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SEGURIDAD
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¿ES IRAK OTRO VIETNAM?
Una ola de pesimismo roña la prensa y los círculos
políticos norteamericanos frente a la insurgencia militar
urbana en Irak y el acrecentamiento de las bajas norteamericanas.
Preocupa, sobre todo, la unión de los combatientes Shiitas
y Sunnis y también la total falta de condiciones para transferir
el poder al gobierno provisional de Irak el próximo primero
de julio, como lo continúa prometiendo el Presidente Bush.
En todos los comentarios surge el espectro del Vietnam, hasta el
punto que el mismo Presidente de los Estados Unidos ha tenido que
manifestar públicamente que lo que está pasando en
Irak no es lo que pasó en Vietnam. Sin duda, la analogía
con Vietnam es equivocada en términos militares. Los combatientes
Shiitas y Sunnis no son un ejército bajo un comando único,
militarmente capaz y bien armado, como lo era el Vietcong. Tampoco
están aprovisionados como éste con armas modernas
por aliados soviéticos y chinos. Asimismo, a diferencia de
Vietnam, los combates no se llevan a cabo en las difíciles
selvas tropicales; sino, más bien, son combates urbanos que
ocasionan considerables bajas civiles. Mucho menos, las bajas norteamericanas
en Irak son comparables con las que sufrieron en Vietnam. En Irak
hay un promedio de dos a tres bajas americanas por día, mientras
que las de Vietnam llegaban a 70 diarias, cantidad que rápidamente
se acumuló en miles de pérdidas de vidas y trajo consigo
la protesta masiva en los Estados Unidos.
Si bien la analogía militar con Vietnam es equivocada, no
lo es la analogía política. En efecto, en Irak como
en Vietnam, las fuerzas de ocupación norteamericanas no han
logrado ganar políticamente la mente y el corazón
de la población. En este caso la mayoría de la población
iraquí como la vietnamita rechazan la intervención
norteamericana; y más aún en Irak, la mayoría
de la población no se identifica con el gobierno provisional,
que ellos consideran "títere", por haber sido casi
designado por la fuerza ocupante.
A un año de la fácil invasión de Irak, el rechazo
político y la resistencia armada a la ocupación norteamericana,
como en el caso de Vietnam, se está volviendo más
fiera que nunca. La presencia norteamericana, tal como pasó
en Vietnam, no está logrando edificar una moderna democracia
secular. Al contrario, si hoy hubieran elecciones en Irak, es muy
probable que gane la facción Shiita, apoyada por otros islamistas
y el resultado podría ser una república islámica,
aunque no parecida a la de Irán, suficientemente coránica
y lejana de la visión americana de la democracia.
La más importante analogía política de Irak
con Vietnam es la desesperación de la Administración
Bush por buscar una salida honrosa de Irak, tal como la buscaban
las administraciones Johnson y Nixon en Vietnam. En la búsqueda
de esta salida, la actual Administración norteamericana,
como las mencionadas, al no encontrarla, va afectando su popularidad
frente al pueblo americano. Recientemente, un sondeo hecho por CNN
y el Times Magazine revela que, por primera vez, el 49% de los americanos
apoya la gestión del Presidente Bush y que el 51% no aprueba
su política en Irak
No solamente la situación política de Irak es análoga
a la de Vietnam, sino que, inclusive, se podría decir que
es más difícil porque, por lo menos, en Saigón,
los Estados Unidos contaban con grandes aliados anticomunistas,
como las fuerzas armadas y la pequeña burguesía de
Vietnam del Sur, cosa que no tienen hoy los Estados Unidos en Bagdad.
Al contrario, hoy tanto los Sunnis como los Shiitas combaten la
presencia norteamericana. Además, la manera como las fuerzas
de ocupación norteamericana han dividido su ocupación
en un sector kurdo, otro sunni y otro shiita agudiza aún
más la división religiosa del país y lo hace
cada vez menos gobernable.
Todo esto no permite tener un aliado potente iraquí para
iraquizar el conflicto como se vietnamizó la guerra de Vietnam.
Las recientes unidades del nuevo ejército de Irak, entrenado
por los EEUU, se han negado a combatir en Fallujah y Ramadí
contra sus connacionales shiitas o sunnis. Asimismo, muchos de los
policías y soldados han desertado y algunos de ellos han
comenzado a combatir a los Marines y al Army. Inclusive, miembros
del gobierno provisional, designado por los EEUU, han protestado
contra la excesiva represión de las fuerzas norteamericanas
en Fallujah y han estado al borde de la renuncia.
En conclusión, cada vez se hace más difícil
transferir poder político en Bagdad a autoridades iraquíes
que sean a la vez verdaderamente aliados de los Estados Unidos y
tengan, además, legitimidad ante el pueblo iraquí.
Irak se asemeja hoy más a una caótica situación
libanesa y o a la intifada palestina, donde numerosas facciones
rebeldes lucharon y luchan hoy contra la ocupación israelí;
pero ninguna de estas facciones rebeldes es realmente representativa
como para negociar una salida honrosa. Si las fuerzas americanas
abandonaran hoy Irak, este país implosionaría en un
hueco negro donde todas las facciones que hacen hoy la resistencia
lucharían entre ellas, como pasó en Afganistán
cuando los soviéticos se retiraron. Irak se convertiría
así en una entidad caótica ingobernable donde tomarían
refugio numerosos grupos terroristas.
Si las fuerzas ocupantes norteamericanas tienen suerte, debido a
que sus opositores en Irak, al fin y al cabo, no son el Vietcong,
puede suceder que la insurrección armada urbana se vaya apagando
como pasó con los saqueos al comienzo de la ocupación
de Irak. Pero esto no garantiza que no se reactive nuevamente; sobre
todo, si la represión norteamericana es excesiva y se insiste
en transferir precipitadamente la soberanía en Irak a un
gobierno provisional que no tiene hoy legitimidad frente al pueblo
iraquí.
Tal vez, la única manera sería buscar una salida
internacional, pidiendo la mediación de las Naciones Unidas
y de otros países, incluyendo países musulmanes, para
establecer en Irak un gobierno provisional aceptable a todas las
partes, que organice elecciones a más tardar el próximo
año y así lograr una salida honrosa de este conflicto
que se está convirtiendo políticamente, como en Vietnam,
en la madre de todas las pesadillas estratégicas.
Oswaldo de Rivero
Nueva York, marzo del 2004
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