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EDITORIAL
América Latina: La Inversión Extranjera
En un año en que la región crece al 5.5%, las exportaciones
antes que la inversión sostienen la perfomance económica
latinoamericana. La vulnerabilidad principal de este tipo de crecimiento
es la excesiva dependencia de la demanda externa, que tenderá
a contraerse, y una baja tasa de acumulación de capital con
implicancias en una menor recolocación en el mercado.
A pesar de que la inversión ha crecido 11% este año,
ésta no alcanza el 19% del PBI regional. Según la
CEPAL, estos niveles no llegan siquiera a los reportados en los
años 90. El problema en este rubro no es sólo nacional
sino internacional.
En efecto, aunque la inversión extranjera directa se ha
recuperado en América Latina registrando 2.1% del PBI este
año (el 2003 apenas llegó a 1.5%), la referencia reciente
es el bajo pico de 4% alcanzado en 1999. Su concurso, por tanto,
es relativamente escaso especialmente si se le sigue considerando
como la “fuente principal de financiamiento externo”
con un aporte que bordea los US$ 40 mil millones. Más aún
cuando éste es similar a las remesas de trabajadores en el
exterior que crecieron 16.8% en un contexto de salidas de capitales
de cerca de 4.3% del PBI.
La preocupación en torno a esta mala perfomance aumenta
conforme el aporte de la inversión en los últimos
5 años baja a pesar de los esfuerzos de los agentes del mercado
por promoverla, de las políticas públicas por estimularla,
de un trato tributario eventualmente excepcional (los contratos
de estabilidad tributaria en el Perú) y del decrecimiento
del riesgo país.
La CEPAL explica el fenómeno por el caída de las
tasas de interés. Pero ésta es insuficiente. En efecto,
unos intereses bajos tienden a favorecer el crédito –el
que, a su vez, contribuye a incrementar la inversión-. La
CEPAL, en consecuencia, quizás oriente su explicación
al impacto de los bajos intereses en el escaso ahorro y en el magro
poder de atracción de capitales derivado de esas tasas. Pero
tampoco ello explica el desvío de los flujos a otros destinos
donde las tasas también son bajas.
En consecuencia, el punto quizás no sea ése sino
el extraordinario desvío de flujos que normalmente alimentarían
las economías reales de los denominados mercados emergentes
hacia los grandes mercados de capitales (el bursátil y el
de bonos de los países desarrollados, especialmente el norteamericano)
y el rol que juegan las expectativas de las multinacionales en otros
mercados regionales.
En tanto esta última razón no es recogida por la
CEPAL, ella no da cuenta de la relación que existe entre
el descenso de los flujos hacia América Latina y el simultáneo
incremento de los que concurren al Asia y a otras regiones en desarrollo.
Esta relación es aún más relevante en tanto
que, si bien es cierto que en el 2003 la inversión directa
global cayó a US$ 560 mil millones (UNCTAD), ello se debió
principalmente al descenso de 25% ocurrido entre los países
desarrollados (el total ascendió a US$ 367 mil millones).
En cambio, los flujos orientados a los países en desarrollo
reportaron incrementos de 9% (para un total de US$ 172 mil millones)
aún antes de avisorarse el fuerte crecimiento del 2004.
Sin embargo, a diferencia del Asia (y también del África),
la inversión hacia América Latina cayó a US$
49 mil millones en el período (el 2003). A pesar de la crisis
global que se disparó en Tailandia en 1997, las expectativas
y la confianza del inversionista extranjero se han concentrado nuevamente
en el mercado transpacífico donde, desde el 2000, la inversión
ha crecido de manera constante.
Desde esa fecha la inversión extranjera en el Asia ha superado
a la que registra América Latina en el mismo período
en alrededor de US$ 170 mil millones. Esta diferencia no marca una
tendencia en el comportamiento de la inversión: corresponde
más bien a la estructura de la misma y al patrón de
acumulación asiático.
