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EDITORIAL
Irracionalidad económica y petróleo
A pesar de todos sus problemas, el sector privado encuestado por
el Banco Central de Reserva considera que el Perú crecerá
este año 4.3%. La expectativa es consistente con el fuerte
crecimiento global (5% en el 2004) y, por lo tanto, cautelosamente
optimista.
En tanto ese crecimiento está fuertemente determinado por
el vigoroso incremento de las exportaciones, la medida del optimismo
depende de la perfomance de nuestros principales mercados y, por
lo tanto, de sus vulnerabilidades. Aunque el crecimiento norteamericano
y chino ha comenzado a desacelerarse (se espera para el 2005 un
crecimiento de 2.9% y 7.5%, respectivamente), el vigor de esos mercados
tiende a mantenerse.
Paralelamente, sin embargo, las vulnerabilidades de esas economías
pesan cada vez más en la balanza de riesgos. Entre ellas,
además de los problemas derivados de los inmensos déficits
fiscal y comercial norteamericano, está el escandaloso incremento
de los precios del petróleo. Aunque no sea éste el
único factor de riesgo, sí tiene la capacidad de reducir
el crecimiento global en 1% de mantenerse la escalada de precios,
que, a US$ 54, ha batido ya cinco récords consecutivos. Es
más, según algunos economistas, el incremento puede
producir una recesión global si llega a US$ 70-US$ 80 acompañado
de la progresión incremental de las tasas de interés
norteamericanas.
A estos precios, nuestros principales mercados se contaerían
inhibiendo nuestras exportaciones y debilitando el precio de minerales
y otros commodities. Por lo demás, la contracción
quebraría el efecto de arrastre de los altos precios del
petróleo sobre otras exportaciones tradicionales. Como es
evidente, este efecto se multiplicaría en economía
que son importadoras netas de petróleo.
Tal es el caso de la nuestra. Si bien Camisea ha mejora enormemente
nuestra balanza energética, el Perú importa alrededor
de 70 mil barriles de petróleo diarios en tanto nuestro consumo
(163 mil barriles) es superior a nuestra producción (95 mil
barriles) (EIA). En consecuencia, si el precio del petróleo
es un determinante de nuestro buen desempeño económico,
también lo es la seguridad de la fuente de aprovisionamiento.
En relación al precio, es poco lo que el Estado puede hacer
más allá de establecer un fondo estabilizador (cuyo
reglamento acaba de publicarse). Sus bandas, sin embargo, deberán
moverse si el precio internacional sube extraordinariamente. Y,
lamentablemente, éste continúa siendo determinado
por una combinación de fuerzas irracionales y de factores
exógenos al libre juego de la oferta y la demanda.
En efecto, si la magnitud y el ritmo del alza se sigue atribuyendo
a factores “tradicionales” (un exceso de demanda) y
“no tradicionales” (problemas políticos y desastres
naturales que afectan a la oferta), algo anda mal con este diagnósitico.
Como es evidente, la demanda norteamericana (que explica una cuarta
parta del consumo global) y la china (que responde sólo por
el 6% del mismo) es una variable asumida por el mercado desde principios
de año. Si Estados Unidos crece al 5% y China al 9% de manera
más o menos previsible, ello no explica un incremento del
precio de más de 60% en 10 meses. Y menos cuando el impulso
traumático (la invasión de Irak), sólo trepó
el precio hasta US$ 30-35 superando razonablemente la banda de US22-US$28
establecida por la OPEP. Al respecto debe recordarse que durante
la primera Guerra del Golfo (1991), que afectó la producción
de Irak y Kuwait de manera sustancialmente superior, el precio no
subió de US$ 40. Aunque la inestabilidad iraquí continúe
siendo un problema, lo es considerablemente menor al momento culminante
de la guerra del 2003.
Por lo demás, si Rusia es un principal abastecedor, los
problemas de la empresa Yukos sólo explican el 2% del mercado
global y, por tanto, sólo pueden afectarlo en la proporción
al margen de incertidumbre. De otro lado, el decrecimiento del oferta
del Golfo de México (un tercio menor de lo normal debido
al efecto del huracán Iván), debe ser leido por los
agentes racionales del mercado como un problema transitorio. Como
transitoria es la huelga de cuatro días del principal proveedor
subsahariano –Nigeria-. Si el agregado de estos problemas
es mayor a la suma de sus partes, éste sigue sin explicar
el extraordinario monto del incremento del precio.
Para hallar esa explicación, es necesario aludir a la poco
reportada interacción entre laxas expectativas del mercado
con una extraordinariamente actividad especulativa. En el primer
caso, los medios dan cuenta de que el precio actual (US$54) sigue
siendo menor, en términos reales (descontando la inflación)
a los precios de la escalada de 1980. Aunque el argumento es cuestionable,
al reiterarlo los agentes del mercado asumen que aún tienen
margen de incremento si se trata de comparar dos momentos críticos.
De otro lado, organismos internacionales ya ha dado cuenta al Japón
de que la especulación pura responde por alrededor de US$
15 por barril a un precio de US$ 50. La complementación de
estos dos factores irracionales “empujan” el precio
que beneficia a productores nacionales, exportadores y refinadores
multinacionales y a operadores de los mercados de Nueva York y Londres.
Y a esa ola desean subirse también algunos productores vecinos.
Éste el caso del presidente venezolano, el señor
Chávez, que considera que el preciodel barril debe ir a US$
100 sin importar que la OPEP ya se ha pronunciado por criterios
de moderación. Y, desafortunadamente, Venezuela, después
de Ecuador, es una de nuestros principales abastecedores energéticos
El Perú puede no tener influencia en un mercado como el
petrolero. Pero sí está en la obligación de
tomar medidas concretas con interlocutores que, como el señor
Chávez, combina lo peor del la amenaza especulativa y de
expectativas irracionales que afectan seriamente la economía
nacional.
El Editor (ADC) |