| Un nuevo primer paso hacia el desarrollo
Camisea es el primer gran proyecto de inversión en hidrocarburos
que el Perú concreta en décadas. La conclusión
de la primera etapa contribuirá a generar bienestar en la
población, a incrementar la competitividad del país
y a reubicarlo estratégicamente como fuente exportadora de
recursos energéticos. El desafío al respecto es lograr
que el recurso, a lo largo de toda la cadena productiva, se convierte
en activo promotor de desarrollo nacional.
Extraído el gas de los pozos del sur, separado éste
de los líquidos en la planta de Malvinas y transportado a
Lima y Pisco, el recurso empezará a generar bienestar en
el consumidor principalmente capitalino y divisas para el país
a través de la futura exportación de los líquidos
desde el puerto iqueño. El impacto de cerca de 1% en el PBI
se deriva de la rebaja de tarifas en el uso doméstico (cuya
infraestructura de distribución y mercado aún debe
desarrollarse) e industrial de la energía. La exportación,
que depende de la siguiente etapa del proyecto, debiera contribuir
al PBI con otro punto porcentual.
La rebaja de las tarifas para el consumo doméstico implicará
el incremento proporcional del ingreso disponible de la población
y éste, el incremento del ahorro o del consumo en otros sectores.
Cuando el mercado esté bien desarrollado un aumento significativo
del bienestar colectivo debiera ser percibido. El mejor estándar
de vida derivado del eventual cambio de los patrones de consumo,
sin embargo, no se traducirá en desarrollo mientras la nueva
energía no genere nueva industria y ésta, nuevo empleo.
He allí el gran reto que el nuevo recurso plantea al sector
privado. Una vez lograda la inversión por el proveedor, la
calidad del progreso generado dependerá del adecuado equilibrio
entre un mayor y mejor consumo doméstico e industrial de
energía y nueva inversión acorde con las posibilidades
que el gas abre. Si ese equilibrio se orienta hacia el primer efecto,
el ciudadano habrá ganado en solvencia pero el país
no habrá aprovechado la oportunidad de innovar productivamente.
En pleno siglo XXI ésta sería un resultado parecido
a las épocas de la bonanza del guano y del caucho. Aunque
mejor distribuido, el bienestar provendría de una nueva forma
de rentismo.
En cambio, si el sector empresarial logra aprovechar el recurso
en la generación de nuevas fuentes de producción,
la matriz económica del país habrá logrado
evolucionar hacia un mejor desarrollo y una mayor competitividad.
De la multiplicación y reorientación de la inversión
y la consecuente disposición del empresario a tomar riesgos
depende que este resultado se realice en el largo plazo.
El mismo desafío se plantea para la exportación
del gas y sus derivados. Esa actividad, que complementará
la menor propensión a importar energía, ayudará
a que el país sanee una balanza energética hoy deficitaria.
El resultado consecuente ayudará al ingreso fiscal que podrá
revertir en el alivio del gasto o en el incremento de la inversión
pública. Pero mucho más interesante será el
resultado que pueda provenir de la generación de la industria
petroquímica que pueda desarrollarse y del efecto multiplicador
de la misma. Sin ella, el Estado ciertamente se beneficiará
pero apoyado en el rentismo cuyo efecto nocivo para el progreso
y el desarrollo ya hemos padecido.
Camisea también abre para el país una posibilidad
de reinserción estratégica en el hemisferio. Esa posibilidad
se deriva de la consolidación de la subregión andina
como unidad que concentra la mayor fuente de hidrocarburos en esta
parte del mundo. La explotación de esa ventaja dependerá
en mucho de la forma cómo los países productores articulen
su potencial. En la dimensión bilateral, la dimensión
estratégica de Camisea dependerá de la posibilidad
efectiva de asociación con otros exportadores (como Bolivia)
cuyas ambigüedades en la materia siguen siendo altas (p.e.,
las empresas afincadas en el oriente boliviano se niegan a optar
por puertos peruanos para la exportación del gas tarijeño).
Y, en la dimensión nacional, la reinserción estratégica
del Perú dependerá adicionalmente de la capacidad
de explotar los pozos adyacentes en el sur y de la mayor inversión
en otras zonas que el éxito del proyecto deberá atraer
(Camisea representa hoy apenas la quinta parte del potencial boliviano).
En ausencia de una empresa estatal grande, el esfuerzo promocional
del sector público deberá multiplicarse.
En la perspectiva del desarrollo Camisea es sólo el inicio
de una actividad empresarial que debiera contribuir al desarrollo
a través de la inversión y subordinar la tentación
del rentismo y el privilegio exclusivo del consumo.
El Editor (ADC) |