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EDITORIAL
Apolaridad
Potencias sin poder
Oswaldo de Rivero
Lo novedoso, a comienzos del siglo XXI es que ni una superpotencia
como los Estados Unidos, ni grandes potencias regionales como la
Unión Europea, Rusia o China, tienen hoy suficiente poder
para organizar el mundo. Hoy los grandes arsenales nucleares que
tienen los Estados Unidos y Rusia y los medianos que tienen, Gran
Bretaña, Francia y China han perdido su sentido estratégico
ya que las actuales turbulencias sociopolíticas globales
no se resuelven con disuasión nuclear. Peor aún, tampoco
existe entre ellas un interés por lograr una visión
estratégica común para crear un nuevo orden mundial
como lo hicieron las grandes potencias en Viena en 1815 y en Yalta
en 1945. El resultado es hoy un mundo plagado de pobreza, conflictos,
terrorismo y proliferación nuclear.
Hoy tenemos conflictos desde los Balcanes hasta el Centro de Asia,
pasando por el Cáucaso y el Golfo Pérsico. Esta última
región, nada menos que la principal abastecedora de energía
del mundo, se desestabiliza con el conflicto en Irak y el descontento
creciente en Arabia Saudita. Además, todos estos conflictos,
que envuelven poblaciones musulmanas, se conectan y se inflaman
con el conflicto Israeli-palestino que esta, cada vez más,
mas lejos de resolverse. En Africa, se disemina hambruna, violencia,
guerra civil, las violaciones masivas de derechos humanos y genocidios;
mientras que en América Latina, la pobreza no se reduce,
colapsa Haití, el conflicto civil colombiano no se abate
y surgen reivindicaciones sociales y étnicas en los países
andinos. Finalmente, el terrorismo se globaliza, golpea países
del Asia, del Medio Oriente, del Cáucaso, España y
Rusia, al mismo tiempo que la proliferación de armas nucleares
son un hecho en India, Pakistán, Corea del Norte y probablemente
Irán.
Frente a un mundo cada vez más caótico y violento,
sólo la superpotencia norteamericana con sus siete flotas
y decenas de bases militares y aéreas por todo el mundo podría
poner orden. Sin embargo, la experiencia reciente ha probado que,
a pesar de ello, no tiene suficiente poder para crear una Pax Americana.
En efecto, los insanos actos terroristas del 11 de setiembre del
2001 contra Nueva York y Washington han vuelto a los Estados Unidos
vulnerables a ataques terroristas que son difíciles de disuadir
y punir, ya que las entidades terroristas no tienen territorio,
ni comando supremo, están compuestas por células inconexas
y además dispersas clandestinamente por todo el globo.
La victoria militar de los Estados Unidos sobre los harapientos
y fanáticos Talibanes y las mal equipadas fuerzas armadas
de Saddam Hussein, logró derribar los regímenes odiosos
de Kabul y Bagdad; pero esta obvia victoria militar no ha resuelto
el problema de la amenaza terrorista en el territorio norteamericano.
En la llamada “guerra contra el terrorismo” es más
fácil derrocar regímenes tiránicos que dar
seguridad a los ciudadanos de Nueva York o los Angeles contra futuros
atentados terroristas. Asimismo, esta pretendida victoria militar
tampoco esta permitiendo que Afganistán e Irak estén,
ni por asomo, en vías de convertirse en democracias aliadas
de los Estados Unidos. Afganistán es un hoy un Narco-Estado,
dominado por señores de la guerra e Irak, no es otra cosa,
que un Entidad Caótica Ingobernable. El poder militar de
Estados Unidos parece que otorga victorias sin triunfos.
Niall Ferguson, uno de los mas ilustres historiadores británicos,
profesor de la Universidad de Nueva York, en su reciente y famoso
libro “Colossus” afirma con ironía anglosajona,
que los Estados Unidos carecen lamentablemente de “Imperial
Governance”, cosa que sí tenía el Imperio Británico.
Ferguson considera que el coloso norteamericano tiene tres déficits
estructurales imperiales. El primer déficit es su dependencia
del capital extranjero para financiar su sociedad de excesivo consumo
y que se refleja hoy en una colosal deuda externa y en mega-déficit
fiscal que ha hecho perder la confianza en el dólar. El segundo
déficit imperial se debe a que las fuerzas armadas norteamericanas
formadas por voluntarios, luego de las intervenciones en Afganistán
e Irak, están sobre extendidas y no encuentran reemplazos
suficientes. Finalmente, el tercer déficit imperial es cultural,
y consiste en la poca resistencia de la sociedad norteamericana
a intervenciones militares largas y costosas en vidas.
También, otros destacados profesores como Paul Kennedy,
Joseph Nye, consideran que el poder militar de los Estados Unidos
no es eficaz para hacer frente a los desafíos del siglo XXI.
Según ellos, no se puede hacer frente al terrorismo, al narcotráfico,
al tráfico de personas, de armas, a los graves problemas
ambientales, a la enorme pobreza mundial y al gran movimiento migratorio
clandestino planetario con portaviones, mísiles crucero,
bombas láser y marines. Asimismo, profesor Samuel Huntington,
afirma que hoy la situación del mundo es demasiado complicada
para ser controlada por los Estados Unidos como un Sheriff solitario.
