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Discurso del señor Presidente de la República,
Dr. Alejandro Toledo, "Hace dieciocho años, ocho países de la región, creamos el Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política, más conocido como el Grupo de Río. Fue precisamente en esta hermosa y hospitalaria ciudad que convinimos en establecer un espacio de diálogo, a través de sus Jefes de Estado, para intercambiar ideas con miras a actuar de manera convergente en el escenario internacional. El Grupo de Río no fue concebido solamente como un espacio de concertación. Este mecanismo no nació sólo de la convicción de que la región necesitaba dialogar para alcanzar consensos que le permitan proyectarse externamente de manera convergente, pensando que la unión hace la fuerza. Nació, sobre todo, de la certeza que esta unión, para ser realmente, requiere de una autoridad moral que sólo proporciona el ejercicio legítimo del poder. En ese sentido, el concepto de democracia tiene en el Grupo de Río un carácter fundacional. Dieciocho años después podemos hacer hoy un breve balance y veremos que, en efecto, hemos evolucionado. Hemos evolucionado en números: de ocho ahora somos 19 países, que representan a las democracias de América Latina y del Caribe. Nuestras preocupaciones han ido más allá de lo estrictamente protocolar. Las circunstancias internacionales nos han llevado a construir juntos, en efecto, una Agenda Estratégica para el Grupo de Río, aprobada en la pasada Cumbre del Cusco. Amigas y amigos, quiero hoy compartir con ustedes algunas reflexiones que van más allá de lo estrictamente político. Quiero compartir con ustedes una reflexión sobre el imperativo del multilateralismo y la cooperación internacional para enfrentar la pobreza y el fortalecimiento de las instituciones democráticas en este hemisferio. Por razones diversas, los ciudadanos de esta América Latina mestiza, vienen perdiendo un tanto la fe en la democracia, y ésta a su vez debilita la necesaria fortaleza institucional. Cuando existe pobreza, cuando existe hambre en las magnitudes que experimenta la región, corre el riesgo de que los esfuerzos que hagamos los líderes por tratar de fortalecer la democracia, puedan desestabilizarla. La democracia no se circunscribe sólo al acto electoral. La libertad no es sólo aquel derecho de ir a votar. Si no existe libertad para escoger, si no existe libertad para ir esta noche a dormir tranquilos sabiendo que mañana tendrá un puesto de trabajo digno y tendrá un ingreso para vivir, no es una total libertad. Por eso al tratar a través del multilateralismo y la cooperación internacional, podemos trabajar juntos para producir resultados concretos a los ciudadanos comunes y corrientes de a pie de este gran hemisferio. Fortalecer el multilateralismo es llevar la concertación regional a escala global. Los países de la región somos conscientes que la solución a nuestros problemas más agobiantes, como el hambre, como la pobreza, como la necesidad de proteger nuestro medio ambiente y la seguridad, requiere no sólo de un diálogo intrarregional, sino requiere también de la participación de países que no pertenecen a nuestra región. Los problemas globales requieren de soluciones globales. Fortalecer el multilateralismo no significa solamente mejorar el proceso de toma de decisiones en las Naciones Unidas, o más genéricamente, reformar las organizaciones internacionales para que sean más eficientes. Fortalecer el multilateralismo significa, principalmente, dar legitimidad a la concertación internacional a través de acciones específicas que tengan efectos concretos en beneficio de las personas. Desde esta óptica, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minusta) es un claro ejemplo de cómo la comunidad internacional y los países del Grupo de Río en particular, llevamos nuestras declaraciones al terreno de lo concreto. La labor eficaz de las Naciones Unidas en Haití, fortalece el multilateralismo. En este caso concreto, busca, además, consolidar la democracia en una nación hermana, coadyuvando a la reconstrucción de la economía y de la sociedad en Haití. Por ello, muchos de nosotros participamos directamente con efectivos militares de la Minusta, porque estamos convencidos que cuando se trata de contribuir a la paz, cuando se trata de contribuir a la democracia, no hay contribución pequeña. Todos los esfuerzos son necesarios y tienen un gran valor. Mi país está contribuyendo con un contingente de soldados peruanos a consolidar la paz y a buscar la estabilidad en Haití como un gesto de solidaridad, pequeño, sí, pero gesto concreto. La naturaleza de los problemas que enfrenta Haití nos obliga a pensar en acciones de largo aliento que van más allá del término de la Minusta. Los países del Grupo de Río debemos asumir un compromiso de largo alcance que no se agota con la realización de elecciones libres y transparentes en ese país hermano. Debemos velar porque el ciclo perverso de crisis y restauración democrática se detenga y no se reproduzca. Señores, es nuestra responsabilidad tender una mano solidaria a un hermano de la región: Haití. Por ello el proceso de estabilización de esa nación, requiere de una política regional de largo alcance que siente las bases para el desarrollo con justicia social. Ésta es otra convicción profunda que, creo, todos aquí compartimos. No es posible