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EDITORIAL
Otra oportunidad para palestinos e israelíes
Alejandro Deustua
10 de enero de 2005
En menos de dos semanas, el marco global de expectativas políticas
y sociales del 2005 ha sido trazado por alternativas extremas. En
efecto, si el mundo ingresó al nuevo año de la mano
de la catástrofe asiática, el proceso electoral palestino
ha reabierto las posibilidades de reencausar el proceso de solución
del conflicto con Israel como no se había visto, según
algunos, desde 1993.
Ello no se ha debido sólo a la desaparición de Yasir
Arafat. Si su muerte ha atenuado la intensidad de un conflicto considerado
generalmente como “intratable”, el vacío de poder
consecuente pudo haberlo intensificado de no haber sido éste
llenado por la autoridad adecuada. ÉstA puede no tener el
carisma del fundador de la OLP. Pero ciertamente la ciudadanía
palestina ha otorgado a Mahmoud Abbas la legitimidad requerida no
sólo para alcanzar la presidencia de la Autoridad Palestina
sino para intentar la organización y el reconocimiento del
Estado territorial que ésta debe representar.
Es más, el señor Abbas ha sido electo para negociar
con Israel en tanto él planteó públicamente
esta alternativa críticando el terrorismo y la Intifada como
instrumentos de su causa y reconociendo que una solución
militar es inviable en la confrontación con Israel (IHT).
Si ésta es una convicción o una posición estratégica
lo sabremos sólo si el intento negociador falla (y las posibilidades
de que ello ocurra son altas en tanto la frustración de los
procesos de entendimiento entre palestinos e israelíes ha
sido la normas antes que la excepción).
Pero, mientras tanto, la expectativa negociadora (cuestión
más modesta que la que plantea una “nueva era”
en la zona) ha encontrado ahora base de realización suficiente.
Esta radica en los siguientes fundamentos. Primero, el señor
Abbas ha adquirido para Israel y para los promotores de la negociación
la condición de interlocutor válido que Arafat había
perdido. Más aún, cuando Abbas ha sido electo por
lo que es (un “pragmático”), por lo que representa
(la autoridad de la más antigua organización palestina
-la OLP-) y lo que está dispuesto a hacer en apariencia:
arriesgar el pellejo para negociar. El pueblo palestino ha votado
por él en este explícito entendimiento desestimando
el llamado a la abstención de la más clara expresión
política de la violencia –el Hamas-.
Segundo, porque Israel ha dado señas suficientes a favor
de un nuevo proceso. La reconstitución del gabinete israelí
con la inclusión del Partido Laborista –y específicamente
de Shimon Peres- con el propósito de llevar a cabo la plena
retirada de los asentamientos de Gaza y de otros cuatro en la franja
occidental ahora podrá ser coordinada con la Autoridad Palestina.
Tercero, porque Estados Unidos está dispuesto a mediar
en el entendimiento en el marco del “Cuarteto” que integra
junto con la ONU, la Unión Europea y Rusia. Esta predisposición
se ha incrementado como parte del proceso de estabilización
del conjunto del Medio Oriente del que el proceso electoral iraquí
forma también parte. La retroalimentación entre la
apertura de un proceso negociador en el conflicto central de la
zona (el palestino- israelí) y el proceso electoral iraquí
sólo puede ser constructivo en la perspectiva norteamericana.
Cuarto, porque a diferencia de los procesos negociadores llevados
a cabo con anterioridad, ahora existe en en el Medio Oriente una
fuerza militar superior dispuesta a estabilizar la región
a pesar del sangriento costo del empeño.
Quinto, porque este marco de fuerza es complementado por el Mapa
de Ruta que ratifica el compromiso con la creación de un
Estado palestino con fronteras reconocidas, capital en Jerusalén
y solución práctica al problema de los refugiados,
conviviendo en paz con Israel.
Sexto, porque los integrantes del Cuarteto (la Unión Europea,
Rusia, la ONU y Estados Unidos) tienen intereses concretos que satisfacer
en el relanzamiento del proceso promovido por ellos (y que, en su
versión original, debió concluir el 2005). Si los
dividendos de la solución del principal conflicto regional
serán inmensos para todos, la influencia local y global que
cada parte interviniente obtendrá con ello será proporcional
al beneficio público logrado. En este ámbito la recuperación
del escenario de cooperación entre los miembros del Cuarteto
quebrado por el conflicto de Irak tiene para cada uno, y para el
mundo, muy alto valor estratégico.
Ahora resta poner en función los mecanismos esenciales
del Mapa de Ruta: el control de la violencia y del terrorismo por
la nueva presidencia de la Autoridad Palestina (aquí no basta
la buena disposición), la declaración por ella de
que está efectivamente dispuesta a convivir con Israel, el
progresivo retiro israelí de los territorios ocupados a los
límites de 1967 de acuerdo a las resoluciones pertinentes
del Consejo de Seguridad y la garantía de que esa potencia
no recurirá a la fuerza si no es atacada.
El Mapa de Ruta debió culminar su proceso en dos años
(entre el 2003 y el 2005). La expectativa de que el proceso que
se incie este año y culmine el 2007 puede ser demasiado alta
a la luz de la beligerancia en la zona. Pero es necesario intentarlo,
quizás en un horizonte temporal mayor, ahora que existen
nuevas condiciones estratégicas en el área. Teniendo
en cuenta la historia se requerirá, sin embargo, también
de una dosis de escepticismo si se desea que un sensato realismo
marque la pauta del proceso.
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