El unilateralismo norteamericano no es así una política
realista y su rol de imperio que impone la democracia, no sino una
ilusión geopolítica.
Hoy, los Estados Unidos y todas las potencias occidentales democráticas,
que son las únicas que tendrian capacidad para poner orden
en el mundo, tienen enormes problemas para intervenir militarmente,
no por falta de ambición política, sino como consecuencia
de un problema de civilización. Sus sociedades de consumo
fundadas en la gratificación material instantánea
no aceptan sacrificios para enmendar entuertos en regiones pobres
y alejadas. A los políticos de las grandes potencias democraticas
les es casi imposible vender la idea de que es necesario participar
en las "intervenciones humanitarias" de Naciones Unidas.
Su electorado no está dispuesto a sacrificar la vida de sus
hijos y pagar más impuestos para establecer un nuevo orden
mundial. La sola idea de ver a sus soldados regresar en bolsas de
plástico aterra a sus Gobiernos, por el castigo que podría
tener ello más tarde en las urnas. Como resultado de esta
situación, los gobiernos de las grandes potencias occidentales,
incluyendo los Estados Unidos, han adoptado como norma, “intervenciones
militares cero bajas." En consecuencia, son extremadamente
prudentes en embarcarse en las pacificaciones humanitarias de las
Naciones Unidas, razón por la cual éstas se están
haciendo ahora con tropas de países subdesarrollados mal
equipadas.
Hoy las potencias más capaces para poner orden no funcionan
y consecuentemente, tampoco funcionan las operaciones de paz de
las Naciones Unidas. La respuesta de los Estados Unidos y de las
grandes potencias occidentales, ante las violaciones masivas de
los derechos humanos, es siempre una combinación de indignación
con extrema prudencia que disfraza su falta de poder para intervenir.
Esta es la causa principal de la disfunción de las Naciones
Unidas, que se ignora o se quiere ignorar, criticándose a
la Organización como si ésta fuera, en sí misma,
una gran potencia mundial y no el reflejo de las políticas
de potencias sin poder. El más reciente ejemplo de este déficit
de poder mundial es la inacción del Consejo de Seguridad
frente al genocidio a fuego lento de Dorfur.
Hoy, si se quiere tener una visión realista del poder mundial,
el concepto de la unipolaridad merece ser revisado. Desde el colapso
de la Unión Soviética, se ha difundido una imagen,
más periodística que real de unos Estados Unidos,
omnipotentes, imperiales. En la realidad no ha habido ni omnipotencia
ni Imperio, sólo un corto período de unipolaridad
que termino con Irak y cuando los Estados Unidos volvieron al Consejo
de Seguridad pidiendo apoyo multilateral para aliviar el infierno
creado por su ocupación. Más bien, lo que ha existido
ha sido incapacidad imperial para gobernar Afganistán e Irak,
y con ello una erosión del poder estratégico global
norteamericano debido a la sobre extensión de sus fuerzas
armadas voluntarias que no reclutan como antes y al aumento peligroso
de su mega déficit fiscal que ha hecho que el dólar
se devalúe notablemente. Estos hechos prueban hoy los límites
del poder unilateral norteamericano. Con mucha razón, el
famoso especialista en seguridad internacional Z. Brzezinski ha
dicho: “No confundamos preponderancia con omnipotencia.”
El poder en el mundo no es hoy unipolar. Los Estados Unidos sigue
siendo una superpotencia pero no es un Imperio y su acción
unilateral tiene serios limites, no puede actuar como un Sheriff
solitario. Este hecho, tampoco debe llevarnos a pasar de una utopía
unipolar a una utopía multipolar porque, Francia, Alemania,
Japón, Rusia, China o la India no pueden ejercer un balance
multipolar de poder frente a la superpotencia norteamericana. Hoy
en vez de unipolaridad o multipolaridad lo que hay es un gran déficit
de poder mundial, las grandes potencias brillan por su impotencia
frente a un mundo caótico y fragmentado por la pobreza, las
guerras civiles, el terrorismo, la proliferación nuclear
y el tráfico de drogas, personas y armas.
Este déficit de poder mundial nos estaría llevando
hacia un era geopolítica nueva, donde en vez de unipolaridad
o de multipolaridad, lo que comienza lentamente a emerger es una
suerte de apolaridad. Un mundo sin Sheriff ni balance multipolar
de poder, donde surgen cada vez más poderosos actores no
estatales, enormes conglomerados de empresas transnacionales que
dominan casi todas las actividades globales y también poderosas
organizaciones ciudadanas planetarias que defienden la ecología,
la libertad, la dignidad y la unidad de la especie humana. Todo
parece indicar que estamos tal vez entrando a un mundo donde la
humanidad comenzará acostumbrarse a vivir sin Hegemones y
más allá del Estado Nación.
Oswaldo de Rivero
Nueva York noviembre del 2004
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