hablar de democracia cuando hay pobreza. Por ello los países del Grupo, como natural consecuencia de nuestra vocación democrática, hemos decidido incluir en nuestra agenda diversas cuestiones económicas. La pobreza es uno de esos temas y no la podemos olvidar; la tenemos que enfrentar con coraje y acciones concretas, que van más allá de solamente esperar que el chorreo que viene del crecimiento económico tenga un impacto significativo en la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos. El Estado necesita empuñar en sus manos acciones de política de inversión pública que acompaña a la inversión privada. Inversión pública que se refleje en puestos de trabajo productivos dignos, que se refleje en mejores ingresos, que se refleje en la construcción de caminos rurales, de electrificación rural, que se refleje en la construcción de hospitales, de escuelas, que se refleje en poner un rostro humano al manejo responsable de la economía, nos toca tomar decisiones de políticas de Estado sin caer en la tentación del populismo. Amigas y amigos, desde nuestro encuentro en el Cusco, en donde propusimos la necesidad de construir juntos algunos Mecanismos Financieros Innovadores, que nos proporcione mayores grados de libertad económica, para que los Presidentes de América Latina dejemos de ser planilleros y tengamos mayores recursos para hacer inversión pública, desde ese entonces se ha avanzado bastante pero no suficiente. Existe hoy conciencia en el seno del Fondo Monetario Internacional sobre la necesidad de explorar mecanismos que separen la contabilidad del déficit fiscal, que nos permita separar la contabilidad de los gastos corrientes de aquellos de los gastos de inversión. No es posible que los Presidentes se queden atados de manos frente a un reducido margen de inversión pública, porque esto engendra desesperanza. Los efectos positivos del crecimiento económico demoran para sentirse de manera generalizada. Si esperamos quince años más para que por efecto del chorreo se mejore las condiciones de los más pobres, corremos el riesgo de gran inestabilidad, de minar la gobernabilidad democrática en la región. Desde el Cusco a aquí, hemos hecho avances importantes. Se ha sensibilizado sobre la necesidad de buscar Mecanismos Financieros Innovadores que permitan incrementar la inversión pública y que acompañe a la inversión privada que, en último análisis, es el motor del crecimiento económico. Si no hacemos esto, podemos truncar nuestros propios esfuerzos porque el crecimiento sea sostenido. Queremos una región con altas expectativas sociales contenidas. Si no lo desembalsamos podemos generar inestabilidad que ahuyenta la inversión privada. Amigas y amigos, sé que en esta Cumbre también, vamos a conocer el informe del Parlamento Latinoamericano sobre el desarrollo y la consolidación de instancias de cooperación permanente entre los partidos políticos y las organizaciones políticas. Ha llegado el momento de hacer esfuerzos claros, juntos, por recuperar la fe en la democracia. Ha llegado el momento por devolver a los ciudadanos latinoamericanos la esperanza de que estamos caminado hacia un futuro mejor. Si no atendemos las expectativas sociales, si no enfrentamos con coraje el tema de la corrupción, va a ser difícil que los ciudadanos vuelvan a creer en sus líderes. La combinación de incrementos en la inversión pública, con decisiones de Estado para enfrentar la corrupción, puede ser una combinación que nos permita recuperar la fe, la esperanza en nuestro futuro. Amigas y amigos, ayer, hace dos días estuve en la frontera con Ecuador y vi a unas señoras caminando, jalando un balde con agua, agua contaminada por cierto, pero no tenían otra cosa más. Descalzos, con un balde con agua caminando cerca de un kilómetro, me hacía recordar el rostro de la pobreza y ésa la conozco yo. Amigo don Lula, permítame volver a felicitarlo por la iniciativa que usted tuvo en las Naciones Unidas de convocar a los líderes del mundo para enfrentar el tema del hambre, juntos, con firmeza, con cooperación internacional, con multilateralismo, pero también con acciones concretas de poner un rostro humano a la globalización y hacer que el crecimiento económico de nuestros pueblos se sienta en los bolsillos del ciudadano común y corriente de a pie. Fue una gran ocasión. Reitero mis felicitaciones. Amigas y amigos, temas nuevos han sido planteados, pero siempre dentro de una agenda permanente. ¿Cuál es la agenda? El multilateralismo y la cooperación internacional para luchar contra la pobreza y consolidar la democracia. No desmayemos en este esfuerzo iniciado hace dieciocho años. Que este retorno a las fuentes aquí, en este Río de Janeiro, que la hospitalidad de este hermano pueblo de Brasil, y su siempre lúcida conducción de los debates, señor Presidente, nos permita consolidar las metas que nos hemos trazado. No sólo aquéllas que hemos trazado en el Acuerdo del Milenio, sino el acuerdo que nos hemos trazado para devolver la fe y la esperanza a las mujeres y hombres de América Latina. Señor Presidente, muchas gracias por recibirnos en su país, gracias por su generosidad, que Dios bendiga a los líderes de América Latina, que nos proporcione la fuerza para tomar decisiones concretas que nos permita cambiar el rostro social de nuestra región. Muchísimas gracias". .:. subir
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