externa una vez
producida la "renegociación" y está saliendo
de la crisis económica con notable éxito. Por lo demás,
Argentina está en posición transitoria de no apurar
una negociación con el Fondo. El sistema, en consecuencia,
querrá minimizar sus pérdidas, convertir en éxito
lo que ha sido una derrota y tomar cuanto antes medidas precautorias
para evitar que la iniciativa Argentina pueda replicarse.
La región se beneficiará del progreso económico
argentino si la negociación sobre tarifas con empresas extranjeras,
que es el siguiente rubro de la agenda, no enturbia más el
ambiente.
Pero, a la luz de lo sucedido, no es improbable que los mecanismos
coactivos del sistema compliquen negociaciones futuras que impliquen
recorte de la deuda externa para otros países en desarrollo.
Aunque la sintomatología de este caso difiera de la peruana
de la segunda mitad de los 80, el sistema financiero una vez afectado
absorbe el pasivo primero y luego tiende a reforzar la aplicación
de sus reglas. Ésta es la tendencia del régimen. Probablemente
ésta se intensifique en relación a países intermedios
teniendo en cuenta, además, que el consenso existente sobre
condonación de obligaciones a los países altamente
endeudados puede haber llevado al límite la disposición
concesional del régimen. Por lo demás, de momento,
nadie está siguiendo el camino argentino. Esa situación
podría, sin embargo, cambiar.
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