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EDITORIAL
Política externa, interna y marítima
La relación mutuamente influyente entre política
exterior e interna es una realidad cotidiana pero su práctica
es circunstancial. El ejercicio de esa práctica suele ser
crítico cuando el interés nacional involucrado es
primario y la política exterior se entiende como una función
de la interna borrando todo límite entre una y otra.
Para demostrar el punto, allí está la interrelación
entre la dinámica electoral norteamericana y la guerra en
Irak o la dramatización externa del reclamo mediterráneo
boliviano como resultado de la renuncia forzada del presidente Sánchez
de Lozada. Si en el Perú el avance en el intento de solución
de la controversia marítima con Chile no obedece a esos parámetros,
sí se da en un marco de debilidad interna y la oportunidad
elegida está marcada por la crisis de la relación
chileno-boliviana absorbiendo esa influencia, lo que contribuye
a determinar la respuesta del vecino.
Sin embargo, una vez expuesto el interés nacional sólo
queda defenderlo colectivamente con la mayor responsabilidad. Y
ésta pasa por fortalecer la posición jurídica
peruana adhiriendo a la ley universal que rige la materia –la
Convención del Mar-, procediendo prudentemente a restabler
un equilibrio estratégico cooperativo en el Pacífico
sur suramericano e intensificando la interdependencia en términos
mutuamente beneficiosos para las partes.
Si el segundo requerimiento depende del Ejecutivo y el tercero
de la eficiente complementariedad de los sectores público
y privado, el primero depende del Congreso. Sin embargo, si la Comisión
de Relaciones Exteriores del Legislativo ya tiene listo un dictamen
“favorable” a la adhesión pero cuya realización
dependerá de un referendum, la Comisión puede estar
cumpliendo con la ley pero no con sus responsabilidades.
Si la Comisión opina a favor de la adhesión a la
Convención debe proceder a la modificación constitucional
necesaria en dos legislaturas. Si opta, como desea, por delegar
su responsabilidad a una consulta nacional estará promoviendo
un debate pasional entre los defensores de una anacrónica
soberanía absoluta que piensan que el Perú debe ser
el único país en el mundo ostentador de un mar territorial
de 200 millas y los que sostienen que la soberanía y jursdicción
en el mar peruano, siendo relativa y modal en ese espacio, se ejerce
sobre todos los recursos pero sobre un menor territorio según
lo reconoce la Convención y la voluntad económica
expresada en 1947.
En circunstancias de inestabilidad interna y en un contexto vecinal
que ya ha probado que la política exterior puede ser secuestrada
por la interna, la apelación al referendum es una invitación
a que sectores irracionales aprovechen la buena fe de los sensatos
y la carga nacionalista de la materia para impulsar su propio protagonismo
inflexibilizando la posición peruana e impidiendo, en consecuencuencia,
el fortalecimiento de la posición jurídica nacional
en el tema delimitatorio. El Congreso, y, por ende, los partidos
políticos, tienen acá una responsabilidad inescapable
si no desean deteriorar más la democracia representativa
ni distorsionar adicionalmente los fundamentos de nuestra política
exterior confundiéndola con la interna.
El Editor (ADC) |