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SEGURIDAD
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Como salir del infierno de Irak
Por el Embajador Oswaldo de Rivero
Nueva York.-Desde que Irak fue inventado por los británicos
en 1921, nunca en realidad ha sido un Estado-Nación viable,
sino una entidad territorial poblada por un conjunto de grupos étnicos,
árabes, kurdos, asirios y turkumanos, la mayoría rivales,
divididos además en dos grandes tendencias religiosas musulmanas,
la shiita y la sunni. La aparente cohesión nacional de todas
estas etnias y tendencias religiosas se debió a que siempre
fueron sometidas por gobiernos autócratas y dictatoriales,
que gozaban de una buena renta petrolera y que reprimían
sangrientamente cualquier intento de autonomía o secesión.
Desde 1921 Irak fue gobernado por una monarquía autócrata
de origen saudi impuesta por los británicos y, desde 1958,
por el partido Baathista y la viciosa petro-tiranía de Saddam
Hussein, que gastaba en la represión casi un billón
de dólares al año. La primera guerra del golfo, las
sanciones de las Naciones Unidas y la reciente ocupación
armada por parte de los Estados Unidos ha hecho que este falso Estado-Nación
se convierta ahora en una Entidad Caótica Ingobernable. (ECI)
En efecto, a menos de 60 días del 1 de julio, fecha en la
que el Gobernador americano de Irak Paul Bremer prometió
transferir el poder a un Irak "soberano", no hay aún
una idea clara de cómo va a ser gobernado este país.
El único parámetro indicativo de gobernabilidad con
que se cuenta es una suerte de Constitución "provisional",
redactada por un grupo de abogados norteamericanos sin discusión
pública, algo impensable en cualquier país.
Esta Constitución provisional plantea un gobierno central
con fuerzas de seguridad interna y fuerzas armadas propias, potestades
fiscales, judiciales, legislativas y control sobre los recursos
naturales (petróleo). Asimismo, pide que a comienzos de enero
del 2005, se elija una Asamblea Nacional para redactar la Constitución
definitiva de Irak. En otras palabras, la estrategia americana está
dirigida a crear un Estado-Nación unitario sobre una invención
territorial británica mantenida por ochenta años por
el terror y la represión.
Los shiitas y sus líderes que son la gran mayoría
de la población de Irak objetan esta Constitución
provisional redactada por los americanos, sobre todo porque establece
que 3 gobernadores, de los 18 que debe tener Irak, tengan derecho
a veto para aceptar o no la Constitución definitiva que será
redactada por la Asamblea Nacional que se elegirá en el 2005.
Los shiitas rechazan esta disposición porque permitiría
que los kurdos y los sunnis, que representan un quinto y un sexto
de la población de Irak, bloqueen una Constitución
que puede favorecer a los shiitas que son la mayoría y que
piensan que ésta es su última oportunidad para establecer
un Estado islámico, luego de haber sido sometidos más
de 80 años y masacrados por Saddam Hussein, cuando se sublevaron
durante la primera guerra del Golfo.
Por su parte, los árabes sunnis, que han tenido la dominación
histórica de Irak a través del partido Baathista y
Saddam Hussein, y que son hoy la minoría más nacionalista
e insurgente contra la ocupación americana, necesitan el
veto, ya que sin él caerían bajo la dominación
de la mayoría shiita. Es más, los sunnis están
dispuestos a ir hasta una guerra civil con los shiitas antes de
caer bajo su dominio, como lo prueban los atentados contra estos
últimos en Bagdad y en Kerbala y el asesinato del líder
shiita Bakir al Haakim. Si hoy shiitas y sunnis luchan juntos contra
la ocupación de los Estados Unidos, no lo hacen porque estén
unidos, sino para demostrar quién dominará Irak. Esta
falsa unión se parece a la que existía en Afganistán
cuando todas las tribus afganas luchaban contra los soviéticos,
pero cuando éstos se retiraron, lucharon entre ellas.
Para complicar las cosas, el otro grupo étnico importante,
los kurdos, no quiere ser iraquíes. Desde la primera guerra
del Golfo en 1991, se han vuelto de facto casi independientes, convocaron
elecciones en 1992, las únicas, organizadas por una etnia,
desde la invención de Irak. Hoy existe un gobierno autónomo
en el Kurdistán, con poder ejecutivo y legislativo y también
con un ejército nacional llamado el Peshmerga con 100 mil
efectivos. Los kurdos, además, han abierto cientos de escuelas
y dos universidades y pretende, nada menos, controlar los ricos
yacimientos petroleros de Kirkuk, que están en su región.