Sin embargo, según la UNCTAD, la preferencia por el Asia
se debería más bien al fuerte y sostenido crecimiento
de esa región, al buen clima para la inversión en
la zona y al importante nivel de integración. Lamentablemente
esa explicación no reporta que la perfomance asiática
reciente produjo la mayor crisis financiera de la post- Guerra Fría
(la de 1997), que los niveles de conflictividad y de inseguridad
en esa región son muy superiores a los de América
Latina y que la integración regional allá es más
informal que la formal existente en nuestro continente. Por lo demás,
si existe un modelo económico asiático, éste
se caracteriza por una mayor presencia del Estado, menor transparencia
empresarial y mayores niveles de corrupción, para referirnos
sólo a alguna de las caracterísiticas del mercado
transpacífico que no debieran ser, en teoría, promotoras
de inversión.
De otro lado, la UNCTAD explica el pobre concurso de la inversión
extranjera en América Latina por la desaceleración
de las privatizaciones, la debilidad del crecimiento en la principal
fuente (la Unión Europea) y los problemas de perfomace y
confianza generados por la crisis argentina y el descenso de la
actividad maquiladora en México. Sin restar méritos
a estos argumentos diremos que éstos sólo son circunstanciales.
En efecto, la naturaleza de las privatizaciones consiste en que
éstas se producen una sola vez y por tanto no debieran generar,
per se, expectativas de nueva inversión futura. Por lo demás,
precisamente porque la crisis argentina está siendo superada
y la actividad maquiladora mexicana está siendo reconvertida,
el crecimiento en esos países ha contribuido fuertemente
al crecimiento regional el 2004.
Y si se quisiera alegar un rebrote nacionalismo que afecta la
inversión –como el que existe en Bolivia-, puede decirse
que éste no suele inhibir el ímpetu de las multinacionales
que incorporan altos niveles de riesgo en su gestión (como
ocurre en las industrias del petróleo y el gas). Así
lo prueba la fuerte presencia de empresas extranjeras en la industria
petrolera venezolana que no se se han espantado por la arremetida
nacionalista de ese gobierno.
La explicación no reside allí y la UNCTAD lo reconoce
indirectamente: mientras los sectores que atraen mayor inversión
extranjera son los servicios sofisticados, nuestra región
sigue congregando financiamiento en torno a la explotación
de recursos naturales. En efecto, según la UNCTAD, mientras
hacia el 2002 la proporción de la inversión dirigida
al sector terciario (60%) siguió creciendo, la orientada
a los sectores secundario (34%) y primario (6%) siguió bajando.
Estas proporciones determinan la composición estructural
de la inversión extranjera y, lamentablemente, muchos países
latinoamericanos, no se han acomodado a ella ni a los requermientos
de competitividad que ésta exige.
Pero existe, además, otra razón estructural que
explica la poca presencia de la inversión extranjera en la
región. Por razones de seguridad y de estabilidad en el Asia
que se remontan a la Guerra Fría, la reforma económica
ha sido allá gradual y se han tolerado modelos con mayor
presencia del Estado. He allí una conducta discriminatoria
en el ámbito de las prevaleciente normatividad liberal. La
violentación de ese consenso sin embargo, sigue siendo premiada
en el Asia por la inversión extranjera. Más aún
cuando ésta obtiene rentabilidades que se explican, en casos
como el chino, por un mercado amplio con muy bajos estándares
laborales. Como es evidente, la inversión recompensa menos
el esfuerzo político (el del reformismo latinoamericano)
que el resultado económico y de seguridad.
De otro lado, los gobiernos latinoamericanos no pueden resignarse
a que las menores tasas de inversión extranjera sean subestimadas
por el efecto compensatorio de las remesas de nacionales en el exterior
(que ciertamente son importantes). Si los esfuerzos por atraer inversión
extranjera son insuficientes para las multinacionales, éstos
podrían ser suplementados con políticas de estímulo
de repatriación de capitales. Éstos que según
algunas fuentes (Openheimer) bordean los US$ 350 mil millones han
salido en procura de la mayor rentabilidad de los mercados financieros
de los países desarrollados, en búsqueda de refugio
frente a la inseguridad local o por otras razones.
Los gobiernos y los agentes privados de la región deben
estimular su retorno orientándolo preferente al sector secundario
y terciario teniendo en cuenta que el crecimiento sólo por
exportaciones con una inversión de apenas 19% del PBI no
es sostenible en el largo plazo.
Fuentes: CEPAL, UNCTAD
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