Hoy, los intereses kurdos, árabes shiitas y árabes
sunnis están en rumbo de colisión. Sólo la
visión de los shiitas y sunnis de que el enemigo principal
es el ocupante norteamericano, impide, hasta ahora, la guerra civil
entre ellos y con los Kurdos. En medio de esta amenaza, de una violenta
resistencia a la ocupación y de un desprestigio por torturas
y abusos a los prisioneros iraquíes, Paul Bremer intenta
como salida, nada menos, que un Estado-Nación unitario y
democrático iraquí.
Hasta ahora, Bremer ha logrado su Estado Nación unitario
sólo en el papel, en la Constitución provisional,
un instrumento que no tiene el apoyo de la mayoría de la
población que es shiita, ni de los radicales sunnis y tampoco
entusiasma a los kurdos que quieren su independencia, pretensión
que, por lo demás, puede extender el conflicto a toda Mesopotamia,
porque ni Turquía ni Siria podrían admitir la secesión
del Kurdistán iraquí, debido a que tienen también
importantes poblaciones kurdas dentro de sus territorios.
Lograr un Estado-Nación unitario iraquí no será
fácil para los Estados Unidos, inclusive puede frustrar su
pretensión de una salida temprana del infierno de Irak. La
única solución viable para evitar una guerra civil
en Irak y lograr una salida honrosa de las fuerzas americanas del
infierno iraquí es dejar que los más importantes grupos
humanos (shiitas, sunnis y kurdos) tengan su propio sistema de gobierno
y de seguridad. Para ello, la única solución viable
es hacer elecciones separadas en el Kurdistán, en la región
shiita y en la región sunni, a partir de enero del 2005.
Estas elecciones podrían ser supervisadas por las Naciones
Unidas y por países árabes que han demostrado ser
buenos brokers diplomáticos en la región, como por
ejemplo Egipto, Jordania, Marruecos y Argelia. Sin embargo, hay
que admitir que cualquier elección que se quiera llevar a
cabo en Irak tiene que estar previamente supeditada a una negociación
que haga cesar la insurgencia y otorgue seguridad a la población.
Las elecciones por separado tendrían como objetivo lograr
tres cuasi- repúblicas: la kurda, la sunni y la shiita, con
sus propios poderes ejecutivos, legislativos y sistemas de seguridad
interna. Estas tres cuasi-repúblicas coordinarían
la gobernabilidad del territorio de Irak a través de un gobierno
federal con funciones tenues, que tendría como misión
principal la representación diplomática, la emisión
de moneda, la administración de los recursos petroleros de
manera equitativa y alguna coordinación en materia de defensa.
Lo más importante en esta figura es que exista autogobierno
para shiitas, sunnis y kurdos y que la seguridad interna se deje
en manos de ellos, ya que ninguno aceptaría que una etnia
o tendencia religiosa diferente se ocupe del orden y seguridad en
sus respectivas regiones.
Recientemente, Leslie Gelb, Presidente emeritus del Council of
Foreign Relations, prestigiosa entidad de estudios internacionales
de Nueva York, planteó una solución federal parecida
a la antes descrita. De este mismo parecer es Peter W. Galbraith,
ex Embajador de los EEUU en Croacia, quien participó en la
construcción nacional de Timor Oriental y viene de estudiar
la situación en el mismo Irak.
Hay que admitir con realismo que, bajo esta fórmula, Irak
sería más un nombre en el mapa que un genuino Estado-Nación
unitario o federal. Además, hay que admitir que las elecciones
no necesariamente producirán una democracia al estilo occidental.
Forzar a la diversidad religiosa y étnica iraquí a
ser parte de un Estado-Nación unitario o una fuerte federación
con ejército y sistema de seguridad nacional es sumamente
peligroso, salvo que se quiera renunciar a la democracia y reintroducir
con el tiempo una petro-tiranía al estilo Saddam Hussein.
Por el momento, es difícil percibir otra fórmula para
evitar una guerra civil y lograr una salida honrosa de Irak.
Las experiencias de la guerra de Vietnam, de la invasión
de Afganistán por los soviéticos y la actual ocupación
de Irak, nos demuestra que es fácil invadir países
pobres y militarmente inferiores, pero muy difícil ocuparlos
y salir honorablemente de estos infiernos. En particular, Irak demuestra
lo difícil que es crear un Estado-Nación viable, en
un territorio, donde la cohesión nacional y la tolerancia
étnica y religiosa sólo fue el resultado de la represión
sistemática. Es por ello que la fantasía estratégica
de "ganar la guerra al terrorismo," construyendo en Irak
un Estado- Nación viable que irradie ejemplarmente democracia
por todo el Medio Oriente, se ha convertido hoy en la madre de todas
las pesadillas geopolíticas.
Embajador Oswaldo de Rivero
Nueva York, mayo del 2004
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